Marruecos no es un socio difícil, un vecino incómodo o un competidor agresivo. Es un Estado hostil que utiliza la inmigración, el chantaje territorial y la presión diplomática contra España, mientras nuestros gobiernos financian su estabilidad, protegen a los menores que abandona y adaptan nuestra política exterior a los deseos de Mohamed VI.
La hostilidad no se mide por las bonitas sonrisas en las cumbres bilaterales, sino por los hechos.
Y estos demuestran que el país magrebí actúa como un matón de patio de colegio porque ha descubierto que comportarse así no tiene coste alguno.
(LibertadDigital/Emilio Montilla/8/8/2026.)
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