(Idioteces
climatológicas. Nadie niega el cambio climático. Se discute, por ejemplo, si es
causa exclusiva humana, o no. Entre otras cosas. Pasen y lean.)
Juan López de Uralde:
"El negacionismo del cambio climático de
Vox es irresponsable y populista".
(ElEspañol/1/12/2019.)
IGLESIA DE LA CALENTOLOGÍA.
Un buen día,
a mi admirado Forrest Gump se le ocurrió echar a correr. Y como les suele
suceder a los tontos, obsesivos por naturaleza, le cogió tanto gusto que
siguió, y siguió, y siguió, y siguió... Por el camino se le fueron sumando
adeptos. El primero de ellos confesó secundarle porque, al verle correr de
costa a costa, díjose para sí:
–Aquí hay
alguien que tiene las cosas claras, alguien que tiene la respuesta, así que le
seguiré hasta donde sea.
Tras aquel
primer discípulo, se le fueron sumando muchos otros. Pero un día, en medio del
desierto de Utah, tres años, dos meses, catorce días y dieciséis horas después
de haber comenzado su carrera, Forrest se detuvo.
–¡Silencio,
silencio! Va a decir algo –ordenó uno de los seguidores.
–Estoy
cansado. Me voy a casa –anunció con débil voz el maestro.
Y tras el
primer estupor, preguntáronse angustiados:
–Y ahora,
¿qué hacemos nosotros?
Al pobre
Brian le ocurrió algo parecido cuando empezaron a perseguirle las turbas
exigiéndole que les explicara el secreto de la vida eterna, con lo que comenzó
el culto a la Santa Alpargata en apretada competencia con el de la Sagrada
Calabaza de Jerusalén, lo que desembocaría en su crucifixión ante la cómplice
presencia del Frente Popular de Judea, batallón suicida.
Moraleja: el
ser humano siempre será el mismo borrego necesitado de rebaño, el mismo débil ansioso de certezas, el
mismo fanático presto a la agresión. La esencia es siempre la misma; sólo
cambian los detalles.
En estos
días, medio mundo está pendiente de en qué punto del Atlántico se encuentra el
velero en el que unos padres incalificables han embarcado a la niña mesías
que se ha encarnado entre nosotros para traernos la buena nueva. Ni es
científica, ni posee ningún conocimiento extraordinario, ni ha sido elegida por
nadie, y ni siquiera tiene la edad suficiente para saber de lo que habla, pero toda
la progresía mundial escucha embobada las letanías que salen de sus
infantiles labios. "¡Dejad que la niña se acerque a nosotros!",
claman los discípulos invirtiendo la frase bíblica.
Al borde de
la extinción las viejas creencias, la nueva Iglesia de la Calentología
ha irrumpido muy oportunamente para colmar los corazones afligidos. Muchos
millones se sienten reconfortados con la recién estrenada fe y felices de
formar parte de la grey de los elegidos. ¡Y pobre del hereje que no comulgue
con las nuevas ruedas de molino, porque será señalado, ridiculizado,
desterrado, abominado, condenado y arrojado a los fuegos eternos del fascismo! Pero
que se anden con ojo los clérigos calentólogos en su afán de dominar la escena
neorreligiosa, pues si el fanatismo de los seguidores es la mejor garantía de
solidez de una fe, se les avecina una dura competición con la pujante Iglesia
Feminista, provocadora de un histerismo de agresividad difícilmente
superable.
Pero, regresando a las cosas del
calentón, sigue sin estar claro esto del cambio climático por mano humana. Empezando
por la notable hipocresía que invalida su denuncia. Porque es evidente que
tanto los izquierdistas como los derechistas se distinguen por su desarrollismo
y limitan la preocupación ecologista a poco más que retórica electoralista.
Sin duda, lanzan hermosas declaraciones sobre la necesidad de cuidar el
medio ambiente, pero las iniciativas verdaderamente eficaces suelen quedar en
casi nada, mientras que ningún partido, ni de un lado ni del otro, puede
imaginar replantearse el intocable dogma del crecimiento perpetuo.
Por otro
lado, esa izquierda que con tan altas voces proclama su superioridad moral
también en asuntos ecológicos nunca conseguirá ocultar que las políticas ambientales más
catastróficas se llevaron a cabo en los países socialistas, con la URSS de Chernóbil a la cabeza.
