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domingo, 4 de diciembre de 2011

EL OASIS APESTA





EL OASIS. CAT

Huyendo del nacionalismo



Félix de Azúa, el último "exiliado" de Cataluña en Madrid


El escritor y periodista Félix de Azúa confiesa en El Mundo que va a ser padre y no quiere que su hija se eduque en Cataluña. (ld).


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Una sociedad que expulsa a sus mejores hijos, es una sociedad enferma. En este caso, enferma de identidad.

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Félix de Azúa se va a Madrid huyendo del nacionalismo



'Papá, ¿nosotros qué somos, catalanes o fachas?'






El intelectual catalán Félix de Azúa se marcha a vivir a Madrid porque no quiere que su hija sea educada en Cataluña, bajo “el totalitarismo del nacionalismo. (LVL).

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Félix de Azúa



“[Hemos venido a vivir a Madrid porque] no queremos que nuestra hija sea educada en Cataluña. No deseo que la eduquen unos ideólogos que la van a derivar hacia una situación indeseable con el resto de los españoles”

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El filósofo catalán Félix de Azúa deja Cataluña por su hijo



"Papá, ¿nosotros qué somos: catalanes o fachas?"


El pensador, uno de los más prestigiosos de Europa, asegura que "en Cataluña se da un totalitarismo blando parecido al peronismo en Argentina"


Daniel Tercero, 04 de diciembre de 2011 a las 21:40  (Cataluña4.com)




(LaVozdeBarcelona)

viernes, 14 de octubre de 2011

EL OASIS APESTA





La iglesia y mi bandera







En la iglesia de cualquier pueblo de España está presente la bandera nacional este día a los pies de la Virgen del Pilar. No voy a armar un escándalo en la iglesia y menos en una ceremonia religiosa. Ni mi educación ni mi fe me lo permiten. Me levanto para marcharme, aunque antes le digo a esa voz destemplada: “Me encargaré de que este incidente se conozca en toda España”’.


Carmen Leal


Jueves, 13 de octubre de 2011
11:10 (LaVozdeBarcelona)









No lo podía creer, me estaban echando de la iglesia. ¿Por qué? Era el día de la Virgen del Pilar y Fiesta Nacional de España y yo llevaba una bandera española. Ocurrió así, este 12 de octubre de 2011. Es la Fiesta Nacional desde 1931. Iglesia del Pilar, en Barcelona, calle Casanova 175. En una especie de sótano o gruta muy amplia donde el 12 de octubre de cada año se celebra una misa baturra. Acude muchísima gente por las rondallas y las jotas que se cantan y bailan durante la ceremonia.






Hace años que acudo sola o acompañada a esta misa y siempre he llevado una bandera de España. En el trayecto desde mi casa a la iglesia me suelen obsequiar con algún exabrupto como “franquista” o “facha”, cosa habitual en Barcelona, ya que confunden la enseña nacional constitucional con una fidelidad hacia tiempos de la dictadura. Cosas de la poca cultura social y política que reciben en las escuelas los jóvenes de hoy en día. Hay también aplausos, claro, e incluso halagos. Como en los toros, división de opiniones.






Voy sola y llego cinco minutos antes a la iglesia que está a rebosar. La concelebración de la misa con un obispo de Perú le ha añadido a la ceremonia un plus de interés. Con la bandera española en el brazo izquierdo y sujetando los bordes, sin ondearla, casi pegada al vestido, no se percibe. Recorro la nave lateral derecha y, a continuación, la izquierda. No hay sitio. En la nave central ni soñarlo. Un señor ataviado con el cachirulo típico de Aragón se da cuenta de mi investigación. Hablamos, me pregunta de dónde soy, tiene amigos en mi pueblo e intenta buscarme una silla. “Ya no tiene usted edad de estar toda la misa de pie”, me dice.






Sigo buscando y me coloco al final, en el fondo de la iglesia. Atisbo en los últimos bancos un lugar. Me acerco y pido permiso a la señora para ocuparlo, “pase, lo guardaba para mi marido pero se retrasa, no viene”, me dice. “¿Le molesta a usted la bandera?”, le pregunto pensando en la incomodiad del mástil que apoyado en el suelo llega hasta el hombro. “En absoluto, señora, todos somos españoles”, me responde.






Ocupo el lugar y enseguida comienza la misa. Veo subir al altar a los sacerdotes y al obispo peruano, de blanco con la mitra y las ínfulas colgando por detrás. Suenan las guitarras y comienzan los cantos. Rememoro mi niñez, mis padres, mis abuelos, las fiestas familiares. De alguna manera, el roce de la bandera me acerca a ellos. La Nación une los muertos a los vivos, los que se han ido con los que han de venir, en un continuo.






El sacerdote manda sentarse, sigue la música y de repente una voz destemplada en tono bajo me saca de mi mundo interior y me dice: “No puede estar usted aquí”. ¿Qué? “Que no puede estar usted aquí, en la iglesia, con esa bandera?”. No había caído en la cuenta de que estaba en Barcelona y aquí no se toleran los símbolos de España. ¿Cómo que no? ¿Quién lo manda? “Son ordenes del obispo, señora”. ¿Me echan de la iglesia? “No, señora, a usted no. Es la bandera la que no puede estar en la iglesia”. No doy crédito a lo que esta sucediendo.






