jueves, 26 de diciembre de 2013

EL DISCURSO DEL REY






 (¿Se darán cuenta de lo que nos estamos jugando? Ya no sirve mirar para otro lado. La bola de nieve es demasiado grande. Hay que tomar decisiones importantes. Y no hablo solamente del rey.)





 La responsabilidad del rey

La función del rey no es hacer de cheerleader de la casta gobernante, sino mantener al Estado unido y fuerte.
El rey ha hablado. No ha dicho nada. Al menos, nada que pueda ser tomado en serio. Su apelación a la ejemplaridad se ha parapetado tras un cómodo plural que parece desviar la atención hacia los pecados ajenos. Su invitación a permanecer “juntos” ha sido igualmente tan genérica que sólo los más avezados arúspices podrán ver ahí una censura al separatismo. Su mención a las víctimas del terrorismo –con foto sobre la mesa y palmadita en el lomo- ha sido tan paternalista que sólo puede interpretarse como un espaldarazo a la descabellada política de normalización política de la ETA.
 Sus palabras sobre la crisis económica han sido tan distantes que más parecen un comentario meteorológico, como si la presente catástrofe fuera un accidente cósmico, y no el fruto de unas políticas concretas. En definitiva, el mensaje que el ciudadano recibe puede sintetizarse así: “Todo está muy mal, pero la culpa no es mía, y por eso os animo a que hagáis un esfuerzo para soportarlo”. Sólo le ha faltado añadir que “hablando se entiende la gente”, como en aquella otra infausta ocasión.
Lo más político que el rey ha dicho en su discurso navideño es que hemos de recuperar el espíritu de la transición, en esa línea, ya tradicional, de nostalgia de “aquellos maravillosos años”. Es una cantinela que últimamente venimos escuchando en numerosas voces. El problema es que cada vez hay más razones para pensar que toda esta ruina que nos circunda es precisamente producto del “espíritu” de marras, un espíritu que básicamente ha consistido en solventar los problemas del Estado por la vía del chalaneo oligárquico –los acuerdos bajo la mesa entre partidos, banca, sindicatos, corona, etc.- y no a través de la arquitectura institucional.
 Los últimos diez años de nuestra historia –años negros- han borrado el espejismo del periodo precedente. En realidad el gran debate político de España, hoy, debería ser justamente ese: si acaso la esclerosis que paraliza al país no será producto directo de una manera determinada de entender la vida pública; si el famoso “espíritu de la transición” no habrá sido tanto un remedio como una enfermedad, en la medida en que ha sustituido la democracia por la partitocracia y ha reemplazado el interés nacional por la conservación del propio sistema.
Don Juan Carlos ya lleva en la primera magistratura del Estado tanto tiempo como Francisco Franco, de quien recibió el relevo: treinta y seis años el general (tres más si contamos el periodo de la guerra), treinta y ocho el monarca desde su coronación. En todo este tiempo, la corona se ha querido mostrar como motor de la democracia y al mismo tiempo como simple presencia flotante, en una singular manifestación de “política cuántica” en la que el rey es a la vez onda y corpúsculo o, por decirlo en términos más sencillos, en la que la corona está pero no está.

 Es difícil explicar a la gente este singular juego que atribuye al jefe del Estado cualidades taumatúrgicas sobre la salud de nuestra democracia y al mismo tiempo le resta cualquier tipo de responsabilidad personal e institucional sobre sus dolencias. La figura podía contentar a la generación del franquismo, que venía de un imaginario político donde la autoridad del gran jefe se hacía aplastante, pero mal puede satisfacer a unas generaciones nuevas, nacidas ya en democracia, que sencillamente no entienden el sentido de las instituciones superfluas. Si el rey ha sido el motor de la democracia, entonces tiene su parte de culpa en lo que hoy nos pasa; y si no, ¿para qué sirve?
El rey ha dicho que hemos venido gozando del mayor periodo de paz en libertad de nuestra historia. Eso es incuestionable. También lo es que Don Juan Carlos recibió un país unido, con una economía pujante y una sociedad que había alejado el fantasma de la pobreza y los odios civiles (y por eso ha sido posible la democracia en paz), pero va a legar a su heredero un país roto, con un desafío separatista –el catalán- en vías de ruptura definitiva, con la batalla más importante que ha tenido que librar el Estado –la del terrorismo de ETA- ganada por el chocante procedimiento de poner un confortable sillón al enemigo y con una economía nacional privada de los recursos imprescindibles para organizar su propio destino.
Lo único que el rey podrá esgrimir ante el tribunal de la Historia –que esos son los términos en los que piensan los reyes- es la consolidación de la democracia. Y allí, en ese tribunal, algún fiscal avieso podrá oponer que la tal consolidación se ha hecho a costa de detraer ingentes cantidades de dinero público para sostener a una casta que ha terminado arruinando al país.
En su discurso de Nochebuena hizo el rey una sorprendente, por insólita, alusión a la “comunidad intelectual”, a la que invitó a “ser intérprete de los cambios que se están produciendo y a ser guía del nuevo mundo que está emergiendo en el orden geopolítico, económico, social y cultural”.
Seguramente no pretendía Su Majestad otra cosa que quedar bien con un sector social al que hace tiempo nadie escucha en España, pero la invitación es arriesgadísima. ¿De verdad quiere Don Juan Carlos que le “interpretemos”? Ahí va: los cambios que se están produciendo apuntan a una irrelevancia creciente de la institución monárquica; el nuevo mundo que emerge en el orden geopolítico ha dejado a España arrumbada en un rincón menor del mapa; la nueva atmósfera económica ha deshecho (y no sólo en España) el mayor logro de los últimos setenta años, que fue el nacimiento de unas amplísimas clases medias; socialmente estamos fragmentados y enconados, y en lo cultural hemos perdido casi completamente la referencia de por qué vivimos juntos. À rebours, en el diagnóstico no deja de haber un programa para rectificar las cosas. Pero en el sentido exactamente contrario al que desearía el desorden establecido.
Don Juan Carlos se despidió reafirmando su “determinación de continuar estimulando la convivencia cívica”. Vale. Pero además hay una cosa que se llama Estado, de la que él es el jefe. La función del rey no es hacer de cheerleader de la casta gobernante, sino mantener al Estado unido y fuerte. No sólo es su función: es lo único que cabalmente justifica su existencia. Y si no…
 
 (José Javier Esparza/La Gaceta).