Pero la falacia izquierdista sigue funcionando, y ahí está el fenómeno
Gore-Thunberg, mascarones de proa del ecoprogresismo actual, para probarlo.
Pero
vengamos brevemente al dogma calentológico omnipresente en nuestros días.
Porque no hace falta ser científico para advertir que en el último medio siglo el
planeta se ha calentado. Pero ese periodo de tiempo es irrelevante, pues el
clima nunca deja de cambiar. La Edad
Media, por ejemplo, fue un periodo más cálido que el actual, bautizado por los
científicos como Óptimo Climático Medieval.
También es notorio que
desde finales del siglo XVIII, momento en el que concluyó lo que los
científicos han llamado Pequeña Edad de Hielo, comenzada en torno al siglo XV,
el planeta se ha ido calentando paulatinamente. Hay viejas fotografías que
demuestran que el glaciar del Ródano terminaba a mediados del siglo XIX varios
cientos de metros más abajo de su posición actual. Lo mismo ha sucedido con los
glaciares pirenaicos y los del Himalaya. Lo interesante del dato es que ese
retroceso ya era visible hace doscientos años, cuando aún no había comenzado la
revolución industrial.
Por eso es necesario ser prudentes
al proclamar verdades científicas incontestables, pues pocos años bastan para
que pasen a ser archivadas como errores superados. Recuérdese, sin ir más
lejos, el consenso científico mundial que en los años setenta alertaba sobre la
inminencia de una nueva glaciación. Y por eso no parece sensato
negar una tendencia al calentamiento por motivos cósmicos, ajenos a la
influencia del hombre.
Pero está claro que acusando al sol
no se consigue ni agitar a las masas ignorantes, ni acumular honores
planetarios, ni recibir subvenciones millonarias ni dirigir sectas políticas.
(Jesús Laínz/LD/30/11/2019.)
Ante la Cumbre del Clima que se inaugura el próximo lunes,
el autor alerta contra demagogos y populistas, y plantea posibles
soluciones al problema.
Santiago
Calvo López
30
noviembre, 2019 02:55
Durante el
mes de diciembre, y tras la renuncia de Chile, se celebrará en Madrid la Cumbre
del Clima, una oportunidad para que científicos y políticos se reúnan para
enfocar los retos que afectan a todo el mundo relativos al cambio climático.
Sin embargo, mucho me temo que, como está ocurriendo en la actualidad, en vez
de prestar atención a los argumentos que provienen de la ciencia y de los datos
rigurosos, los políticos seguirán pensando en ganar las elecciones y tomar
aquellas medidas que generen más titulares, haciendo caso al activismo y a las
emociones.
Solo hace
falta ver como la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera,
ha hecho una invitación a través de Twitter a la afamada Greta Thunberg.
Sin tener nada en contra de la famosa niña activista, el cambio climático es
un asunto muy serio en el que es necesario hacer análisis concienzudos tanto
sobre el presente como del futuro, y dudo de que alguien de 16 años sea capaz
de realizarlos, y más sabiendo los intereses que se hayan detrás de su
movimiento.
Y es que el activismo político no hace sino alimentar la polarización de la sociedad y alejarnos de la realidad y del pensamiento cabal y crítico. Por un lado, están los escépticos que consideran que la ciencia del clima es una mentira, los cuales toman datos sesgados y puntuales, cuando lo más importante es observar la tendencia para medir el cambio climático y el impacto que tiene sobre este el ser humano. Por otro lado, tenemos a los diferentes colectivos que se presentan en los Fridays for Future, los cuales repiten consignas contra el capitalismo sin ninguna base científica.
Curiosamente,
un estudio realizado por los psicólogos Michael Hall y Phoebe
Ellsworth y el experto en comunicación y comportamiento social Neil
Lewis muestra que justamente aquellos que están más preocupados por el
cambio climático tienen un
comportamiento menos sostenible que aquellos individuos considerados como escépticos.
