Una de las escenas más estupefacientes del final del verano es presenciar -lo hago en primera persona- cómo voceros socialistas que no tienen que llevar a sus hijos al cole escoltados por policías y que no están obligados a vivir confinados en sus casas para no pisar la calle llena de porquería e inseguridad, llaman a los ceutíes xenófobos y racistas.
Entre las ignominias del sanchismo, esta es de las peores. El mundo al revés. Hay que tener una desvergüenza supina para dar lecciones de acogimiento, tolerancia y convivencia a una ciudad que es el ejemplo prístino de todo ello.
(Mayte Alcaraz/ElDebate/2/9/2026.)
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