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EL DISCURSO DEL REY.



1.- Juan Carlos hizo escasas o nulas referencias a la corrupción y al descrédito de la justicia, de los políticos (también de él mismo),  a  las escandolisísimas connivencias con la ETA, etc.
Calificó a  España de gran nación, pero no aludió a su unidad, que es lo que hoy está en cuestión. Tampoco se refirió a la gestión del gobierno, si bien alguna expresión pudiera considerarse un reproche a su política económica. No mencionó a las fuerzas armadas, lo cual podría interpretarse como prudencia o como claudicación. Omisiones  significativas, aunque quizá no demasiado importantes.
2.- El rey ha apelado sobre todo a la Constitución, atribuyéndole “El periodo más dilatado de libertad, convivencia y prosperidad de toda nuestra historia. Conviene que lo tengamos bien presente, pues a menudo se pretende que lo ignoremos o lo olvidemos cuando se proclama una supuesta decadencia de nuestra sociedad y de nuestras instituciones”. Términos al menos enfadosos por dos razones: en primer lugar porque sugiere que antes de la Constitución, incluso a lo largo de toda su historia, España hubiera sido un desastre, cuando la mejor parte de la libertad, convivencia y prosperidad actuales procede precisamente de la etapa anterior. Claro que esto no podía decirlo, dado el tabú existente sobre la etapa de Franco --a quien debe Juan Carlos la corona, nunca está de más recordarlo--.
En segundo lugar, y por eso mismo, el canto a la Constitución suena hoy grandilocuente, porque se trata de un documento mal elaborado en su tiempo, incumplible en algunos aspectos e incumplido o abiertamente vulnerado en otros (gracias, entre otras cosas, a un Tribunal (anti) Constitucional), ambiguo con la posibilidad, muy realizada, de vaciamiento sistemático del Estado. Entre otras cosas.
 De modo que los problemas actuales lamentados por el  monarca, como “los casos de falta de ejemplaridad en la vida pública que han afectado a al prestigio de la política y las instituciones”, nacen o son amparados en buena medida por esa Constitución. Si “la sociedad española reclama hoy un profundo cambio de actitud y un compromiso ético en todos los ámbitos de la vida política, económica y social que satisfaga las exigencias imprescindibles en una democracia», es porque esta Constitución ha presidido, justamente, los males denunciados, que vienen de muy atrás, y parte de los cuales es el profundo deterioro de la democracia.
3.- Por tanto, admite el rey, “Hay voces en nuestra sociedad que quieren una actualización de los acuerdos de convivencia, lo cual suena a guiño a una eventual reforma constitucional. Sin embargo el recurso a “la sociedad” permite cualquier cosa y por ello resulta harto peligroso. Cierto que, ante el evidente desprestigio de las instituciones, y sobre todo ante el reto separatista --muy oscuramente aludido en el discurso--, mucha gente pide reformas en profundidad, también constitucionales. Pero la cuestión estriba en qué sentido irán esas reformas: ¿en profundizar las tendencias disgregadoras ya bastante explícitas en la propia Constitución, o, por el contrario, en reforzar la unidad nacional?
Porque unas voces piden “actualizaciones” en un sentido y otras en el contrario. Como el discurso es sibilino al respecto, aventuraré mi impresión: el rey, como el PP y el PSOE, piensan que la Constitución puede estirarse todavía más, hasta anular en la práctica la unidad nacional de modo que “todos quepamos” en una España balcanizada en la práctica, lo que podría presentarse como “generosidad para saber ceder cuando es preciso, comprender las razones del otro y hacer del diálogo el método prioritario y más eficaz de solución de los problemas colectivos”. Algo así se ha hecho con la ETA, por ejemplo. Dejo de lado las apelaciones a la ejemplaridad por  un monarca que no ha destacado especialmente en esa virtud.
4.- El discurso es, de todos modos, lo que puede esperarse de un rey constitucional que no puede ni debe meterse directamente en el juego político --tentación a la que ha sucumbido otras veces--. Es decir, se trata de una apelación al buen sentido, a la solución civilizada de las discrepancias, etc. Una exhortación de buenas intenciones, aunque las discrepancias hayan llegado ya a extremos tan  peligrosos como la abierta rebeldía contra España en que se han situado autoridades que se suponen parte del estado.  Exhortaciones que, como decía más arriba, pueden justificar cualquier salida y cada cual puede interpretar como quiera; pero un rey no tiene por qué ir más allá. Son los partidos y políticos quienes deben dar un sentido u otro a las exhortaciones.
5.- La cuestión de si España se mantendrá como una verdadera nación o se descompondrá, se balcanizará en unos cuantos estados pequeños, impotentes y sometidos al juego de otras potencias, es el reto fundamental que se presenta hoy a la sociedad española. La deriva que ha llevado a esta situación ha sido alimentada no solo por los partidos separatistas, sino también, incluso más aún, por el PSOE y el PP. No es de esperar, por tanto, que sean estos los llamados a resolver un problema que ellos mismos han creado y con respecto al cual no se aprecia en ellos la menor lucidez, conocimiento profundo o firmeza.
 Estos políticos, frívolos e ignorantes, combinan el desconocimientos del fondo e historia de los separatismos con un desprecio o desinterés hacia la misma España, por mucho que ocasionalmente la llamen “gran nación”. Por ello me permito apelar a los españoles corrientes, que sienten a su patria y el espíritu de la libertad, a movilizarse contra la desintegración democrática y nacional, en un movimiento positivo de integración.
 (Blog Pio Moa)

