Mostrando entradas con la etiqueta SINDICATOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta SINDICATOS. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de febrero de 2012

SINDICATOS






 






PARASITISMO Y MATONISMO SINDICAL.

Conscientes de que buena parte de la población los considera corresponsables de que el desempleo haya superado en España los cinco millones de parados, los líderes sindicales no se deciden a convocar una huelga general en protesta por la reforma laboral aprobada por el Gobierno por el temor a que resulte un sonado fracaso de convocatoria. 

Muchos de ellos no dejan, sin embargo, de recurrir a la amenaza y al insulto, como es el caso del secretario general de UGT-Madrid, José Ricardo Martínez, quien ha vuelto este martes a recurrir al improperio y a la coacción contra todos aquellos que no comulgan con sus postulados. Martínez no sólo se ha permitido insultar a Aguirre, llamándola "reliquia cañí del tardofranquismo", sino que también la ha amenazado con una huelga general reducida a la Comunidad madrileña. Eso, por no reproducir las groseras palabras que también ha dedicado a los medios de comunicación que apoyamos la reforma.

Resulta, en cualquier caso, sintomático que los sindicatos se ceben contra Esperanza Aguirre, quien preside la Comunidad que mejor ha resistido y resiste el azote del desempleo. Pero ¿qué se puede esperar de este dirigente sindical que, por ejemplo, se opone a que los trabajadores puedan elegir gratuitamente a qué centro escolar envían a sus hijos mientras él lleva a los suyos a un colegio privado? 

¿Qué racionalidad cabe esperar de quien, como un matón de barrio, durante la pasada huelga general amenazó a todos aquellos trabajadores que se atrevieron a enfrentarse a los piquetes coactivos y agresivos diciéndoles que "los tenemos localizados y vamos a intentar que conozcan el desempleo"?

Aun sin emplear el tono amenazante y grosero de Martínez, las declaraciones de Cándido Méndez tampoco dejan de resultar lamentables. Así, el máximo dirigente de UGT ha tenido la desfachatez de afirmar que, con la nueva reforma laboral, el "gobierno se desentiende del paro", al tiempo que ha acusado al Ejecutivo de haber entregado a los empresarios un "garrote".

Para empezar, aquí los únicos que emplean el "garrote" son los violentos piquetes que, con la condescendencia de los mandamases sindicales, amedrantan y coaccionan violentamente a los trabajadores que no quieren secundar sus huelgas. Así mismo, si actualmente queda una reliquia del franquismo es precisamente este anacrónico, coactivo y fascistoide modelo sindical que UGT y CC OO representan

Y, desde luego, si hay alguien que se ha desentendido del desempleo mientras percibían multimillonarias subvenciones han sido precisamente los sindicatos. Y es que, tal y como reflejaba, una reciente encuesta, nada menos que el 83,2 por ciento de los parados cree que los sindicatos no se han preocupado ni se preocupan de ellos.

A diferencia de los parásitos, los sindicatos no se limitan a vivir a costa de sus hospedadores, sino que usurpan su representación e incluso se permiten amenazarlos si no se pliegan a sus consignas. ¿Quién es el señor Cándido Méndez Martínez para prohibir a un desempleado que acepte un contrato de trabajo con una indemnización por eventual despido de 20 días, tal y como sí lo aceptaría un 64,9 por ciento de los parados, porcentaje que aun es mayor entre la población más joven? 

Si algo se le puede reprochar a la positiva reforma laboral presentada por el gobierno, es que aun tolere buena parte de los privilegios de esta casta coactiva y parasitaria que constituyen los sindicatos en España. Eso, y que no haya acompañado la reforma con una Ley de Huelga destinada tanto a garantizar el derecho al trabajo de quienes no quieren secundar los paros, como a impedir que la ciudadanía en general sea rehén de quienes, como los sindicatos, viven a costa de ella. (edit/ld)

martes, 14 de febrero de 2012

SINDICATOS

 
LA FALTA DE LEGITIMIDAD MORAL DE LOS SINDICATOS.
Los sindicatos tienen el derecho legal a protestar por la reforma laboral que acaba de aprobar el Gobierno del PP, pero hace mucho que perdieron el derecho moral a hacerlo
El Ejecutivo de Rajoy les ofreció la posibilidad de que fueran ellos, junto con la patronal, quienes decidieran el contenido de los cambios en la normativa laboral, de acuerdo con los objetivos que se proponía alcanzar el Gabinete
Sin embargo, UGT y CCOO optaron por encastillarse en sus posiciones, decir que no veían razón alguna para proceder a nuevos cambios en el mercado de trabajo y retar al Gobierno a que se atreviera a legislar. Con ello demostraron una enorme falta de inteligencia. El Ejecutivo tenía muy claro lo que quería conseguir, teniendo en cuenta cuántas empresas están desapareciendo en este país y, con ellas, cuántos puestos de trabajo; cuánta competitividad se ha perdido a causa de los mecanismos de negociación colectiva, etcétera.
 
