
LIBERALISMO Y CATOLICISMO.
Permitidme unas palabras finales sobre la
compatibilidad entre catolicismo y liberalismo económico. Muchos católicos han interiorizado la imagen
marxistoide del libre mercado como jungla en la que el pez grande se come al
chico y el rico expolia al pobre. Es una imagen totalmente errónea. Para empezar, el mercado es la antítesis de la
jungla, pues no puede funcionar más que en un marco legal de reglas que
garanticen el cumplimiento de los contratos, la prohibición del fraude, la
seguridad jurídica, etc. Para seguir, el capitalismo no es un juego de suma
cero en el que la porción conseguida por el ganador aumente a expensas de la
recibida por el perdedor. La riqueza no es una tarta de tamaño fijo: es una
tarta cuyo tamaño puede crecer constantemente si se respeta la libertad de
empresa. Uno no se enriquece expoliando a los demás: triunfa en el mercado
aquel que consiga ofrecer a los otros bienes y servicios que aprecian y por los
que están dispuestos a pagar . El mercado se basa en los intercambios con mutuo
beneficio. Y la riqueza hay que crearla; Peter Bauer: «La pobreza no tiene
causas [es nuestra situación por defecto]; la riqueza sí las tiene». La riqueza
no cae del cielo, no está simplemente ahí, lista para ser repartida (la
doctrina social católica se ha preocupado más de la distribución que de la
producción, pero no se puede repartir nada si antes no se produce).
La aplicación de los principios básicos de
libertad empresarial y libre comercio fue decisiva para la Revolución
Industrial, el gran salto adelante histórico que sacó a la humanidad de la
miseria. El PIB per cápita mundial se ha multiplicado por cien desde principios del
siglo XIX; la esperanza de vida se ha más que doblado, la mortalidad infantil
ha casi desaparecido…
La aplicación del socialismo a partir de 1917 en
la URSS (y desde 1945 a 1990 en medio mundo) privó a muchos países de los beneficios sociales del libre mercado
durante gran parte del siglo XX. El socialismo se hundió en 1989 por su
propia ineficiencia, por su incapacidad de proporcionar el nivel de
bienestar que tenían los países capitalistas.
Desde 1990, el abandono del socialismo y la globalización
comercial (mercado mundial) han sacado de la pobreza a unos 1.500 millones de
humanos: desde principios de los 90, 137.000 personas dejan de pasar
hambre cada día (lástima que nunca sean titular de los periódicos).
En 1990 vivía bajo el
umbral de pobreza absoluta (2’3 dólares por persona y día) un 35% de la
población mundial (2.300 millones); en 2025, el porcentaje era de un 9 % (800 millones).
La
Historia de la humanidad nunca había visto un salto de prosperidad de ese
calibre.
Y los católicos no podemos volver la espalda a lo
que enseñan la Historia y las estadísticas. La solidaridad con los pobres no se
expresa sólo con la limosna privada; también con la adhesión pública al sistema económico
que ha demostrado ser capaz de sacar a la humanidad de la pobreza. Y ese
sistema es el capitalismo.
Este texto es una versión de la intervención de
su autor en el debate titulado «Verdad y libertad. Sobre la posibilidad de un
liberalismo católico» que tuvo lugar en el Real Círculo de Labradores de
Sevilla el pasado 24 de febrero de 2026.
Este texto es una versión de la intervención de su autor en el debate
titulado «Verdad y libertad. Sobre la posibilidad de un liberalismo católico»
que tuvo lugar en el Real Círculo de Labradores de Sevilla el pasado 24 de
febrero de 2026.
(Francisco J. Contreras/ElDebate/17/5/2026.)