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El silencio del Rey


La alocución navideña del Rey se quedó en un discurso de Nochebuena más, a pesar de que la Nación sufre la mayor amenaza en décadas, con fecha ya fijada para la secesión de Cataluña, y de que la institución monárquica está en su peor momento desde la Transición.
Don Juan Carlos optó por repetir los mismos lugares comunes y grandes propósitos de cada año, sin concretar en ningún asunto de calado. El ejemplo más claro fue su silencio clamoroso sobre Cataluña. Ante un desafío de tal magnitud a España y a la soberanía nacional –a la que el Rey debe su legitimidad– no vale con apelaciones genéricas al respeto a las reglas de juego y las bondades de la convivencia. No es de recibo, y es difícilmente comprensible, que el rey de España no tenga nada más que decir ante la amenaza directa y clara de ruptura del Reino de España. Ni una sola mención directa al desafío secesionista. El Rey no pronunció las palabras Cataluña, Mas, consulta, nacionalismo. Los catalanes y los españoles en general se merecen que ante una situación de esta gravedad se les hable claro. Al menos, con la misma claridad con la que se ha planteado el desafío. En este sentido, Don Juan Carlos apeló a un acuerdo entre los partidos políticos y al diálogo como forma de llegar a acuerdos, situándose en una equidistancia inaceptable entre quienes pretenden destruir la Nación y quienes, con mayor o menor fortuna, la defienden.
Del mismo modo fueron decepcionantes las palabras del Rey sobre la ejemplaridad en la vida pública. Faltó una denuncia clara de la corrupción política, que es consecuencia directa de la falta de separación de poderes. Zarzuela buscaba el titular con la frase "Asumo las exigencias de ejemplaridad que la sociedad reclama". Y lo consiguió. Una frase que nada significa si no va acompañada de hechos. Y lo cierto es que los hechos, desde que en el mismo discurso de hace dos años dijese aquello de "Todos somos iguales ante la ley", van en la dirección contraria. En los últimos dos años la Casa del Rey no ha hecho más que presionar al juez y torpedear la instrucción judicial para evitar que la infanta Cristina sea imputada. Esos son los hechos, que convierten la frase del Rey en una burla a los ciudadanos.
En relación con las víctimas del terrorismo, Don Juan Carlos se movió exclusivamente en el terreno de los sentimientos. Junto a su mesa se veía una foto del reciente encuentro que mantuvo con la presidenta de la AVT, Ángeles Pedraza, y la de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Marimar Blanco. El Rey dijo compartir el dolor de las víctimas en estos "momentos difíciles", aunque no mencionó expresamente la sentencia de Estrasburgo ni fue más allá de las palabras de consuelo, cuando las víctimas lo que están exigiendo de las instituciones son soluciones en pro de la memoria, la dignidad y la justicia que merecen.
En lo que se mostró más determinante el monarca fue en su voluntad de seguir en el trono. Alguien debería decirle que si la Nación o la propia Monarquía saltan por los aires, su trono no valdrá nada. Y, tras escucharle en Nochebuena, no parece que lo tenga muy claro
 (edit.ld)

martes, 24 de diciembre de 2013

FELIZ NOCHEBUENA

FELIZ NOCHEBUENA.





CUADROS DE SEBASTIÁN URBINA.

Cuadros de Sebastián Urbina.

¿ ES RAJOY UN COBARDE POLÍTICO?





(El Mundo)
El presidente de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, se burla del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, y va a incumplir incluso el objetivo de déficit a la carta que se le permitió para este año 2013.

Según confirmó este lunes el Ministerio de Hacienda, el propio Montoro en persona le envió a finales de noviembre una carta de requerimiento, que el ministro califica de «conminatoria», para que la Generalitat realizara todos los ajustes posibles para cumplir el objetivo. Pero la respuesta es negativa.

El consejero de Economía de la Generalitat, Andreu Mas-Colell, confirmó este lunes que la Generalitat no cumplirá tampoco en 2013 con el objetivo de déficit establecido para Cataluña.

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Cobardía y gasto


Si la tan criticada austeridad ha sido en realidad una historia falsa de terror propaga por la izquierda con fines electoralistas, 2014 parece destinado a convertirse en el año en el que, definitivamente, las Administraciones Públicas dejen de aparentar que tratan de contener el gasto.

Bien al contrario: tanto la Administración general del Estado como las comunidades autónomas volverán, sin disimulo, a su habitual ritmo de derroche del dinero de todos. Y muy especialmente estas últimas, que prevén en conjunto un crecimiento del gasto por encima del 4%.

Un incremento del gasto que se produce cuando la economía crecerá alrededor del 1%, según los más optimistas, en un entorno en el que la recuperación no se ha asentado ni mucho menos, y después de que el conjunto del Estado no haya conseguido reducir más que muy superficialmente el espantoso déficit que arrastra desde el inicio de la crisis.

Es decir, que cuando no es previsible que los ingresos públicos evolucionen de una forma muy positiva, con un déficit que puede acabar el año en el 7% y con la economía sin aliento tras las brutales subidas de impuestos, los políticos parecen dispuestos a persistir en el vicio del despilfarro. No por más previsible el resultado, una deuda aún más descontrolada, resulta menos dramático.

Lo peor de todo es que no lo hacen por un convencimiento económico o por lo que podríamos denominar alta política: tras estos incrementos del gasto está el inicio de un ciclo electoral que nos llevará, en menos de dos años, a tres elecciones: europeas, autonómicas y municipales; y, finalmente, a las generales, previsiblemente en otoño 2015. Los políticos ven amenazadas sus poltronas y, para remediarlo, tiran del único método que conocen: el reparto de dinero público y prebendas.

