Mostrando entradas con la etiqueta CRISIS EN ESPAÑA.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CRISIS EN ESPAÑA.. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de enero de 2011

¿EN MANOS DE IRRESPONSABLES?




UNA CRISIS ECONÓMICA, UN PROBLEMA POLÍTICO.


Existe una frase de Keynes que debería esculpirse a fuego en el frontispicio del palacio de la Moncloa. Justo encima de las escalerillas donde Zapatero recibe a sus visitantes. No sólo para conocimiento del actual inquilino del palacio presidencial, sino también para futuros ocupantes. La rescató hace algunas semanas Robert Skidelsky, sin duda su mejor biógrafo.

Sostenía el maestro de Cambridge que en política -y también en el mundo académico- algunas personas parecen inferir que “se puede hacer crecer la producción y los ingresos aumentando la cantidad de dinero”. Y continuaba, “pero eso es como intentar engordar comprándose un cinturón más grande”.

En España, hoy al cinturón es lo suficientemente largo no sólo para cubrir la panza, sino que además le sobran varios agujeros. Probablemente tantos como tiene el propio cinturón. Sobra de todo, como decía hace algún tiempo el profesor Ontiveros. Sobran fábricas de cemento, sobra maquinaria, sobran oficinas bancarias, sobran coches, sobran autopistas, sobran pisos construidos y sin habitar… En una palabra, sobra casi el 30% de la capacidad productiva que está inutilizada.

Sólo este dato explica que el ajuste vaya a durar mucho más tiempo de lo que hubiera sido razonable si hace ya algún tiempo Moncloa hubiera observado que el problema de fondo de la economía española no era la cantidad de dinero en circulación (el cinturón) ni mucho menos la capacidad de endeudamiento del Estado (el número de agujeros), sino la producción y el volumen de gasto.

Pero en lugar de instar a un reequilibrio del gasto público y privado (recortando subvenciones) para evitar que el maremoto financiero atrapara a la parte sana del tejido productivo (dejando caer a la parte enferma), Zapatero inició una especie de fuga hacia adelante con el objetivo de mantener artificialmente la economía.

Y ahora, cuando la crisis es un mal recuerdo para muchas economías avanzadas, resulta que España se encamina hacia un año 2011 extremadamente difícil. Hasta el punto de que el año próximo no será capaz de recuperar ni uno solo de los dos millones de puestos de trabajo -han leído bien- destruidos en los últimos tres años, lo que pone de relieve la intensidad del problema. Una crisis única La crisis de 2011, sin embargo, tiene una característica propia que la hace única. Llega cuando la sociedad está exhausta de tantas malas noticias -lo que se traduce en una desconfianza general sobre la situación-; y llega cuando los instrumentos de política económica para combatir la brutal caída de la demanda que se ha producido desde 2008 se han agotado.

O dicho en otros términos. El margen de maniobra del Gobierno actual para enderezar la situación echando mano de la política fiscal es nulo, lo cual no sólo una mala noticia, sino claro exponente de una política carente de rigor que ha consistido en beberse la cantimplora cuando sólo se había recorrido la mitad de la travesía del desierto. El Gobierno ya no puede subir más los impuestos ni tampoco bajarlos, lo que condena a la política de ingresos al ostracismo, salvo que intentara dar la vuelta a un sistema tributario enfermo que hacer descansar la recaudación en las rentas salariales, lo cual penaliza el empleo. Y parece que el final de la legislatura no es precisamente el mejor momento para emprender reformas de tanto calado.

Ese es el principal error de la política económica. No sólo haber identificado mal la naturaleza de la crisis en sus albores, sino el hecho de haber malgastado la munición cuando era menos útil. Algo que explica que España afronte 2011 con un Estado inerte sin capacidad de reacción. Y no sólo desde el punto de vista presupuestario (lo cual es obvio). Algunas de las reformas económicas no han servido para nada. Los cambios en la legislación laboral sólo han estimulado los despidos; mientras que la reducción del salario de los empleados públicos no es siquiera una reforma. Es simplemente un ajuste del gasto que no tiene consecuencias más allá de 2012.

El Gobierno, en lugar de abrir el melón de la gran reforma administrativa que este país necesita, ha dejado el problema para la siguiente legislatura. Y ni siquiera la reforma de la negociación colectiva o de las pensiones tendría ya efectos balsámicos a corto plazo sobre la actividad económica.