En este contexto, si los sindicatos hubieran sido hábiles, le hubieran propuesto al Ejecutivo, por ejemplo, un contrato de crisis con una indemnización por despido de 20 días por año trabajado o fórmulas para mantener la negociación colectiva centralizada y, a la vez, facilitar el descuelgue de los convenios de las empresas con dificultades. 
Sin embargo, no lo han hecho así porque su actitud no es de colaboración con el PP, sino de tratar de derribarlo del poder lo antes posible. Ya lo demostraron el año pasado con las huelgas políticas que le convocaron a Esperanza Aguirre en Madrid y ahora seguían en esa misma línea, pensando que Rajoy y los suyos se iban a acorbardar, pero se han equivocado de plano. Perdida esa oportunidad, ahora no tienen razón alguna, desde el punto de vista
moral, para protestar.
 
Los cambios que ha introducido el PP no les gustan en absoluto por simples cuestiones ideológicas. Ellos siguen anclados en ese concepto marxista de la plusvalía del trabajo y de su apropiación por parte del empresario, sin entender que sin empresa no hay empleo, y siguen pensando que, en caso de despido, el trabajador tiene derecho a llevarse una parte de la empresa, en forma de indemnización, porque ésta se ha apropiado de su plusvalía. 
El resultado de esta manera de entender las cosas ya se vio en anteriores crisis, con un sinfín de empresas que se podrían haber salvado de no haber sido por las abusivas compensaciones a los despedidos que tuvieron que pagar. 
 
Los sindicatos querían seguir en esta dinámica, pero esta dinámica es imposible porque nos deja sin emprendedores. Además, hay otra forma de ver las cosas, más sensata y más acorde con la realidad: un trabajador tiene un empleo porque alguien tiene una idea y arriesga sus medios y dedica su tiempo a sacarla adelante. 
El premio para quien arriesga no es otro que el beneficio porque el riesgo tiene que tener su recompensa, lo mismo que la merece también quien genera empleo. Esa recompensa sale de eso que Marx denominó la plusvalía del trabajo porque sin empresarios no hay empleos, pero nuestros sindicatos patrios no quieren entenderlo así.
 
De la misma forma, los sindicatos no quieren la reforma que ha aprobado el PP por lo que les supone de pérdida de poder político. La negociación descentralizada supone recortar de forma drástica su influencia sobre la economía y la sociedad y, además, debería obligar a que los liberados sindicales estuvieran en la empresa, en vez de estar trabajando en y para el sindicato pero pagados por las empresas. 
Sin liberados, o con éstos teniendo que estar dedicados a los asuntos propios de la empresa, ya no es tan fácil convocar huelgas y manifestaciones. Sin negociación colectiva centralizada, las grandes estructuras políticas sindicales se vuelven irrelevantes porque ya no tienen que discutir con el Gobierno ni con la patronal, sino con todos y cada uno de los empresarios de este país, y eso ya no da tanto poder.
 
Si los sindicatos querían conservarlo, tendrían que haber pactado ellos la reforma, en lugar de jugar a tratar de quemar al PP. No lo hicieron y ahora tendrán que pagar el precio correspondiente, bien aceptando lo aprobado por el Consejo de Ministros, bien embarcándose en un enfrentamiento suicida con el Gobierno, que puede acabar con ellos. Mejor sería para ellos que se callaran, visto lo visto. (Emilio J. González/ld)

vvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvvv





El secretario general de la OCDE, Ángel Gurría.
Economía | Los países desarrollados, satisfechos con Rajoy

La OCDE dice que la reforma laboral en España promoverá el empleo

13-02-2012 |(La Gaceta)
El secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, estimó hoy que la reciente reforma laboral aprobada por el Gobierno español "permitirá disminuir la dualidad del mercado laboral y promoverá el empleo".