Lo primero
es aceptar la realidad: el planeta se está calentando y la temperatura podría
aumentar 3ºC en 80 años
Es decir,
¿hasta qué punto los que hoy se dicen defensores del medio ambiente realmente
lo que persiguen son objetivos políticos? Tomemos el caso de las denostadas bolsas de plástico,
cuyo peso en el total de plástico
vertido al mar apenas
alcanza el 0,8%, además de que según la evidencia disponible, son menos dañinas
para el medio que sus pares de papel al emitir entre un 39% y un 68%
menos de gases de efecto invernadero. Se está vendiendo un mensaje incorrecto,
a saber, cambia tu modo de vida, olvídate del capitalismo, y con la
intervención del Estado todo se arreglará.
Sin embargo, si queremos actuar en
la buena dirección, en vez de hacer caso a activistas o escépticos, debemos
escuchar y entender a aquellos que mueven el debate en la academia y que
emplean argumentos a través del uso de la razón, como es el caso del premio
Nobel de Economía, William
Nordhaus, quien en su libro El casino del clima, editado
recientemente por Deusto, aborda de manera posibilista la descarbonización del
planeta. La solución: colaboración
pública y privada.
Es decir, en la cuestión del cambio climático, lo primero es aceptar la realidad, y es que el planeta se está calentando alrededor de 1ºC desde 1900 y la concentración de CO2 se muestra, según todos los expertos, como el factor responsable de esta tendencia, que continuará en el futuro hasta disparar en 3ºC la temperatura de la Tierra en los próximos 80 años. Es cierto que es difícil hacer predicciones fiables sobre esta cuestión, porque en gran medida estas proyecciones dependen del comportamiento de los seres humanos y, además, entremedias se hallan análisis poco rigurosos que restan credibilidad a los trabajos de calidad.
Por lo tanto, está claro que debemos actuar, pero siempre ponderando costes y beneficios. En relación al clima existen los denominados puntos de inflexión, momentos de no retorno en donde superado cierto límite las consecuencias pueden ser catastróficas. Por ejemplo, en el caso de la agricultura un ligero aumento de la temperatura puede tener como consecuencia aumentos en la productividad, sin embargo, a partir de los 3ºC de aumento se estiman caídas de un tercio en el rendimiento de varios tipos de cosechas.
La solución pasa por crear
incentivos y dar libertad económica al mercado para que se adapte a las nuevas
reglas
Siendo
realistas, y según el propio Nordhaus, dados los costes y los daños del cambio
climático, podríamos aceptar aumentos de la temperatura de en torno a los 2,5ºC
con apenas consecuencias, dependiendo del grado de participación de los países
en los acuerdos sobre el clima y la tasa de descuento.
¿Qué hacer
para alcanzar dicho objetivo? La solución pasa por hacer costosas las emisiones
contaminantes, ya sea a través de un impuesto pigouviano o a través de
la creación de un mercado global de derechos de emisión. Es decir, es necesario crear los incentivos necesarios para que
aquellos que generan una externalidad negativa como es la contaminación se
responsabilicen de sus actos.
Con los recursos obtenidos por este impuesto podrían aplicarse rebajas fiscales e innovaciones dentro de las políticas públicas encaminadas todas ellas a facilitar el desarrollo de nuevas tecnologías que reduzcan el impacto que tiene el ser humano sobre el medio ambiente. No por casualidad, son los países que más apuestan por la economía de mercado los que ofrecen mejores datos de calidad ambiental, gracias a que pueden fomentar procesos productivos más eficientes, como es el caso de Estados Unidos, en donde se está reduciendo la intensidad del uso del carbono a un ritmo del 2% anual.
En resumen, es necesario actuar ante
el cambio climático, pero debemos alejarnos de los demagogos y populistas de
izquierdas y de derechas. La solución pasa por crear incentivos desde las
administraciones y dar libertad económica al mercado para que se adapte a las
nuevas reglas de juego. Es decir,
política basada en evidencia, no en el activismo; capitalismo y crecimiento
para transformar nuestra manera de relacionarnos con nuestro entorno y reducir
nuestro impacto negativo.
*** Santiago Calvo López es doctorando en Economía por la Universidad de Santiago de Compostela e investigador en el Instituto Juan de Mariana./ElEspañol/30/11/2019.)
Los números que desmienten a Greta Thunberg: las emisiones caen un 18,5% en España desde 2008.
