CONSECUENCIAS
DEL BUENISMO SUICIDA.
Tolerantes y
progresistas
Un ejemplo entre cientos: en
Barcelona, donde vivo, en apenas dos meses se han producido siete homicidios en
plena calle. El último, ayer, delante de una comisaría de
policía – tiene pelendengues – donde un hombre era asesinado de un disparo por
la espalda a las diez de la mañana.
Como si fuese lo más natural del mundo que, por
desgracia, empieza a serlo. Les citaría multitud de sucesos similares, como el
serbio al que apiolaron este sábado en la calle Minería de la Zona Franca
barcelonesa donde, por cierto, hace tres semanas hubo otro crimen igualito.
Evidentemente,
muchos de estos casos están relacionados con bandas de narcotraficantes o
delincuencia organizada en general, pero hay que preguntarse el por qué. Simple:
las mafias de toda Europa, e incluso de
Marruecos, se han instalado en nuestro país porque aquí viven divinamente y
operan con total libertad.
Tal cual, aunque suene increíble. Es lo que tiene
estar gobernados por gente tan progre, tan tolerante, tan solidaria y tan
progresista.
Y esa actitud, que no es inocente en modo alguno, la
secunda una parte de la población que todavía mira al mundo con gafas de
cristales rojos y cree que todavía es ministro de gobernación el teniente
general Don Camilo Alonso Vega.
Que el buenismo de la gente es peor que la mala
intención de los políticos es evidente. Les cito un caso reciente. Un magrebí sin papeles, detenido cuarenta
y cinco veces, le propinó una paliza brutal a un anciano de ochenta y ocho años
en Murcia. Motivo: el robo.
La Policía Nacional lo ha vuelto a trincar y el
agresor ha pasado a disposición judicial y está en la prisión provincial.
Saldrá, porque nuestro sistema penal está para “reinsertar” y no para “castigar", que
eso sólo lo hacen los fachas.
Y habrá quien se extrañe que con estas leyes de
chichi-nabo pase lo que pasa.
(Miguel Giménez/VozPopuli/11/6/2026.)
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