Tampoco hay que olvidar otra razón que explica este previsible descontrol del gasto: el Gobierno, sobre todo el ministro de Hacienda, ha desatendido su obligación y su compromiso y, en lugar de perseguir y castigar a las CCAA que no dejaban de derrochar, ha machacado política y económicamente a aquellas que, como Madrid, sí tomaban medidas efectivas para ajustar sus gastos a sus ingresos. Algunas, por cierto, con un alto coste político.
Lo cierto es que en un país que ve en el gasto público la panacea, con unos contribuyentes que creen que "el dinero público no es de nadie", era necesario un Gobierno con un cierto coraje político para hacer las reformas y tomar las decisiones que embridaran ese gasto.

No es desde luego una cualidad de la que pueda presumir Rajoy, que, en esto como en casi todo lo demás, ha demostrado una cobardía política que, de no cambiar radicalmente en la segunda parte de la legislatura, será el principal recuerdo que deje de su paso por La Moncloa.

(edit.ld).

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 CON NUESTRO DINERO.

Cataluña

Artur Mas abre «embajada» en Washington

/ . La Generalitat de Cataluña mantiene la oficina de Nueva York para fomentar las relaciones económicas y culturales.
(ABC)

CUADROS DE SEBASTIÁN URBINA.

Cuadros de Sebastián Urbina.

ESTUPIDEZ SIN LÍMITES.







(Y eso que Einstein no conocía la España de las Autonomías. Especialmente los 'territorios comanches'.


PD. Aproveche estas Navidades. 

¡Independícese!¡Derecho a decidir, ya!¡Ni un barrio sin derecho a decidir!¡Volvamos a la Primera República Española!)




 ESTUPIDEZ SIN LÍMITES.

España

Tras la «independencia» del barrio donostiarra de Igueldo... ahora la de Usánsolo.

Bildu pide al PNV que respete el «derecho a decidir» de este otro enclave.
(ABC)

lunes, 23 de diciembre de 2013

EL MUNDO NO COMPRENDE.

 
 
 
 

 (El mundo no comprende la importancia excepcional de los separatistas catalanes en el desarrollo armónico de nuestro planeta, en todos los ámbitos.
 
 Como todos los genios y adelantados a su tiempo, Catalonia debe sufrir la incomprensión de los mediocres.
 
¡Visca Catalunya Lliure!)
 
 
 
 
 
 
LD/ Agencias
El ministro del Interior francés, Manuel Valls, de origen catalán y de visita este lunes en Madrid, ha eludido con una carcajada contestar a varias preguntas de los periodistas sobre la posibilidad de una Cataluña independiente.
(LD)

INTOLERABLE CENTRALISMO.

 (El carismático lider separatista mundial, Arturo Mas, en una de sus poses características.

Firmeza, decisión; los labios apretados que muestran convicción y capacidad de sufrimiento, los ojos fijos en un objetivo, como es propio de los Hombres de Estado que no se dejan distraer por minucias, el pelo en forma de águila, con ribetes blancos, mezcla exquisita de juventud y sabiduría catalana.

En fin un compendio de virtudes difícil de encontrar, y que le convierten en uno de los grandes líderes mundiales.

Y junto a esta grandeza la miseria centralista que obliga a visitar Madrit. Un pedregal mesetario. ¿Qué ven?)


 

 

 

746.016 viajeros alojados

Madrid se mantiene como una de las regiones con más turistas de España

Las pernoctaciones hoteleras alcanzaron la cifra de 1.496.304 en dicho mes, un 4% más que en 2012

LVL
lunes, 23 de diciembre de 2013.

MÁS DESPRECIOS AL CATALÁN.

 (Es un escándalo. Todo el mundo sabe que el catalán es una de las cinco lenguas más importantes del mundo.

 Pero los sucios manejos de Rajoy en las esferas internacionales ha conseguido que coloquen al español- ¡la lengua de Franco!- en segundo lugar, y que el catalán no aparezca entre las primeras diez lenguas del mundo.  ¡Es intolerable!

Denunciaremos este centralismo españolista opresivo a las instituciones internacionales. Si fuésemos independientes, no pasarían estas cosas.)










Las diez lenguas necesarias
Uno de los principales motivos para estudiar un idioma extranjero es que pueda resultar de alguna utilidad a la hora de viajar o para mejorar nuestras expectativas laborales. Prueba de ello es que la demanda de cursos de alemán o chino es cada vez mayor.
Teniendo en cuenta estos factores, en el blog «Do you speak English» han elaborado una lista con los algunos de los idiomas que será imprescindible conocer si se desea triunfar en los próximos años. Casi con total seguridad, las diez lenguas globales del siglo XXI:

1.-Inglés

Aunque posee menos hablantes nativos que el chino o el español, su fuerza radica en que se habla en los cinco continentes y es la lengua oficial de algunos de los países más poderosos del planeta. Todo esto hace que sea el idioma más utilizado en negocios, el comercio internacional e Internet y el más estudiado en todo el mundo.

2.-Español

Quienes lo hablan como primera o segunda lengua suman aproximadamente unos 500 millones de personas, repartidos por más de 20 países. Es la segunda lengua más estudiada después del inglés, lo que hace que su importancia sea cada año un poco mayor.

3.-Chino Mandarín

Debe su importancia a que es el más hablado de todo el planeta. En concreto, más de mil millones de personas lo tienen como su lengua nativa en China y países próximos como Indonesia, Camboya o Malasia. El crecimiento de la economía china ha contribuido enormemente a la difusión de esta lengua a la que muchos consideran el idioma del futuro.

4.-Francés

Aunque es, junto al inglés la única lengua que se habla en todos los continentes, el Francés es tan solo la novena más hablada del mundo. Pese a ello, es el idioma oficial en 32 países y lengua materna de 80 millones de personas y se estima que es hablado por más de 200 millones en todo el mundo, ya que alrededor de medio centenar de países, regiones y dependencias lo utilizan de forma cotidiana.

