LA RAÍZ ESPAÑOLA DE LOS ESTADOS UNIDOS.
El filósofo francés Hippolyte Taine sostenía que la España de los siglos XVI y XVII representó uno de los momentos más elevados de la historia de la humanidad. No es una afirmación que se recuerde de manera habitual en el debate contemporáneo, pero, en los últimos años, el cineasta José Luis López-Linares ha decidido volver sobre ella desde un terreno poco frecuente: el documental histórico. Con España, la primera globalización mostró que no hubo meridiano que se nos resistiese. Tras su éxito, la exuberante Hispanoamérica, canto de vida y esperanza reivindicó nuestra huella profunda e indeleble en el Nuevo Mundo.
El viernes 17 de abril, la productora López-Li Films estrenará We The Hispanos, la última película documental de la trilogía. Coincidiendo con el 250 aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, López-Linares avanza en el tiempo respecto a su anterior cinta y desplaza el foco al norte. Nos descubre la raíz española de los Estados Unidos de América. La película mantiene los rasgos formales que han definido esta serie —ausencia de narrador, protagonismo de especialistas y una cuidada construcción visual y musical que ya son marca de la casa—, pero introduce un elemento diferencial: no se limita a interpretar el pasado hispano, sino que lo inserta directamente en el corazón del relato fundacional de Estados Unidos.
La historia de Estados Unidos se ha contado como si comenzara en la costa atlántica y hablara exclusivamente en inglés. We The Hispanos irrumpe ahí donde ese relato se vuelve insuficiente. Mucho antes de que las trece colonias soñaran con independizarse, ya existía en ese territorio una realidad hispana compleja que no debe seguir siendo tratada como una nota al margen. Porque no constituye un apéndice cultural dentro de Estados Unidos, sino una de sus raíces estructurales. Y esa afirmación no se sostiene desde la retórica identitaria, sino desde evidencias históricas, jurídicas, culturales y económicas que el documental despliega mientras va colmando nuestros sentidos.
Se trata de una propuesta valiente. El planteamiento de la película responde a una voluntad de «recordar», de hacer visible lo que ha quedado fuera del relato dominante. We The Hispanos no aspira a una equidistancia académica, sino que pretende introducir un contrapeso para despertar la autoestima y el autorrespeto de un pueblo que ha acabado por ser el principal consumidor de su propia «leyenda negra».
La cinta comienza desmontando uno de los supuestos más arraigados en el imaginario norteamericano: su origen exclusivamente anglosajón. La presencia de la hispanidad no trata solo de exploraciones tempranas o enclaves aislados, sino de procesos civilizatorios completos: agricultura, urbanismo, derecho y religión. La introducción del viñedo en California en el siglo XVIII, ligada a la liturgia católica, no es una anécdota; constituye el origen de una de las industrias emblemáticas del país. Del mismo modo, la influencia del llamado spanish tingle en el nacimiento del jazz apunta a una idea de mestizaje cultural continuo.
Entre las afirmaciones sugerentes que realiza López-Linares destaca el momento en que Estados Unidos deja de ser una estrecha franja atlántica y se convierte en un proyecto continental. La expansión hacia el oeste no se produce sobre territorio yermo, sino sobre tierras configuradas por el mundo hispano. La guerra con México y el Tratado de Guadalupe Hidalgo no solo redefinen fronteras: transforman identidades. Comunidades como la de los «californios» pasan de ser «hijos del país» a minorías desposeídas dentro de un nuevo orden político. Sin embargo, y este es uno de los argumentos clave del documental, a diferencia de lo ocurrido con las poblaciones indígenas, la cultura hispana no puede ser erradicada ni relegada: posee una densidad histórica y social que justifica su continuidad.
En lo jurídico, el caso de Luisiana —cuyo derecho civil hunde sus raíces en «Las Siete Partidas»— cuestiona la supuesta homogeneidad del sistema legal estadounidense. En lo lingüístico, el español resiste no como idioma de inmigración, sino como lengua anterior al propio país. En lo urbano y cultural, ciudades como Nueva Orleans conservan trazas inequívocamente hispanas, a menudo invisibilizadas por «relatos» posteriores.
Sin embargo, el documental no se detiene en esa constatación estructural. Da un paso más allá y aborda uno de los puntos más sensibles del relato nacional estadounidense: su propia independencia.
Lejos de la narrativa dominante que privilegia la alianza francoamericana, We The Hispanos documenta el apoyo decisivo de la monarquía española: financiación, armamento, logística y campañas militares como las lideradas por Bernardo de Gálvez en el Golfo de México. La independencia estadounidense aparece así como nunca nos la habían contado: un episodio inscrito en una compleja red de intereses imperiales.
El contraste entre la consolidación institucional de Estados Unidos y la fragmentación del mundo hispanoamericano tras las independencias del siglo XIX introduce una lectura geopolítica deliberadamente controvertida. Dejando a un lado la corrección política, se sugiere cómo esa ruptura debilitó un espacio previamente integrado, generando —al menos en parte— las condiciones que explican los flujos migratorios contemporáneos.
Con más de 60 millones de hispanohablantes, Estados Unidos se ha convertido en el segundo país de habla española del mundo. Frente a visiones que asocian lo hispano con marginalidad o periferia, el documental propone entender esa presencia, que no sólo es demográfica, como una fuerza cultural portadora de memoria y continuidad.
We The Hispanos construye así un discurso coherente: el de un país cuya historia sólo puede comprenderse plenamente si se reconoce su dimensión hispana. No como un añadido tardío, sino como un componente originario sistemáticamente ninguneado. En ese gesto de restitución histórica —consciente, deliberado y abierto a debate— reside su valor, tanto como en lo artístico y evocador. Siendo la película más «política» de la trilogía, conserva la esencia de canto poético con que López-Linares acostumbra a recorrer nuestro pasado. Los hilos conductores narrativos continúan siendo la música, la comida, que es nuestro lenguaje del amor, y la fe. La Virgen de Guadalupe es la abanderada que devolverá la forma de ver el mundo, la expresión de aquella grandeza que un día llevamos al nuevo continente y que consideramos la Verdad que debe iluminar todas las latitudes.
Aunque el documental se proyecta explícitamente hacia Estados Unidos, también interpela a los «españoles de ambos hemisferios». No se trata sólo de corregir un relato ajeno, sino de revisar el propio: el modo en que se ha asumido, fragmentado y debilitado una continuidad histórica que constituyó, durante tres siglos, una de las grandes estructuras culturales del mundo. En ese sentido, We The Hispanos no sólo pone el acento sobre lo que Estados Unidos fue, sino también sobre lo que la cultura hispanoamericana ha dejado de reconocer en sí misma.
*La supervivencia de este tipo de proyectos en las salas de cine va unida irremediablemente a la afluencia de público en su primer fin de semana de exhibición. En mi ánimo de recomendarles entusiastamente que acudan al estreno el viernes 17 de abril, o la soliciten en sus ciudades de no estar programada su proyección, he tratado de sugerir y no «destripar». Les corresponde a ustedes el placer del descubrimiento.
(Esperanza Ruiz/LaGaceta/14/abril/2026.)
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