el técnico del sporting pierde los papeles en el parking
Preciado se toca los genitales y tira
una botella al autobús del Madrid
Manolo Preciado y José Mourinho protagonizaron el último capítulo de su pique en el parking de El Molinón. Preciado perdió los papeles por completo al final del partido y montó una escena lamentable para provocar a Mourinho en el aparcamiento de El Molinón.
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX
PRECIADO, UN POBRE IMBÉCIL.
Algunas personas creen que las películas del Oeste son, solamente, películas 'de tiros'. Pero no es así. Al menos las buenas películas del Oeste, por debajo de las apariencias, muestran o sugieren un universo de pasiones, vicios y virtudes del ser humano. Grandezas y miserias que se deslizan sobre el espectador con un gesto, una mirada, un grito....
No, las películas del Oeste son mucho más. Al menos las buenas.
El fútbol no alcanza las altas cotas de épica y estética que puede conseguir el buen cine. Pero el fútbol no consiste, solamente, en dar patadas a un balón. A veces, el fútbol permite ver el alma humana. El trato verbal con el adversario, discreto o barriobajero, el choque noble o encanallado, la disculpa o el escupitajo, la zancadilla o el rodillazo... En fin, el ser humano se muestra en la victoria y en la derrota. Su nobleza o su miseria moral, difícilmente pueden esconderse en estos momentos de exaltación incontrolada y multitudinaria.
Pues bien, ¿cómo puede un entrenador de fútbol exigir decencia y dignidad a sus jugadores si se comporta como un asno histérico?
Resumamos brevemente los hechos.
El Sporting de Gijón es un equipo modesto cuyo objetivo es no descender a segunda división. Cuando visitaron al Barcelona, el entrenador Preciado decidió alinear a ocho reservas. No es necesario ser entrenador de fútbol para saber que esto significa entregar el partido. Aquí no se discute si hizo bien o mal, aunque en la liga inglesa se sanciona al equipo que da la impresión de que ha entregado el partido.
El entrenador del Madrid comentó que ir a jugar a Barcelona con ocho reservas era entregar el partido. Esto perjudica a los demás, a menos que haga siempre lo mismo. O bien, que lo haga cuando visite el Madrid. La reacción del entrenador Preciado fue llamar 'canalla' y 'mal compañero' a Mouriño, entrenador del Madrid. Y, de paso, calentó el partido que el Madrid tenía que jugar en Gijón.
Afortunadamente, no pasó nada serio. Pero el asno histérico, en vez de quitarse de la escena (lo que hubiera hecho si tuviera un mínimo de vergüenza) lanzó una botella al autobús del Madrid, como un vulgar fanático de meninges deterioriadas. Y ya, como máximo e irrebatible argumento, se tocó los cojones. A dos manos. Un monumento, sí señor.
Si caminamos por esta peligrosa senda, el día menos pensado habrá desgracias que lamentar. Y la mecha la habrán encendido los asnos histéricos que, como Preciado, han vomitado su odio, su rencor, su impotencia y su mediocridad.
Debería encerrarse en un establo. Al menos por un tiempo.
Sebastián Urbina.