5. Árabe.

Idioma oficial de una veintena de países, entre los que se destacan Arabia Saudita, Marruecos o Egipto, el árabe es la auténtica lengua franca de Oriente Medio, gracias a la enorme influencia del islam. Con 280 millones de personas, es el octavo idioma con mayor número de hablantes nativos. (Por motivos que ignoro no he podido conseguir que '5. Árabe', tenga color rojo, como los demás. Excusas.)

6.-Ruso

La larga sombra de la extinta Unión Soviética permite convierte al ruso en el idioma eslavo más hablado del mundo. Posee carácter oficial en Rusia, Bielorrusia, Kirguistán y Kazajistán, mientras que en el resto de repúblicas de la antigua URSS se emplea como segunda lengua. Entre hablantes nativos y quienes lo tienen idioma secundario es hablado a diario por unos 260 millones de personas.

7.-Alemán

El idioma que es visto como un seguro de salida laboral por miles de españoles cuenta con unos 150 millones de hablantes, la gran mayoría concentrados en Europa, donde es el idioma más hablado después del ruso. Su uso predomina en Alemania, Austria y Suiza, pero hay importantes comunidades germanohablantes en la República Checa, Hungría, Polonia y otros veinte países más.

8.-Japonés

Posee unos 130 millones de hablantes, casi todos concentrados en Japón, aunque hay algunas comunidades que lo usan como lengua habitual en Hawaii, Brasil y algunas islas del Pacífico. Su mayor atractivo radica en que Japón es la tercera economía mundial.

9.-Portugués

Aunque cerca del 70 por ciento de quienes lo hablan se encuentran en Brasil, este idioma es lengua oficial en ocho países y se emplea de forma habitual en una veintena de enclaves que alguna vez fueron colonia portuguesa. Se calcula que lo hablan más de 260 millones de personas, lo que lo convierte en la sexta lengua más hablada

10.-Italiano

Con unos 70 millones de hablantes —60 millones en Italia y 10 en el resto del mundo—, es lengua oficial en Italia, Suiza, San Marino y el Vaticano. Su influencia se extiende a otros once países, donde su uso es también habitual, y a los que hay que sumar veinte más con una amplia colonia procedente del país transalpino, como Argentina, Alemania, Australia o Estados Unidos.

(ABC)

ESTÁN AGILIPOLLADOS.




 (Ahí los ven. Manejando el mundo a su antojo. Todos se rinden ante la grandeza sin límites de Catalonia.

¿Se puede ser más gilipollas?

El burro no los representa. Los burros son más inteligentes.
)



Así se escribe la Histeria. CAT


 ...  “Colón salió del puerto de Barcelona para viajar a las Indias.  Pincha abajo y lo verás.

Muestra a través del folleto de la Agencia de Cataluña Tour , lo que se enseña a los turistas en Barcelona. 

 
 Marinero catalán, miembro de la realeza catalana, el Almirante Cristóbal Colón….
 
 
(Recibido Por Internet.)

No tiene desperdicio.
Es el folleto publicitario de una de las excursiones de Catalonia Tours.

domingo, 22 de diciembre de 2013

QUERIDA INÉS.

 (Querida Inés- y perdona la confianza-, no dudes de que la inmensa mayoría de españoles sabemos distinguir entre catalanes y catalanistas.

 Sabemos admirar y querer a personas como tú, y tantos otros, que defendéis la libertad, la convivencia pacífica y el pluralismo en circunstancias muy adversas.

Y sabemos reconocer a los sembradores de odio, que han obligado a emigrar a muchos catalanes y que tratan de enfrentarnos. Que dividen entre buenos catalanes- los independentistas- y los otros. Los 'traidores'.

Y lamentamos mucho que Rajoy no tenga talla de estadista y no sepa defenderos como os merecéis.

Pero estamos a vuestro lado. Somos compatriotas. No podría ser de otro modo.

¡Ánimo!

Con cariño y admiración.

Sebastián Urbina.)










S.O.S. ESPAÑA.

Sin duda, además de la económica, la principal consecuencia negativa del separatismo catalán es la confrontación social que genera entre los catalanes.

En Cataluña desgraciadamente este es un hecho que cada vez es más palpable. Les aseguro que este año muchas cenas de Navidad se verán amargadas por las discrepancias políticas; y me refiero a algo que va mucho más allá de lo que puede ocurrir en cualquier sitio.

Pero si eso es algo que los que vivimos en Cataluña lo tenemos más que comprobado, lo que tenemos que evitar también ahora es la confrontación con el resto de ciudadanos de España.

Entiendo que cuando un andaluz, un asturiano o un madrileño escuchan determinadas declaraciones de Artur Mas, de Oriol Junqueras, de algunos tertulianos de la televisión pública catalana o de otros miembros del separatismo oficial (del tipo: España nos roba, España nos asfixia, Estado opresor, maltrato fiscal a Cataluña, maltrato cultural, etc.), sientan cierto resquemor. E incluso que cuando vean, a título de ejemplo, que CiU lanza un cartel que dice textualmente "La España subsidiada vive a costa de la Cataluña productiva" a alguien le pueda entrar ganas de soltar un improperio.

Pero lo que no podemos permitir es que este tipo de comentarios o campañas lanzadas desde el separatismo catalán hagan perder la perspectiva a nuestros compatriotas del resto de España.
Cataluña no es el separatismo. Debemos distinguir la Cataluña oficial (falsamente homogénea) de la real (absolutamente plural). Distinguir a los gobernantes de Cataluña (y todas sus herramientas) del conjunto de los ciudadanos catalanes.

