domingo, 6 de febrero de 2022

LA IZQUIERDA Y LAS NUEVAS TECNOLÓGICAS

 

 Las grandes tecnológicas disparan sus beneficios en plena pandemiaLas grandes tecnológicas gastan 97 millones al año en lobby en la UE |  Compañías | Cinco Días

LA IZQUIERDA Y LAS NUEVAS TECNOLÓGICAS.

 

En el mundo hay más de seis mil millones de teléfonos móviles y más de dos mil millones de ordenadores con acceso a internet.  El buscador de Google se usa por más del 80 por ciento de estos usuarios, Facebook tiene casi tres mil millones de usuarios y tres de las grandes tecnológicas controlan más del 70 por ciento del mercado de la publicidad digital, que ya supone más del 60 por ciento del total. Y estos ejemplos son sólo una muestra del monopolio que un puñado de empresas ostenta en internet. 

Este monopolio implica que hacen literalmente lo que quieren con la competencia o con cualquier atisbo de competencia. La esquilman, la compran, la copian o la despedazan según convenga, son innumerables los testimonios e incluso ya se ha hecho alguna película al respecto. Son un grave peligro para la innovación, pues nada crece fuera del alcance de estas todopoderosas compañías.

Tampoco pagan impuestos. El mundo virtual en el que operan les permite decidir desde la la ridícula cantidad de impuestos que pagan. O elegir el país, generalmente Irlanda para Europa, donde radicar sus efectivos físicos con un coste fiscal nulo. A sus descomunales beneficios propios de un monopolio, hay que añadir el dopaje de una fiscalidad inexistente.

Nunca ha habido tanta autocensura como en la actualidad porque el precio es ser expulsado del mundo digital

Tienen todos nuestros datos, nuestros gustos, nuestras aficiones, fobias y miedos. Todo. Nadie ni nada se libra. Y estos datos se usan para empujarnos en la pantalla con publicidad a la carta o incluso influyendo en cuestiones tan graves como es el derecho de voto o la libertad de pensamiento.

Son un peligro para la libertad de expresión y prensaSus algoritmos detectan los temas sensibles (para ellos), y así cualquier comentario sobre género, ecología, gays, razas, o últimamente vacunas del COVID, y son sólo ejemplos, supone en el mejor de los casos una caída drástica en los ingresos publicitarios, y en el peor, la condena a la cancelación, el ostracismo. Nunca ha habido tanta autocensura como en la actualidad porque el precio es ser expulsado del mundo digital. Un mundo del que es ya casi imposible salirse.

Las grandes tecnológicas son los principales baluartes de todo el wokismo y el consenso progre

Urge aplicar una legislación antimonopolio como antes se hizo con la Standard Oil o la ATT. Por cierto, esta última empresa se desmembró en las distintas “baby bells” en tiempos de Reagan, la consecuencia fue un florecimiento espectacular del sector de las telecomunicaciones tanto en innovación como en lo económico. Hoy ATT sigue siendo una gran empresa pero muy lejos del monopolio que ostentó.

Pero la izquierda se desentiende, y no sólo por los lobbies de estas compañías que engrasan para impedir cualquier propuesta de cambio. También porque las grandes tecnológicas son los principales baluartes de todo el wokismo y el consenso progre. Sus dueños son los principales actores del capitalismo moralista y sus banderas: el globalismo, la ecología política, el lenguaje políticamente correcto, las políticas identitarias y demás etcéteras que impone el recetario progre. Otra de las razones para la simpatía que tiene la izquierda hacia estas empresas.

Las grandes tecnológicas son lo más parecido a las grandes empresas estatales de antaño, llenas de soberbia, poder e ineficiencias. Sí, ineficiente, porque un puñado de compañías decide la innovación con estrategias cortoplacistas sin permitir que la tecnología se desarrolle hasta el final. Es una situación contradictoria con los inicios de internet, y su éxito, la popularización de la innovación; los famosos sistemas abiertos. Hoy son sistemas dominados por un puñado de empresas.

Como siempre la izquierda se comporta de forma paradójica y elitista, y mira para otro lado cuando no apoya, mientras las grandes tecnológicas usan su poder de forma que habría avergonzado a cualquiera de los grandes industriales de los monopolios del siglo XIX. 

(Luis Asúa/La Gaceta/6/2/2022.)

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