Un pucherazo moderno no necesita que nadie rellene una urna a escondidas. Se prepara mucho antes de que se abran los colegios.
Basta con controlar las dos llaves del sistema: quién tiene derecho a votar y cómo se acredita que quien vota es realmente ese elector.
La primera llave es el censo. La segunda, la identidad. Ambas cuelgan hoy del mismo llavero: el de las cocinas de Moncloa, con Pedro Sánchez al mando del fogón donde se guisa el puchero electoral.
Este es el doble pucherazo: primero se ensancha irregularmente el cuerpo electoral incorporándolo a circunscripciones clave y se pierde la trazabilidad de las altas;
después se utiliza la identificación digital que ningún país europeo admite porque introduce vulnerabilidades en el sistema, incluso con QR.
(Isabel Durán/ElDebate/3/11/2026.)

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