Las emisiones del transporte suben en 2018, coincidiendo con la guerra al diésel que ha frenado la renovación de la flota de vehículos.
La Cumbre Climática COP-25 comienza este lunes en Madrid.
El evento, que se trasladó de Santiago de Chile a la capital española
por los graves disturbios que está sufriendo la capital latinoamericana,
contará con la presencia de la activista sueca Greta Thunberg, que ya navega hacia nuestro país y está llamada a convertirse en la protagonista del cónclave.
Pero el alarmismo que desplegará la joven escandinava a su paso por España choca con los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Y es que, de acuerdo con las cifras oficiales, nuestras emisiones de gases de efecto invernadero se sitúan hoy muy por debajo de los niveles de antaño.
La Cuenta de Emisiones a la Atmósfera es la publicación que mide estas cuestiones. Dicho indicador muestra una tendencia a la baja durante la última década que rompe con el discurso pesimista de Thunberg y otros activistas medioambientales. Así, en 2018 vimos que se le dedicó una amplia cobertura al dato de 2017, a pesar de que el leve repunte observado entonces era un dato aislado de la tendencia.
Pero el alarmismo que desplegará la joven escandinava a su paso por España choca con los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). Y es que, de acuerdo con las cifras oficiales, nuestras emisiones de gases de efecto invernadero se sitúan hoy muy por debajo de los niveles de antaño.
La Cuenta de Emisiones a la Atmósfera es la publicación que mide estas cuestiones. Dicho indicador muestra una tendencia a la baja durante la última década que rompe con el discurso pesimista de Thunberg y otros activistas medioambientales. Así, en 2018 vimos que se le dedicó una amplia cobertura al dato de 2017, a pesar de que el leve repunte observado entonces era un dato aislado de la tendencia.
¿Es el calentamiento global la mayor mentira de la historia de la ciencia?
Divulga Greenpeace una nota de prensa en la
que denuncia la detención en el puerto
polaco de Gdansk de uno de sus barcos estrella, el Rainbow Warrior y de algunos de sus miembros a los que llama "activistas", cuando intentaban "parar" una descarga de
carbón, combustible que según sigue afirmando Greenpeace, es el "mayor responsable del cambio climático".
polaco de Gdansk de uno de sus barcos estrella, el Rainbow Warrior y de algunos de sus miembros a los que llama "activistas", cuando intentaban "parar" una descarga de
carbón, combustible que según sigue afirmando Greenpeace, es el "mayor responsable del cambio climático".
Como siempre
en casos parecidos, Grenpeace califica su acción de "pacífica" y se
queja de que la neutralización de la misma fuera llevada a cabo por "hombres
armados y
enmascarados", creo que la traducción correcta seria "por las fuerzas de seguridad" del estado polaco.
enmascarados", creo que la traducción correcta seria "por las fuerzas de seguridad" del estado polaco.
La primera
contradicción aparece cuando en la misma nota reconoce la llamada "Organización
Ecologista Internacional" que "Polonia es el país de Europa más dependiente del carbón para su economía". ¿Les extraña entonces que
defiendan su
bienestar contra cualquier tipo de ataque, aunque los atacantes se llamen a sí mismos "pacifistas"?
bienestar contra cualquier tipo de ataque, aunque los atacantes se llamen a sí mismos "pacifistas"?
En España
hemos visto a escaladores de Greenpeace trepar por las paredes de los Ministerios
y hasta del Congreso, y poner bufandas a los leones de su fachada principal, todo ello prácticamente en la impunidad; pero no deben extrañarse
de que en otros países estas cosas no salgan gratis.
Mientras se
emiten comunicados supuestamente ecologistas tan categóricos como el que comentamos, dando por cierto que es el hombre el culpable del famoso cambio
climático, empiezan a escucharse voces científicas disidentes, algunas de las cuales se atreven a afirmar que la teoría del calentamiento global podría ser la mayor estafa de la historia de la ciencia.
climático, empiezan a escucharse voces científicas disidentes, algunas de las cuales se atreven a afirmar que la teoría del calentamiento global podría ser la mayor estafa de la historia de la ciencia.
