domingo, 21 de enero de 2018

GOBERNADOS POR IMBÉCILES


 (Habrá que superar esta dura travesía del desierto. En caso contrario, terminaremos pareciéndonos mucho a los políticos. La mayoría.)



GOBERNADOS POR IMBÉCILES. 
 
Arturo Pérez-Reverte ha vuelto a convertirse en tendencia en las redes sociales tras tildar de “imbéciles” a la Junta de Andalucía tras la petición que el gobierno de Susana Díaz ha hecho a la organización FACUA-Consumidores en Acción.
En un comunicado, la asociación de consumidores ha explicado que Susana Díaz les ha pedido que no utilicen las palabras “consumidores” y “usuarios” porque “podría considerarse una infracción leve de la Ley General de Subvenciones”

En su lugar, la Junta apuesta emplear “personas consumidoras” y “personas usuarias”.

(La Gaceta)

EL ODIO CATALANISTA.

 (¿Se enterará Mariano de que lo que se cuece en el oasis? Tonto no puede ser. O sea, que es peor. ¿Qué es?

Es un cobarde político o político cobarde. No se trata de prudencia. Es un político capaz de navegar en aguas calmas. Pero no bravas. No se puede esperar más de este político. 

Lo dramático es que Sánchez es peor. Y el 'coletas' peor que Sánchez. Panorama desolador.)


 Es uno de los mejores deportistas que ha dado nuestro país, y en concreto la región catalana. Por no comulgar con las tesis separatistas se quedará sin el Premio Internacional de la Noche del Deporte de Mollet.

El también Policía Nacional natural de Lérida no recogerá el próximo viernes dicho galardón, a pesar de que cuenta, entre otros reconocimiento, con cuatro medallas olímpicas.
El PDeCAT de la localidad ha rechazado conceder a Craviotto dicho premio, tal y como recoge el diario Contrapunt. La formación separatista asegura que “como muchos deportistas, compagina su actividad deportiva con otra profesión, en este caso como miembro del cuerpo de la policía nacional”.
 
En este sentido, a pesar de que el PDeCAT afirma respetar todas las ideologías y profesiones, recalca que el medallista ‘’ha hecho manifestaciones y valoraciones que van mucho más allá de unos posicionamientos políticos legítimos’’. ¿Cuáles son esas palabras que no le hacen merecedor del premio?  
Defender la labor de sus compañeros policías en la región y celebrar la aplicación del artículo 155.

MATEMOS A WOODY ALLEN









WOODY ALLEN, USTED YO.
(Matemos a Woody Allen)

No conozco a Woody Allen. No sé cómo es. No sé quién es. No sé si es un padre atento o descuidado, no sé si tiene animales, si hace favores o los evita, si los pide, si madruga o remolonea por las mañanas. No sé si es leal a su agente o le miente. No sé si es egoísta, miserable; si es afable y generoso. O afable, pero egoísta. O generoso, pero mal padre. Con animales. No sé nada de él. Y tal vez usted tampoco.

No sé nada de Woody Allen ni puedo saberlo, que es lo que le pasa al planeta entero. Puedo hacer como que le conozco por sus películas, si decido practicar un ejercicio de voluntarismo que otros llamarían adivinación; puedo amarlo u odiarlo por ellas, pero no puedo saber quién es. Puedo psicoanalizar sus escenas para un semanario de información general o para un programa de televisión, si me pagan lo suficiente. Si me gusta que me miren y me gusta escucharme. Puedo reducir a certeza cada indicio y labrar en mármol conclusiones a partir de cada línea de diálogo que sepa seleccionar y se ajuste a lo que querría creer de él. Como usted, como cualquiera. Pero no sé nada de él. Usted y yo podemos creer que sí y la realidad seguirá su curso inalterable, ajena a nuestra certidumbre.

 
Si creo que Woody Allen es víctima de una esposa despechada y sañuda es porque he decidido hacerlo. Si pienso que abusó de forma innombrable de una niña de siete años es porque, entre dos presunciones posibles, he escogido la segunda. Porque no puedo saber nada. Los servicios de bienestar infantil de Nueva York y el hospital Yale New Haven de Connecticut investigaron las denuncias y concluyeron, por separado, que no hubo abuso.

Pero pudieron errar. A veces suceden cosas que luego no pueden probarse. A veces alguien se libra injustamente de la condena que merece. Tales cosas pasan. Como a veces alguien acaba acusado por motivos espurios.

Soy director de cine. No es mucho ni es poco. Trabajo con actores. No sé cómo son en casa. Intento encontrar al más adecuado para cada personaje, porque esa es mi responsabilidad como director, ese es mi trabajo. Pido profesionalidad y compromiso, y no puedo ni debo pedir mucho más, porque mi oficio es el de tratar de convertir una película en la mejor versión posible de sí misma, manejar del mejor modo las voluntades diversas de varias decenas de profesionales y llegar al final de la jornada sin rebasar el presupuesto. Si puede ser. Quizá una de las actrices sea profundamente inmoral y tenga aterrorizados a sus padres. Espero que no. Quizá uno de los actores sea atrozmente injusto con sus hijos y esté llenando sus almas de fantasmas.

Ojalá no sea así, espero de verdad que no. Prefiero, como todos preferimos, trabajar con gente buena. Pero no puedo estar seguro de que nadie de verdad lo sea, ¿cómo podría estarlo? A ninguno le pido -ni puedo pedirle, ni debería poder pedirle- un certificado de conducta sancionado por sus vecinos, ni me entrevisto con sus familiares y conocidos. Porque soy director de cine y ellos son profesionales, y mi competencia afecta a su conducta en el set, igual que ellos no pueden saber si trafico con drogas por las noches o si dono la mitad de lo que gano a la beneficencia: su deber en el set no es el de asegurarse de que yo sea una persona intachable en todos los órdenes, aunque ninguno aguantaría de mí, allí, un comportamiento improcedente.

