"Defecan, orinan frente al colegio y el olor es nauseabundo. Desayunan, comen y cenan en la puerta del centro y dejan los restos ahí tirados", relata Mercedes.
Ella es profesora en un centro de uno de los barrios más conflictivos tras la invasión: "Así es muy difícil decirles a los padres que traigan a sus hijos tranquilos cuando ni siquiera los maestros tenemos la certeza de nada".
(Vanesa Vallecillo/LD/8/9/2026.)
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