Mi nuevo libro, Desmontando el progresismo. La izquierda en sus cavernas, llega pasado mañana, día 29, a las librerías. Utlizo el concepto progresismo, el nombre con el que los diversos sectores de la izquierda han rebautizado su ideología, y dedico el libro a explicar por qué las cavernas ideológicas más preocupantes están en la izquierda y no en la derecha:
La caverna terrorista, en primer lugar, o los continuados coqueteos de la izquierda con diversos grupos terroristas situados en ideologías de extrema izquierda o ultranacionalistas como ETA, las FARC y Hamás, o en el antimperialismo, como Al Qaeda.
La caverna pacifista, o las mentiras sobre el supuesto pacifismo de la izquierda frente al supuesto militarismo y gusto por la violencia de la derecha, mentiras desenmascaradas con las políticas de defensa de Obama, tan parecidas a las de Bush, con el cinismo de Naciones Unidas y con la guerra de Libia.
La caverna identitaria, o la defensa de la izquierda de algunos aspectos intolerantes del islamismo, como la discriminación de las mujeres musulmanas en Europa a través del velo y del burka, y la comprensión de los nacionalismos identitarios.
La caverna radical, o la abundante práctica de la intolerancia y del sectarismo por parte de intelectuales progresistas que presumen, sin embargo, de su superioridad moral. (Blog Edurne Uriarte)

Cuento todo esto porque la televisión española viene insistiendo en hacer series históricas que nada tienen que ver con la historia. Ya hemos sufrido en el cine una verdadera epidemia de películas sobre la Guerra Civil, y ninguna de ellas merece el menor elogio, al menos desde el punto de vista de la historicidad. La pantalla se sigue llenando de soldados republicanos con uniformes recién salidos del tinte y otros desatinos. Por no hablar de los relatos hagiográficos del tipo de Las Trece Rosas. En la tele la cosa es aún peor. Ya nos habían torturado con Hispania, que aún no se ha acabado, una serie en la que el espectador puede llegar a varias conclusiones equivocadas, a saber: a) a falta de ver el final, cabe que se convenza de que Viriato venció a los romanos; b) que lo más deseable para nuestra nación hubiese sido que los romanos fueran vencidos, como si descendiéramos de Viriato y no de Trajano o de Séneca; etcétera.