No hablamos
de extremistas ni de científicos carentes de prestigio: hace poco tiempo se
elevaba de manera coral la voz de más de 30 climatólogos y ecólogos italianos
que por fin se atreven a manifestarse, de forma razonada y mesurada, contra las declaraciones
del famoso panel internacional para el cambio climático auspiciado y financiado por la ONU, y a su vez financiador de los trabajos de aquellos
científicos que se mueven en la línea de lo "políticamente correcto".
Uno de los
científicos más relevantes de la primera década de nuestro siglo, Nigel Lawson,
ministro que fue de Margaret Thatcher, fue uno de los primeros disidentes de la teoría oficial atreviéndose el año 2009 a calificar el "Calentamiento
Global" como "la gran mentira" y más recientemente John Casey,
científico jubilado de la Nasa de reconocida solvencia y ecuanimidad en sus juicios desafía la teoría oficial que
señala al hombre como responsable del llamado Calentamiento Global.
Lo propio
opinan 31.487 colegas suyos norteamericanos que la definen como una teoría científicamente débil
que viene fracasando en la mayor de sus predicciones; por el contrario,
la búsqueda en los ciclos de actividad solar de la explicación de los periodos
de calor y frío que podemos registrar históricamente, acierta en el 90% de las
predicciones.
La sumisión
a las instrucciones del IPPC sobre lo que debemos hacer para evitar el desastre
anunciado está teniendo muchas más implicaciones de las que se podrían imaginar sin entrar en detalles: debemos hacernos todos veganos (aunque condenemos
al hambre a los países económicamente atrasados, debemos entrar en el supermercado con bolsas sucias de varios usos, pagar por bolsas que permitirán
a los avispados ejecutivos de los establecimientos convertirnos en inocentes
anunciantes llevando impresos sus logotipos en las bolsas compradas, y un
larguísimo etcétera de incongruencias.)
Comencemos
por aclarar que el cambio climático es cierto, mejor aún, nada hay tan cambiante
como el clima. No se trata sólo de cambios en el sistema atmosférico, ya que es necesario estudiar las interacciones entre las masa de agua y las
continentales y las superficies de contacto de ambas con la masa de aire
atmosférica, y no sólo eso, porque también el fondo del mar, más o menos caliente en función de los flujos
de calor radiactivo del interior del planeta se transmite al agua a través del
fondo oceánico, de esta manera se origina el fenómeno de "El niño".
Resulta
innegable que contaminar es malo, muy malo, sobre todo para la salud, y trabajando
en este sentido cada día se va consiguiendo mejorar el aire de las grandes ciudades del mundo, corrigiendo las emisiones de las calefacciones y las
emisiones tóxicas de los vehículos.
Nadie en su
sano juicio puede negar que hay que contaminar cada vez menos, pero mucho
cuidado, porque tratar de relacionar las emisiones de dióxido de carbono de
los dos últimos dos siglos con un supuesto cambio global de las condiciones
climáticas, no es más que una imprudencia disparatada.
Si tal
imprudencia se relaciona con importantísimas inversiones económicas y toda clase
de subvenciones para los crédulos y los sumisos, podemos estar ante la mayor estafa de la historia de la Ciencia, como afirman los primeros científicos que
se atreven a hacerlo desafiando las críticas que puedan sufrir por ello.
Los cortos
ciclos climáticos de calor y frio que venimos observando en los últimos siglos,
es decir desde que hay registro, son evidentes, y los que vamos teniendo años hemos sido testigos de los últimos.
Hoy impresiona el recuerdo de algunos de
los brillantes programas televisivos del gran Félix Rodríguez de la Fuente,
en concreto los
que realizó en Canadá, donde afirmaba en 1995 lo siguiente: "estos gigantes de hielo están avanzando porque vamos hacia una nueva glaciación".
que realizó en Canadá, donde afirmaba en 1995 lo siguiente: "estos gigantes de hielo están avanzando porque vamos hacia una nueva glaciación".
Parece
esperanzador que la Ciencia abandone la asunción fanática de los principios políticamente
correctos y vuelva a su trabajo, que es la gran fórmula para que sigamos progresando y solucionemos lo que podamos acerca de unos grandiosos mecanismos naturales
que no hay más remedio que reconocer que nos superan.
Miguel del
Pino Luengo es biólogo
y catedrático de Ciencias Naturales./LD/14/9/2019.)
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