ÁRABES EN ISRAEL. Juan Caldes/2/11/2026/LibertadDigital.
Israel
vota y sus ciudadanos árabes deciden.
En un país que con frecuencia es descrito en el
debate internacional como un Estado apartheid,
los ciudadanos árabes participan en las elecciones nacionales, constituyen sus
propios partidos, eligen a sus representantes y han conseguido una representación
parlamentaria capaz de resultar decisiva para determinar
quién gobierna el país -
No hablamos de una representación
simbólica: 19 diputados en una Knesset de 120 miembros, con capacidad
matemática para inclinar la balanza hacia los 61 necesarios para formar
Gobierno. Y hay otra cuestión fundamental: los partidos árabes
no son un bloque homogéneo.
El resultado electoral obliga a abordar una
cuestión que en Europa se menciona demasiado poco. ¿En cuántos países de Oriente Medio podrían los ciudadanos judíos
organizar partidos propios, concurrir libremente a unas elecciones
nacionales y obtener una representación parlamentaria capaz de decidir quién
gobierna? La comparación
resulta inevitable.
Israel es un Estado que se define como el
Estado-nación del pueblo judío, pero también una democracia parlamentaria en la que sus ciudadanos árabes votan, crean partidos,
consiguen representación y pueden convertirse en actores decisivos de la
política nacional.
Y quizá esa sea una
de las imágenes más importantes que dejan estas elecciones: un Israel
democrático, plural y políticamente fragmentado en el que
una comunidad que representa alrededor de una quinta parte de la ciudadanía ha
conseguido llevar a 19 de sus representantes a la Knesset y situarse en el
centro de las negociaciones para decidir el próximo Gobierno.
Netanyahu sigue
siendo el principal protagonista de la política israelí. Eisenkot lidera la
principal alternativa. Pero ahora ambos saben que existe un tercer actor con
una fuerza parlamentaria histórica. Israel ha votado. Los ciudadanos árabes
israelíes también. Y
sus votos cuentan.

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