En la iglesia de cualquier pueblo de España está presente la bandera nacional este día a los pies de la Virgen del Pilar. No voy a armar un escándalo en la iglesia y menos en una ceremonia religiosa. Ni mi educación ni mi fe me lo permiten. Me levanto para marcharme, aunque antes le digo a esa voz destemplada: “Me encargaré de que este incidente se conozca en toda España”. En Barcelona, y por orden del obispo, a una señora con todos los años cumplidos le echan de una iglesia por el delito de llevar una bandera de España el día de la Hispanidad y de la Virgen del Pilar. El virus nacionalista ha llegado a intoxicar hasta al obispo de Barcelona.




Carmen Leal es profesora de Lengua y Literatura españolas

viernes, 1 de julio de 2011

EL OASIS APESTA.

















LA CARABELA DE COLÓN.

Mientras el barómetro de la Generalitat (CEO) introduce las preguntas adecuadas para que salgan las repuestas convenientes (un 42,9% estaría a favor de la independencia y sólo un 28,9% en contra), Bildu descuelga a España de los mástiles del País Vasco y TV3 mitifica en un publirreportaje a la Crida, aquel movimiento que comenzó haciendo campaña con Herri Batasuna a las elecciones europeas y acabó pringada por el atentado de Hipercor (21 personas muertas y 45 heridas).


Oficialmente, unos pasan ahora por ser los ángeles de la paz, y la otra, la "Crida a la solidaritat en defensa de la llengua, la cultura i la nació catalanes", según TV3, la respuesta romántica de unos jóvenes idealistas contra el colonialismo español. Así se escribe la historia. Y así se logra borrar cualquier vestigio que contradiga la identidad impuesta. Con la suficiente perspectiva y tiempo, todos, asesinos y simpatizantes acabarán apareciendo como patriotas necesarios. Sobre todo si, al frente de TV3, hay una profesional del independentismo llamada M. Terribas, convencida de que la profesión de periodista consiste en "fer país". Y con buena conciencia, como hacía el Nodo.

Paseando por el puerto de Barcelona, justo donde desembocan las Ramblas y salían las golondrinas hasta el rompeolas, ya nadie echa en falta la Nao Santa María, la carabela de Cristóbal Colón quemada por Terra Lliure y hundida discretamente por la Diputación en lugar desconocido. Era una estampa mítica y estética del descubrimiento donde la chiquillería subía para convertirse en uno más de aquellos valientes marinos que desafiaron al océano en una cáscara de nuez para mayor gloria de España.


Eso era precisamente lo que quisieron borrar los militantes de Terra Lliure y, su marca blanca, la Crida. Aunque como ETA y Bildu, también Terra Lliure y La Crida se repartieron papeles. Unos, los malos, y otros, los Guardiolas con sprays. Todos, compartiendo fines y maquillando métodos. Hasta Pujol se ha atrevido a justificarlos ahora. Como si nunca los hubiera financiado...


El puesto de semillas para palomas, muy cerca de la Nao de Colón, la señora con los periquitos amaestrados al hombro, el carrito de los helados y el fotógrafo con un pie de cámara, ya no existen; su lugar lo ocupa ahora el diseño y la identidad. Sólo los más viejos recuerdan estas estampas de vida y memoria, estampas que se entierran mientras se desentierran columnas identitarias frente al Museu Nacional d'Art de Catalunya. El forcejeo de la historia.


La Carabela Santa María, la Nao capitana de Colón, varada, con el casco inundado y roto, fue abandonada en la Bahía de Cabo Haitiano, en la costa norte de la actual república de Haití, en la noche del 24 al 25 de diciembre de 1492. La que estaba fondeada en el puerto de Barcelona frente al monumento a Colón fue una réplica para realizar la película "Alba de América", en 1951. Una vez rodada, se cedió al museo marítimo de Barcelona. A partir de entonces, pasó a formar parte de la estampa más característica del puerto junto a las golondrinas. En 1990 y después de cuatro atentados de grupos independentistas, fue hundida discretamente al ser considerada símbolo de la españolidad en un lugar indeterminado entre Arenys de mar y Canet. Sin ruido. Ni la Diputación, ni el Ayuntamiento, ni la Generalitat tuvieron interés alguno en restaurarla, ni en sustituirla. Tampoco en rehabilitar su memoria en la comunidad donde cada día se inventan tantas.


Sólo han pasado 20 años desde su desaparición y ya nadie parece echar en falta su ausencia. Como la nave capitana de Colon, cada día se borra de la memoria colectiva de Cataluña todo lo que recuerde a España. Es una labor de carcoma silenciosa. Menos mal que la limpieza simbólica de las encuestas delata la frivolidad gratuita de la moda independentista. Mientras un 42,9% de la población dice querer la secesión, sólo un 25% la quiere hacer efectiva con un Estado independiente. Lo de siempre, puro chantaje. 
 (Antonio Robles/ld)

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UN DETALLE CARIÑOSO CATALANISTA.





El alcalde de Barcelona, Xavier Trias, consideraría una desgracia tener un yerno seguidor del Español o del Real Madrid. Trias, que este viernes ha tomado posesión del cargo, así lo afirma en un documental sobre su campaña electoral. (MD)
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¡¡Pero qué gilipollas son!!