La reforma financiera es la única que realmente ha echado a andar, pero no parece razonable pensar que el sistema crediticio -en particular las cajas de ahorros- puedan recoger los dividendos si antes no son capaces de instar a una bajada generalizada de los precios inmobiliarios. El empleo -y, por lo tanto, el crédito- no volverá a crecer hasta que las casas pierdan otro 15%-20% de su valor.

Entre otras cosas porque la renta disponible de las familias no da más de sí, como el jueves se encargó de recordar el Banco de España. Llama la atención que con la que está cayendo en la economía española, las familias estimen que, descontados los efectos de la inflación, el valor real de su vivienda principal disminuyó un 6,9% entre el último trimestre de 2005 y el primero de 2009. Una reducción verdaderamente inocua para un mercado que llegó a estar sobrevalorado en alrededor de un 20-30%, como puso de relieve en su día el propio banco central.

La economía española, por lo tanto, está en manos sólo de decisiones políticas. Y no parece que el calendario electoral durante los próximos 15 meses -diseñado por el enemigo- sea el más propicio para atender reformas en profundidad destinadas a recuperar la confianza de los agentes económicos en el futuro del país. La crisis ya no es económica, sino política. (Carlos Sánchez/El Confidencial)

miércoles, 22 de diciembre de 2010

PREOCUPACIÓN E INQUIETUD.






PABLO BARRANCO SERÁ EL NUEVO PRESIDENTE DE LA FORMACIÓN

Nace Vía Democrática, nuevo partido político preocupado por la corrupta clase política, la inmigración y la defensa de los valores Occidentales

La escena política tiene nuevo protagonista: Vía Democrática. El nuevo partido ha visto la luz hace unos días tras celebrarse su constitución en Barcelona, a la que asistieron sus fundadores. La nueva formación política capitaneada por Pablo Barranco, anterior secretario general de PxC, nace apoyada por un nutrido grupo de dirigentes y militantes de aquella formación, con ideas claras sobre temas como el proceso de invasión de inmigrantes o el avance islámico y una vocación seria “de limpieza y regeneración de la política y su casta” .
XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Con independencia de que esta nueva formación tenga éxito, o no, lo que muestra es la preocupación e inquietud que estamos viviendo.

Padecemos una grave crisis. Lo menos que puede hacerse es reconocer la realidad y buscar remedios. ¿O habrá que ver la Sexta y escuchar a Rubalcaba? ¿O seremos antipatriotas?

domingo, 28 de noviembre de 2010

¿CRISIS? ¿QUÉ CRISIS?







Ignacio Glez. Galán y L. Torres .

Los principales directivos de las más importantes empresas y entidades financieras españolas dieron ayer un autentico baño de realidad el presidente del Gobierno en la culminación de una semana en la que el crédito de España ha quedado dinamitado por la gestión del ejecutivo socialista.

Los 37 empresarios que acudieron a la foto-cita del Palacio de la Moncloa, advirtieron al jefe del Ejecutivo de que nuestro país atraviesa “una situación dramática y de verdadera emergencia” por lo que le exigieron que “gobierne usted de una vez”. Por su parte Zapatero prometió acelerar las reformas en materia de pensiones, cajas de ahorros y negociación colectiva. Para alguno de los asistentes este calendario de medidas es “ilusorio”.

Lea la información completa en la edición impresa de LA GACETA.

martes, 12 de octubre de 2010

CRISIS EN ESPAÑA.






Pericay, Velarde y García Cortázar
Juan Velarde Fuertes (economista)
1. ¿Cuáles son los principales males que aquejan hoy a España?
Fundamentalmente tres. El primero, haber surgido, como pronosticaron en 1930 Keynes y Ortega y Gasset, y curiosamente ambos en Madrid, una sociedad masificada y a la par, como la bautizó Galbraith, opulenta, para la que el pecado fundamental es «no ser diferente», y que alteró todos los valores tradicionales. El segundo, una crisis económica como probablemente nunca padeció la economía española. Y el tercero, una progresiva pérdida de peso en el aspecto internacional. La prueba está en el abandono de posibilidades en el G-8, el fracaso de la presidencia española de Europa, las extrañas alianzas que buscamos en el ámbito iberoamericano, y no digamos el fracaso inherente a la política de «alianza de civilizaciones».
2. ¿Tiene sentido retomar el discurso regeneracionista?
Los regeneracionistas tuvieron algo simpático, pero adolecían de dos ignorancias. Cuando tuvieron poder, por eso, hicieron estropicios. Un caso típico de ellos, porque era un heredorregeneracionista, fue Azaña. No sabían nada de economía –caso concreto de Costa, e incluso de Lucas Mallada- y lo ignoraban todo del mundo internacional. Como vayamos así con un neorregeneracionismo fracasaremos. Añadamos que el regeneracionismo tuvo una postura laicista básica que alteró de tal manera multitud de valores que lo empeoró todo.
3. ¿Qué hacer?
Pues sencillamente reaccionar ante los tres problemas que dije al principio, que comienzan, por cierto, como plantea un catedrático de Teoría Económica, Rafael Rubio de Urquía, por la cuestión de los valores. Sin eso, se puede venir todo abajo.