Esa imagen que pretenden vender de "El pueblo catalán no se siente español y ansía la independencia" es falsa. Nosotros, los ciudadanos de Cataluña que también nos sentimos españoles y que queremos seguir siéndolo, somos también Cataluña.

En el resto de España se escucha a Mas, a Junqueras o a Duran i Lleida, pero no llega el relato de personas catalanas anónimas que reconocen que no se hablan desde hace un año con su cuñado por este asunto; que no les han renovado en su empresa por estar en Ciutadans o profesores universitarios que no darán clase el año que viene tras participar en actos de los partidos que defendemos la unión. O peor, padres que nos vienen escandalizados con las cosas que a sus hijos les enseñan en el colegio.

Y esas personas, también catalanas, piden ayuda y lanzan un simbólico S. O. S.

Ante los continuos desafíos secesionistas de los sucesivos Gobiernos de la Generalitat, muchos ciudadanos de otros lugares de España piden al Gobierno central que reaccione y que no mire para otro lado, como está haciendo hasta ahora, pensando que el problema se va a solucionar solo. Hasta ahí estamos totalmente de acuerdo.
Ahora bien, esa reacción puede ser de diferente tipo.
Antes de apostar por una solución piensen que lo que le ocurra a Cataluña lo pagará el conjunto de los ciudadanos catalanes.

Por poner un ejemplo: somos conscientes de que Cataluña es la comunidad autónoma que más dinero ha recibido del Fondo de Liquidez Autonómico y, por supuesto, estamos de acuerdo en un mayor control del dinero enviado por parte del Gobierno de España para que no se gaste en alimentar al separatismo. Yo tampoco quiero que todos los españoles den dinero a la Generalitat para mantener organismos públicos duplicados o televisiones públicas carísimas que son instrumentos políticos mientras se cierran quirófanos. Y tampoco quiero que en Cataluña no se cumplan sentencias mientras se exige buena parte del pastel.

Pero no quiero que los servidores públicos, o que los autónomos y las empresas que han trabajado para la Administración, no puedan cobrar; que se cierren hospitales, que no haya material escolar ni profesores o que se deje de atender a la población que realmente lo está pasando mal.

El separatismo catalán no es solo un problema de Cataluña, ni de los catalanes, es un problema de toda España y de todos los españoles.

No caigamos en su juego. Esto no es "España contra Cataluña". Porque les aseguro que aquí nos habrán ganado ellos por experiencia, convicción y fullería. Al separatismo le interesa también dar visibilidad a esta confrontación en ambos sentidos porque así alimentan la idea de "Nos queremos ir de España porque, además de robarnos, nos odian".

Cataluña, como el resto de España, vale mucho la pena. Maravillosa tierra y maravillosa gente. Solo así se entienden nuestras ganas de seguir viviendo aquí cuando prácticamente somos el enemigo a batir.

Los que estamos acostumbrados en Cataluña a defender también al resto de España, nos encontramos últimamente con que allí tenemos que defender también a Cataluña y a los catalanes.

No nos dejen solos, no nos abandonen; nosotros, los que nos sentimos catalanes y españoles, somos Cataluña pero ojo, que también somos España.

Escribiendo esto me surge una última reflexión. El órgano censor del Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC) intenta coartar nuestra libertad de expresión y a los diputados de Ciutadans nos incluye en listas negras por supuestamente "fomentar el odio hacia Cataluña"; pues que sepan que tenemos el firme propósito de seguir fomentando el amor, el respeto y el cariño hacia Cataluña. Mal que les pese.


Inés Arrimadas, diputada de Ciudadanos (C’s) en el Parlamento de Cataluña.

(ld).

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CATALUÑA DEBE SABER LO QUE CUESTA EL SEPARATISMO.
Réplica a Inés Arrimadas 2013-12-23.

No es cómodo ser antipático. Pero, a veces, hay que serlo; aunque tras leer un artículo tan emotivo y de sólida apariencia como el "S.O.S. España" de Inés Arrimadas, diputada de Ciudadanos, cueste un poco más.

Sin embargo, creo que si el llamado "problema catalán" ha llevado a España a la situación extrema que hoy vemos y que, sin duda, hemos de ver empeorar, es porque desde hace años venimos utilizando un argumento que está equivocado de raíz. Lamento ser tan desagradable, pero lo que plantea la diputada de Ciudadanos no es distinto, en sus consecuencias, de lo que viene consiguiendo Convergència i Unió desde hace tres décadas.

Por supuesto, hay una diferencia moral: Inés Arrimadas plantea con sinceridad un argumento político: no podemos dejar solos a los catalanes españoles, muchos tan admirables como los de Ciudadanos. Pero ese sentir nacional supone un argumento de favor económico: todos los catalanes, y muy especialmente los unionistas, no deben pagar los desafíos separatistas.

Lo que plantea Durán, como antes Pujol o el PSC, es lo contrario: somos separatistas, despreciamos España, vamos a romperla y a destruirla, pero, de momento, no lo haremos si nos dais un trato de favor económico.

Es decir, que bien porque una parte importante de Cataluña, la no oficial, se siente española, bien porque otra parte, la mayoritaria y oficial, odia a España, los españoles debemos aceptar que los catalanes tengan una serie de privilegios económicos -los 27.000 millones de euros del FLA que cita en su artículo Inés Arrimadas-. Hay que pagar por lo que nos quieren y hay que pagar por lo que nos odian. Yo no sé si eso es amor, pero, desde luego, me reconocerá la diputada de Ciudadanos que es muy mal negocio.

