miércoles, 4 de noviembre de 2020

JUSTICIA SOCIAL

 

ALGUNAS CUESTIONES RELEVANTES. JUSTICIA SOCIAL (III)

 

¿Qué es eso de la llamada ‘justicia social’?

Empecemos dibujando algún tipo de definición: ‘Reparto justo de los bienes y servicios necesarios para el desarrollo de una persona en sociedad’. Un ejemplo claro de justicia social es que toda persona, con independencia del dinero que tenga, pueda acceder a los cuidados médicos necesarios. La educación sería otro ejemplo claro. Pero aparte de algunas cuestiones básicas, generalmente aceptadas, las diferencias y las discusiones son interminables.

 

Unos mínimos insuficientes (aunque es conflictivo delimitarlos) dejan a ciertas personas abandonadas a su suerte. Algo que una sociedad justa no puede permitir. Pero alcanzar máximos- sin tener en consideración las posibilidades reales de la sociedad en cuestión- conduce al déficit fiscal del Estado y, normalmente, a la quiebra fiscal del Estado. Todo ello conduce a un empobrecimiento general de la sociedad.

 

Un político responsable no puede escudarse en las buenas intenciones. Típico de la izquierda. Es lo que nos dice M. Weber, con la ética de principios y la ética de la responsabilidad. El defensor de la ética de principios no se preocupa por las previsibles consecuencias de sus acciones. Le bastan las ‘buenas intenciones’. Monopolio de la izquierda. 

 

Empecemos por el socialismo. Es un error tratar de practicar la justicia social de los socialistas. Peor la de los comunistas. Ambos son un repetido fracaso, porque pretenden- o lo dicen- la igualdad de resultados, que exige un insoportable intervencionismo estatal. Los comunistas persiguen algo parecido a los socialistas, con violencia. El resultado siempre ha sido el mismo, ruina económica y ausencia, o grave disminución, de la libertad. 

 

Esto es lo que viene con este gobierno socialcomunista, aunque las televisiones subvencionadas mientan a destajo. Un peligroso Estado Intervencionista y Vigilante. Gente sin escrúpulos que trata de acumular el máximo poder posible. Seis meses de alarma sin control parlamentario del gobierno. Desastrosa gestión sanitaria y económica. Manipulación de las instituciones. Y sostenido por socios filoetarras y golpistas.

 

¡Una dictadura constitucional! ¡Y el PP sigue ‘centrado’!

 

Si usted no actúa como un ciudadano, terminará siendo un súbdito.

 

Tampoco es deseable una justicia social de los liberales, tipo Aynd Rand. Porque esta famosa escritora exige un excesivo heroísmo individual, como se puede ver en la película 'El Manantial' (basada en su novela ‘The Fountainhead’), interpretada, entre otros, por Gary Cooper y Patricia Neal. No es moralmente aceptable que dejemos a todas las personas a su exclusiva responsabilidad. Algunas no pueden, y tenemos que ayudarlas.

 

Expongo la solución que me parece menos mala. Aunque sólo es una metáfora, tal vez baste para que se entienda lo que quiero decir. Supongamos que todos vivimos en una larga y amplísima carretera. Viajamos en coche. No todos los coches son iguales, pero andan. De repente, uno se para, o sale de la carretera. Tiene que haber mecanismos para ayudarle a que vuelva a la carretera y siga su marcha. Primero, debe intentarlo el afectado. Espíritu comunitario, sí. Espíritu tribal, no. La justicia social menos mala es la que no deja abandonados a todos los individuos, a su exclusiva responsabilidad, ni la que los protege, como sustitutivo estatal del ‘mamá me mima’.

 

No tiene que ser todo privado, ni todo público. Esto es fundamental en democracia. La solución menos mala es un equilibrio- inevitablemente inestable- entre lo público y lo privado. Desconfiemos, por principio, de la acumulación de poder. Por eso hay que rechazar a este peligroso gobierno socialcomunista, que quiere controlar las instituciones y prescindir de los contrapesos. ¿Es que no se ve?

 

Además del rechazo a este gobierno socialcomunista, es fundamental enseñar a ser autosuficiente. Para evitar la infantilización de la sociedad, de la que se aprovechan los demagogos y sus televisiones. También hay que enseñar y fomentar la simpatía altruista, siguiendo al filósofo D. Hume. O sea, ni el convento, ni la selva.

 

Estimular la responsabilidad individual y el orgullo de conseguir metas que me propongo. No totalmente en solitario, porque no existe Robinson Crusoe. Pero todos sabemos lo que significa el esfuerzo personal para conseguir una meta. Hay miles de admirables ejemplos anónimos que no salen por la tele. Ser capaz de conseguir un objetivo, por uno mismo, y empezar de nuevo, las veces que haga falta.

 

Es importante mentalizar- y hay que fomentar esta atmósfera- a las jóvenes generaciones de que, con su esfuerzo, van a conseguir- habitualmente- objetivos que se propongan. No lloriqueando para que otros lo consigan por ellos. O bajar el nivel para que puedan saltar las dificultades fácilmente. Esta es la mejor manera de crear gentes inmaduras, victimistas y manipulables por gobiernos sin escrúpulos, como el actual. Gentes que entienden por ‘justicia social’ vivir gratis del Estado progresista. O sea, a costa de los demás.

 

No es bueno obsesionarse con injusticias pasadas, reales o supuestas, y fomentar el rencor. Como hacen los que derriban estatuas, los guerracivilistas y similares. Tampoco hay que estimular la queja permanente, sino el sentido de la responsabilidad y el orgullo del trabajo bien hecho.

 

Recordemos que, en nuestras sociedades extensas, debemos colocar en un lugar de privilegio el respeto. Porque la solidaridad fuerte sólo se alcanza en las familias bien avenidas y en la amistad íntima. O en las sociedades primitivas, en las que la solidaridad fuerte era imprescindible para sobrevivir a los peligros del hambre, animales fieros y tribus enemigas.

 

No somos monstruos, ni ángeles. Aunque, de vez en cuando, el respeto se sustituye por el odio y el fanatismo. Y, entonces, todo es posible. El Gulag comunista, los campos de exterminio nazis, y otras monstruosidades. Pero la historia de la humanidad está llena de logros admirables, que debemos recordar y enseñar a las jóvenes generaciones. Para repetirlos. Y no regodearnos- como masoquistas- en las maldades. Basta tratar, seriamente, de evitarlas.

 

No creas que, por algún extraño milagro, podrás vivir en un ‘mundo feliz’, en el que ‘Papá-Estado’ socialcomunista te lo dará todo. Gratis y sin pérdida de libertad. El autoengaño es una grave y peligrosa enfermedad del alma. Como decía Ortega, proponte un proyecto ilusionante de vida y lucha por él. Sin proyecto vital, ¿qué eres? Un caminante sin rumbo.







 

 

(Sebastián Urbina/MallorcaDiario/4/11/2020.)

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