Xavier Pericay (escritor y profesor)


1. ¿Cuáles son los principales males que aquejan hoy a España?
Los que resultan de nuestro actual modelo de Estado, o sea, del Estado de las Autonomías. Y no porque el modelo sea pernicioso, sino porque se asienta en un pacto espurio: el que las fuerzas nacionalistas establecieron durante la Transición con los partidos nacionales y cuyas bases han sido sistemáticamente incumplidas por esas mismas fuerzas nacionalistas. La deriva del Estado con los gobiernos de Rodríguez Zapatero, su resquebrajamiento y pérdida de identidad de puertas adentro, su inconsistencia en sus relaciones con el resto del mundo, no son sino la última expresión del deterioro del sistema que la gran mayoría de los españoles nos dimos en 1978. Un deterioro al que han contribuido asimismo los grandes partidos nacionales —y, en particular, el partido socialista— en su afán por conservar el poder a cualquier precio.
2. ¿Tiene sentido retomar el discurso regeneracionista?
Un discurso así sólo tendría sentido si fuera capaz de movilizar a un número significativo de ciudadanos. Significativo en cuanto a la cantidad y a su diversidad ideológica. Ese discurso debería aspirar a recuperar el concepto de interés común. Un concepto muy parecido al que caracterizó nuestra Transición.

3. ¿Qué hacer?
Habría que lograr ante todo que los dos grandes partidos nacionales —y cuantas fuerzas partidistas estuvieran por la labor— llegaran a un amplio acuerdo en los asuntos cruciales para la gobernación del país. Y que ese acuerdo actuara como horizonte programático y como imperativo moral, y lo mismo para nuestros representantes políticos que para el conjunto de la sociedad española.


Fernando García de Cortázar (historiador)


1. ¿Cuáles son los principales males que aquejan hoy a España?
Entre los principales males habría que subrayar la hipertrofia burocrática, la quiebra de la confianza de los gobernados en sus gobernantes, la falta de competitividad económica, el envejecimiento de la población, la erosión del patrimonio ecológico, la deficiente formación cultural de los españoles, las tendencias centrífugas maximalistas de tipo nacionalista, la ausencia de una ciudadanía fuerte defensora de los derechos propios y ajenos.
2. ¿Tiene sentido retomar el discurso regeneracionista?
En la actualidad puede servir el discurso regeneracionista solo en el sentido de animar a los intelectuales a desarrollar su función crítica respecto del poder, pero sabiendo que la sociedad actual nada tiene que ver con aquella adolescente de la época de los arbitristas, ilustrados o noventayochistas. Ahora es la sociedad española la que tiene que tomar las riendas de su propia regeneración, pero no vendría mal que los intelectuales tomaran conciencia de sus responsabilidades. Del compromiso del intelectual hemos pasado al intelectual del canapé. El intelectual puede dejar de ser un militante de partido, pero no puede renunciar a ser un educador, un dirigente cívico.

3. ¿Qué hacer?
Hay que denunciar los males que paralizan España y colaborar con los agentes sociales en la educación permanente de los españoles, canalizando las propuestas que salgan de la sociedad para preparar un mejor presente. Hay que gritar que la política tiene que ir acompañada de principios y debe devolver su prestancia a las ideologías. Hay que señalar el peligro de que la ciudadanía deje de serlo y abandone su participación política, desmoralizada por el desprestigio de la clase dirigente y la impresión de que los asuntos más importantes se deciden por fuerzas ajenas. Y hay que cerrar el paso a cualquier «cirujano de hierro».

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX