
Si uno observa con calma la evolución del Gobierno de Pedro Sánchez,
lo que aparece no es simplemente un programa político más o menos
discutible.
Lo que aparece es algo bastante más interesante: un proceso
constante de ampliación del espacio en el que el Estado decide por el ciudadano.
No suele hacerse de golpe, claro. Nunca se hace así. Se hace paso a
paso, con medidas aparentemente razonables, incluso bienintencionadas.
El
último ejemplo lo estamos viendo con el debate sobre el control de las
redes sociales. La justificación es impecable desde el punto de vista
emocional: proteger a los menores, frenar la desinformación, garantizar entornos digitales seguros.
Es difícil oponerse a eso sin parecer un irresponsable.
Pero cuando uno
deja a un lado el envoltorio y mira el mecanismo real, lo que aparece
es otra cosa: más capacidad del poder político para vigilar qué se dice,
quién lo dice y hasta dónde puede decirse.
(LA TRINCHERA LIBERAL/Ana Gómez Palomo/OkDiario/12/2/2026.)