Insisto en que no establezco un paralelismo entre CiU y Ciudadanos. Pocas cosas me producen tanta repugnancia como el separatismo catalán y muy pocas me parecen tan admirables, tan formidables y tan emocionantes como el unionismo catalán y español que representa Ciudadanos. Pero el resultado de políticas tan opuestas es –hoy por hoy– muy semejante

Claro que con Rivera en vez de Mas al frente de la Generalidad las cosas serían distintas. El sistema vigente, que tiene como pilar esencial la desigualdad de los españoles, siempre en favor de los separatistas, desaparecería. Pero lo que nos vienen diciendo los voceros políticos y mediáticos de Pujolandia –ente fantasmal pero también real, no en balde y gracias a su fuerza en las urnas representa oficialmente a Cataluña desde hace más de tres décadas– es que para conservar el Estado que alberga a la nación española debemos renunciar a la base misma de la nación como ser político, que es la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. 

Y ello, porque los que no se sienten españoles sólo aceptan el Estado a costa de su vaciado nacional y sólo admiten la legalidad constitucional reservándose el derecho a no aplicarla. O sea, que aceptamos la cáscara de la legalidad española a cambio de que la yema de las leyes y la clara de los reglamentos quede a cargo de unos cocineros que hacen del odio a España el plato único de su gastronomía.

Nada quisiera yo menos que ofender a Inés Arrimadas, y encima en Nochebuena, pero lo que nos plantea Ciudadanos es que, por amor a la nación o a nuestros connacionales más asediados –los catalanes– debemos mantener esa política de Estado que, desde 1978, consiste en dar privilegios económicos a cambio de plazos políticos. Y eso es lo que hoy supone no intervenir la autonomía pese a su deliberada incapacidad para reducir el déficit, cuyo coste recae sobre el común de los españoles, y no anular una Generalidad golpista que se ha situado abiertamente fuera de la Ley.

Yo entiendo que a un partido político, aunque sea Ciudadanos, le sea difícil defender en plena campaña electoral –la que vive y vivirá Cataluña– el fin de la ayuda económica del Estado. Tampoco es imposible. UPyD ha defendido desde el principio que, por coherencia nacional, hay que acabar con el Concierto Económico Vasco y Navarro. Y, salvo en Cataluña, la votan.

 Si no se entiende que lo que cabría llamar Desconcierto Económico Catalán es el fruto del chantaje que alimenta y engorda al separatismo no acabaremos nunca con los chantajistas y con sus cómplices de Madrid. No es posible separar de modo finalista las partidas presupuestarias, de forma que al pagar los quirófanos y la Seguridad Social se pagan también TV3 y la Catastassi o CAC. Sólo interviniendo la Autonomía podría el Estado, en rigor España, pagar las nóminas de los funcionarios y no las de los sicarios.

Cuando una sociedad se hace adicta al opio del nacionalismo, como Alemania en los años 30 y, en términos más banales pero no menos letales, Cataluña en los últimos treinta años, temo que sólo la dureza de la derrota, el batacazo de una sociedad, convencerá a los adictos de que la droga mata.

 La enfermedad nacionalista, el separatismo como excusa para todo, el odio como herramienta de cohesión social, lo pagará esa sociedad catalana que disfruta mayoritariamente de su enfermedad moral. Si sirve de consuelo, no será la única. Igual que viene pagando el chantaje separatista, pagará y muy caro la sociedad española su abulia y su vagancia con la quiebra nacional. Unos, advertidos, lo vivirán con melancolía; otros, ahora felices, se darán contra el suelo de la realidad, donde las ideas siniestras terminan su vuelo gallináceo. 

Como toda España, Cataluña deberá aprender lo que cuesta jugar a destruir Estados y a inventar naciones. Me gustaría que lo que cuesta el separatismo lo aprendiera antes –o sea, ahora– y no después. Por eso creo que hay que intervenir cuando el escarmiento resulta instructivo, no cuando sólo puede trasladar al sentimiento la evidencia de la calamidad.

Pero esta reflexión no es ya de Nochebuena. Felices Pascuas, Inés, y Próspero Año Nuevo a todos los compatriotas de Ciudadanos en Cataluña.
( F. Jiménez Losantos/ld).

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Yo no había extraído estas consecuencias del artículo de Inés, pero si así fuera, estoy de acuerdo con Jiménez Losantos.

 

ALBERT RIVERA (Ciudadanos)



 

 

 

 Albert Rivera (CIUDADANOS)

 

 (No todo apesta en el Oasis)

 

Sondeo de Feedback para 'La Vanguardia'


Ciudadanos ya es la tercera fuerza en Cataluña por delante de PSC y PP

El partido de Albert Rivera lograría 18 escaños, nueve más que los obtenidos en 2012, de celebrarse hoy elecciones.

 Habría empate entre CiU y ERC.
 (LaVozLibre)

LOS COSTES DE LA RUPTURA.




 A FAVOR DE ESPAÑA.






LOS COSTES DE LA RUPTURA DE ESPAÑA.

Lea con detenimiento este resumen apresurado de la historia de la España posfranquista: la muerte del dictador aflojó el yugo que oprimía a las culturas autóctonas regionales que, vertiginosamente, se convirtieron en correosos nacionalismos, olvidando el autonomismo liberador de la Transición y estigmatizando y crucificando el 'españolismo'.

 Los autonomismos-nacionalistas o los nacionalismos-autonomistas, según se mire, crecieron, se hicieron fuertes en ‘su’ historia, ‘su’ geografía, ‘su’ inmersión lingüística… En esta historia, los defensores de la unidad de España pasaron a ser considerados ‘fascistas’ por los nativos nacionalistas -fundamentalmente catalanes y vascos, en menor medida gallegos-, marcando una línea difícil de traspasar entre unos y otros españoles. Y estos enarbolaron, victoriosos, la bandera del derecho a decidir un futuro del que excluyen al resto de los ciudadanos. Colorín colorado, este cuento (real como la vida misma) se ha acabado.

