Me parece que el caso de Lindsay Clancy —no el filicidio en sí sino la respuesta de un buen número de mujeres al mismo— plantea un gran número de interrogantes con respecto a lo que nos está pasando como sociedad, a qué cambios han ocurrido o están ocurriendo en nuestra visión del mundo y en nuestros valores. Personalmente, como psiquiatra, estoy perplejo.
Tan sólo antes de ayer lo que debería haber ocurrido es que se habría celebrado un juicio para dirimir si Clancy era imputable o no en base a que sufriera un cuadro psicótico en el momento del crimen.
Cada parte habría presentado sus peritos y al final se habría decidido si era ingresada en prisión o en un hospital psiquiátrico. Punto. Pero lo que ha pasado ha sido muy diferente.
Lo que hemos visto es algo que merece calificarse de histeria colectiva: un contagio emocional rapidísimo en grupos amplios de mujeres, que se han identificado con Clancy y han empatizado con ella y no con sus hijos. (Asesinados)
Pablo Malo/LibertadDigital/13/9/2026.)
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