 
No es función de la policía determinar la ubicación de la cámara, ni la mía -por fortuna para todos- averiguar quién transgrede la ley. La sociedad deposita en un juez funciones que ningún individuo debería soportar por sí solo. Un abogado tiene su propio mandato, como lo tiene el fiscal. Ninguno puede creer nada, la ley no se lo permite, no es su atribución hacerlo. Debe, en cambio, investigar. Averiguar. Determinar. Y probar.

Así que puedo -si quiero- creer cuanto desee creer, como puede hacerlo usted, de Woody Allen o de cualquiera, ¿quién va a impedírmelo? Lo que me pregunto es lo siguiente: ¿estoy dispuesto a hacerme responsable de lo que crea de él, esté a favor o en contra; a hacerme plena y completamente responsable de ello? ¿Firmaría un documento que me obligara a hacerme cargo de las consecuencias exactas derivadas de mi opinión, si la anuncio, a modo de juicio sumario -por miedo a la prensa, por miedo a la sangre, por miedo al señalamiento, por inconsciencia-, a los cuatro vientos? Yo, que no soy abogado, que no soy juez. Que no soy Dios. Que soy, quizá, director, articulista, panadero. Presentador estrella. Bailarina. Actriz. Actor. ¿Lo haría? ¿Debería hacerlo?
 

Si un músico no desea trabajar con un productor porque le da mala espina o una directora prefiere no contratar a un maquillador porque no le gusta lo que alguien le ha dicho de él, uno y otra pueden muy bien seguir su criterio. Con ponderación, espero, ojalá que de forma discreta si no tienen la plena certeza de estar en lo cierto. Con la elemental prudencia que su inteligencia les otorgue. Todos en nuestras vidas tomamos a diario decisiones y tratamos de emplear de la forma más juiciosa nuestro discernimiento. 

Pero si yo mismo, actor, directora, maquillador, músico, periodista estrella, opinadora, estoy dispuesto a acusar a alguien de forma irreparable y pública, a contribuir, con mis palabras, con mi actitud propaladora, a acabar con una carrera -¿una vida?-, a alentar una cacería sin ojos, o con miles de ellos, sin forma ni cerebro, sin gobierno, instintiva, justiciera, arrogándome una prerrogativa que la sociedad no me ha dado, fundándome en algo tan difuso y frágil como mi parecer, más me vale estar dispuesto a hacerme responsable, auténticamente responsable, personalmente responsable, de cuanto con mis actos provoque.

 U optar por esa quimera que ya nadie considera, la que ya nadie contempla: la de no tener opinión. La de no tener por qué tenerla. La de rechazar la obligación de blandir una siempre, como un estilete. La de ser prudente.

Desconozco si Woody Allen es un hombre bueno. Lo ignoro. Quizá lo sea. Tal vez sea un monstruo. Entre un millón de cazadores. ¿Lo sabe usted? ¿Puede saberlo? ¿Qué es lo que usted y yo sabemos?

(Rodrigo Cortés/ABC/21/1/2018.)

viernes, 19 de enero de 2018

PROGRES DE M.


 (Progres de M.
 Nada nuevo. Son mayoría en los medios de información-desinformación- y en los sistemas de enseñanza-adoctrinamiento. 
¡Qué buenos son!)

La Comisión Europea deja en evidencia a Évole por mentir sobre las muertes en el Mediterráneo

El organismo recuerda al showman que "se puede y se debe criticar pero...no se debe desinformar" y le sonroja con los datos de las misiones de la UE.

La Comisión Europea no se toma nada bien las campañas de desinformación sobre las labores que realizan en su día a día y mucho menos cuando hay personas bajo su mando que se están jugando la vida para llevarlas a cabo. Una muestra de ello se ha podido comprobar este viernes cuando el controvertido Jordi Évoleha publicado un mensaje en Twitter acusando a las instituciones europeas de no hacer nada para poner freno a las muertes de inmigrantes en el Mar Mediterráneo.
A pocas semanas de que su programa de reportajes regrese a las pantallas de La Sexta, el showman ha escrito el siguiente mensaje en la red social: "En el Mediterráneo: Siguen muriendo personas. Sigue Europa sin hacer nada. Sigue Proactiva Open Arms currando duro… Y ahora nos necesitan". Acto seguido, muchos de sus seguidores han aplaudido su mensaje y han pasado a criticar a la Unión Europea y a ensalzar a las ONG que están en la zona.

jueves, 18 de enero de 2018

PERO NO TODAS SON FEMINISTAS RADICALES









BARDOT Y ACOSO SEXUAL EN EL CINE.

17/01/2018 a las 20:04Actualizado17/01/2018 a las 20:07.

Brigitte Bardot considera que la mayor parte de las denuncias de acoso sexual en el cine que se han conocido en los últimos meses son «casos hipócritas» y afirma que muchas intérpretes «calientan a los productores para tener un papel».
En una entrevista con la revista «Paris Match», la que fuera actriz y mito erótico de los años 60 indicó que toda la polémica provocada por los abusos a actrices «ocupa el lugar de temas importantes sobre los que habría que debatir».

«Yo nunca he sido víctima de acoso sexual. Y me parecía encantador que me dijeran que era guapa o que tenía un buen culito. Este tipo de piropo es agradable», señaló.

Bardot, que está retirada desde hace años del cine y se dedica a la defensa de los animales, acusó a actrices de calentar a productores para tener papeles. «Después -añadió-, para que se hable de ellas, cuentan que han sido objeto de abusos».
«En realidad, más que beneficiarles eso les perjudica», indicó Bardot.
 (ABC.)