HUELGA SALVAJE DE LOS CONTROLADORES.
Según ha relatado Cristina Losada a LD y esRadio, la situación en el aeropuerto de Madrid Barajas, cerrado por la huelga salvaje en forma de bajas masivas, es caótica. "Estamos muchísimos viajeros, mucho más que en un viernes corriente. La sensación que hay es de estar anonadados ante una situación indecente, impresentable".
Relató que están "mal informados" y que se han limitado a dar un "breve comunicado" por megafonía en el que apenas se decía nada. Muchos de los afectados, explicó, se van de vacaciones y finalmente no podrán hacerlo. Hay otros casos, como el de un cirujano que venía de Alemania a poner una prótesis a un paciente y que, como consecuencia de la huelga, no podrá hacerlo, ha relatado Losada.
"Que baje Ronald Reagan y que echen a estos tíos", dijo la colaboradora de LD, portavoz de la indignación que cunde por toda España. "Esta forma de actuar merecería que les echaran de inmediato y fueran sustituidos por gente debidamente preparada", dijo. (LD).
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Un grupo de controladores (o lo que sea) no puede paralizar a España. Mucho menos en una situación de grave crisis económica. Que envíen a los controladores del Ejército. Que los echen, como hizo Reagan. No puede ser que todo un país esté sometido al capricho de unos trabajadores. Por cierto, con unos sueldos altísimos. Soluciones, ya. No hay derechos absolutos. Y el derecho de huelga, tampoco lo es.
Sebastián Urbina.
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CONTROLADORES AÉREOS.
En 1993, durante la presidencia de Bill Clinton, la Casa Blanca sopesó anular dicha orden ante la petición de los sindicatos estadounidenses que apoyaron económicamente su campaña electoral, pero todavía sigue en vigor.
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CHANTAJE DESCONTROLADO.
Una táctica habitual de chantaje en la lucha del colectivo de controladores contra Aena y el Gobierno es interpretar las normas de la forma más restrictiva y arbitraria posible para favorecer sus intereses particulares como grupo de presión. Con todo tipo de excusas apelan a la seguridad y al miedo, y pretendiendo ser altamente responsables y los principales garantes de la seguridad de la aviación, lo que realmente consiguen (y seguramente persiguen) es dañar gravemente su fluidez y eficiencia. Como ejemplo de falta de escrúpulos a la hora de pervertir el lenguaje, algunos si hacen un turno de noche cuentan que han trabajado dos días, el de entrada y el de salida, y así pueden afirmar que han trabajado veintitantos días todos los meses y que la empresa los explota y acosa en condiciones de esclavitud.
Según la reciente ley que regula su actividad, un controlador no puede trabajar más de 1.670 horas al año, más 80 horas extra voluntarias. Durante este año el sindicato USCA y muchos controladores consideraban que dada la plantilla efectiva no habría horas suficientes para cubrir todos los servicios, y que al final del año Aena se vería forzada por este hecho a ceder en la negociación del nuevo convenio. USCA ha acusado sistemáticamente a la empresa de mala previsión y planificación y de despreciar sus reiteradas advertencias.
Pero los controladores estaban haciendo cuentas según su propio criterio, al parecer equivocado. El Consejo de Ministros ha aclarado que no cuentan para ese máximo anual las actividades laborales de carácter no aeronáutico (los permisos sindicales, las imaginarias y las licencias y ausencias por incapacidad laboral, y las reducciones de jornada). Para las 1.670 horas se computan solamente las que los trabajadores están trabajando en frecuencia, con sus correspondientes descansos, más el tiempo de guardias y la formación con tráfico real.
Algunos controladores aparentemente deciden unilateralmente cómo interpretar la normativa y no atienden a las decisiones y aclaraciones de las autoridades competentes: una cantidad importante han abandonado sus puestos de trabajo, en lo que podría constituir un grave delito, alegando sospechosos simultáneos problemas de salud que les imposibilitan desarrollar su trabajo. Ante la falta de personal se ha restringido el tráfico aéreo, cerrando casi totalmente el espacio aéreo, causando pérdidas multimillonarias y graves daños a gran cantidad de personas que no pueden viajar en vísperas de un largo puente y en medio de una calamitosa crisis económica.
Desconozco si se trata de una actuación concertada. No sé si hay más controladores aéreos que piensan que esta actitud es demencial e inaceptable: tal vez los haya pero no se manifiestan porque se sienten atemorizados por individuos más radicales. Ojalá se den cuenta de que esta demostración del daño que pueden hacer va a dañar mucho más su ya maltrecha imagen. (Francisco Capella/LD)