QUEMAR LAS RAICES
La generación del hombre absurdo sin identidad, al que le da igual que le quiten todo lo que no sabe que tiene, como es la patria, empieza separándole de su tierra, sentado en un sillón esperando que le lleguen tomates de Marruecos sin sentir gratitud por el agricultor o ganadero de Ávila.
Ese ser absurdo sin identidad por su tierra al que no le importa que haya placas o almacenes de datos de lobbies y grandes corporaciones transnacionales arrasando la tierra por la que lucharon quienes nos precedieron y gracias a la que hoy estamos aquí.
Un diseño donde las máquinas son dueñas de nuestra tierra. El globalismo climático no es más que un sistema de extracción de recursos y bienes de la clase media trabajadora a cuenta de unos pocos en la élite burocrática financiera que se están forrando con nuestra desgracia.
Esa vinculación con el suelo, esa virtud de la gratitud que genera el patriotismo requiere que la tierra nos dé de comer, que sea rentable.
Hace décadas que se subvenciona al agricultor para que no coseche, al ganadero para que sacrifique sus vacas. España empieza a depender de países terceros y tercermundistas para llevar pan y leche al hogar. Nosotros que fuimos la huerta de Europa importamos ahora tomates de Marruecos y compramos el 35% de la leche fuera.
(Irene González/VozPopuli/30/7/2026.)
No hay comentarios:
Publicar un comentario