 
Quien esto viene a compendiar es Fernando Savater, escritor y profesor de Filosofía. Y lo hace en el prólogo del libro “A favor de España. El coste de la ruptura”, presentado el viernes en Barcelona.
Savater lo argumenta todo: “Tanto el populismo como el separatismo son enfermedades políticas oportunistas que atacan al cuerpo del Estado cuando se debilita socialmente. En el País Vasco hemos padecido durante largo tiempo un populismo tipo Che Guevara, terrorista con ínfulas de guerrilla, y ahora vemos en Cataluña otro modelo Chávez, que acogota a los discrepantes con manifestaciones callejeras y el unanimismo manipulado de los medios de comunicación al servicio de la retórica demagógica”

Las sensibilidades del filósofo sobre la avalancha secesionista española son sólo una pequeña parte de este libro, hecho con la colaboración de la Fundación Progreso y Democracia (UPyD). En sus páginas, Savater no cabalga solo: lo hace en compañía de Ramón Marcos (coordinador del volumen y, a la sazón, abogado y diputado en la Asamblea de Madrid por Unión Progreso y Democracia), el economista e historiador Gabriel Tortella y otros diez abogados, economistas, historiadores y escritores, coronados por la firma de Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura, y Rosa Díez, líder de la formación magenta.

 
En sus páginas se articula un interesante apartado en el que se abordan los elementos que dan fundamento a todo el libro, que no son otros que Los costes de romper España en todas sus vertientes: económica, política, institucional, lingüística y cultural.

1.- Costes económicos.

El economista y profesor universitario José V. Rodríguez Mora pone en la balanza los costes económicos de una hipotética ruptura con España por parte de Cataluña y el País Vasco, comunidades autónomas sobre las que se basa todo el estudio -pueden enviarse comentarios al respecto este correo: elcostedelanoespana@upyd.es-.

El catedrático no ve ganadores en esta supuesta ruptura de la baraja, ya que, en su opinión, tanto Cataluña -donde los promotores del separatismo proclaman a los cuatro vientos que “la independencia será una fiesta”- y País Vasco como España en su conjunto perderían económicamente, entre otras cosas por las fricciones comerciales que se generarían entre los tres al tratarse de países distintos, al margen de que pudieran surgir o no colisiones, boicots, enemistades…

 
Según Rodríguez Mora, la base en la que los catalanistas fundamentan su ‘odio económico’ se centra en el manido ‘Espanya ens roba’ (España nos roba). “La argumentación no podría ser más simple. Sale más dinero hacia el resto de España del que entra, luego nos roban. En parte porque son gandules, en parte porque son chorizos, pero los españoles nos roban. Luego, independencia”.
Ramón Marcos precisa que "el PIB en Cataluña y el País Vasco bajaría. También en España, aunque menos porque, al tratarse en esa hipótesis de un país mucho más grande la situación no sería tan severa".

2.- Costes políticos e institucionales.

Francisco Sosa Wagner, economista y parlamentario europeo por UPyD, y Mercedes Fuertes, catedrática de Derecho Administrativo de la Universidad de León, diseccionan los costes políticos e institucionales, conviniendo que los nacionalismos han sido, al fin y a la postre, “el partero de las desgracias colectivas más aniquiladoras que ha sufrido la humanidad. Reproducirlo en los inicios de este siglo XXI es suicida y un homicidio a un tiempo”. Ambos anuncian una bofetada de Europa al nuevo estado catalán, que quedaría fuera de la UE y de sus ayudas. Así lo notarían en su propia piel los agricultores catalanes, que dejarían de percibir ayudas agrarias, las escuelas (perderían las ayudas alimenticias), los trabajadores (habrían de renunciar a los fondos de cohesión y solidaridad), los estudiantes (adiós a las becas Erasmus), los investigadores (se esfumarían ayudas a proyectos)…

 
Todo ello sin contar con la criba financiera derivada del independentismo, que llevaría aparejada la imposibilidad de obtener liquidez o financiación en el BCE, dificultades para emitir deuda pública en el caso de que la secesión se materializase.

Según Marcos, coordinador del libro, "la gente puede querer ser independiente pero tiene que saber también, claramente, los riesgos que tiene una decisión de ese calado. Los catalanes tienen que saber que habrá menos pluralismo y que puede que también más corrupción, ya que procesos como éste están manejados por las elites. Hay que explicar bien las cosas, como la falacia del derecho a decidir, porque en el caso de decidir tenemos que decidir entre todos".

3.- Costes lingüísticos.

El catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad del País Vasco, Aurelio Arteta, analiza en el volumen los costes de las políticas lingüísticas que lleva aparejadas el separatismo. Arteta mantiene que, tanto en Cataluña como en el País Vasco, “estas políticas han ocasionado el sufrimiento de muchos, la desigualdad de oportunidades de los ciudadanos, la quiebra de la comunidad política y además derroches presupuestarios”.

El catedrático indica que una situación independentista provocaría una inmersión lingüística más acentuada “y, en consecuencia, una mayor imposición para los castellano hablantes”, y una restricción del mercado lingüístico. Arteta hace hincapié en que “las lenguas autonómicas levantan unas barreras institucionales para acceder a un buen número de empleos, sobre todo, públicos".

4.- Costes culturales.

Por su parte, Enrique Helguera de la Villa, abogado y periodista, desgrana el terremoto cultural de un posicionamiento secesionista: “La creación de una identidad colectiva despojada de toda relación con España pasa por la destrucción de la cultura común. La secesión de Cataluña dejaría una huella traumática en la cultura española, sumiéndola en una crisis psicosocial similar a la del 98 pues, como entonces, cuestiona la idea de España”.

Ramón Marcos explica a El Confidencial que la idea de poner en marcha el libro A favor de España. El coste de la ruptura "nació cuando, el año pasado, vimos que las respuestas del Gobierno al separatismo eran insuficientes. Teníamos claro que había que argumentar con razones los terribles costes que podría tener una ruptura. Nos propusimos hacer valer lo positivo de la unión y los perjuicios de la ruptura".

 (Antonio. S. Maeso. El Confidencial.)