TRUMP NO ES PEOR QUE LOS DEMÓCRATAS.
Una de las supersticiones más
arraigadas entre los biempensantes consiste en pretender que los presidentes demócratas de Estados Unidos representan la moderación, el respeto al derecho internacional y la
defensa del libre comercio,
mientras que los republicanos encarnan lo contrario.
Una creencia que no pasa la prueba del algodón de
los hechos históricos.
Fue el demócrata Harry
Truman quien incendió Corea. Fue el demócrata
Lyndon Johnson quien arrasó Vietnam. Fue el demócrata
Bill Clinton quien destruyó Yugoslavia con la ayuda de Javier Solana.
Y fue el demócrata Barack Obama quien borró
Libia del mapa, convirtiendo aquel país en otro Estado fallido
más.
Por supuesto, los republicanos tampoco han sido
santos.
George W. Bush invadió
Irak y Afganistán, dos campañas bélicas particularmente torpes.
Pero resulta extravagante presentar a Donald Trump como la
anomalía dentro de una tradición norteamericana respetuosa con las soberanías
ajenas. El recurso a la fuerza constituye una
política imperial que trasciende las diferencias entre partidos.
La identificación entre demócratas y pacifismo resulta particularmente
absurda cuando se recuerda que fueron presidentes de ese partido quienes más
guerras decidieron emprender, siempre bajo la invocación solemne de grandes
principios morales.
La calculada ambigüedad del partido del burrito ante el ataque contra Irán confirma que sus diferencias con Trump resultan ser más estéticas que de
fondo.
Algo igual sucede con el proteccionismo. En Europa se presentan los aranceles de Trump como una ocurrencia
contraria a la tradición estadounidense.
Sin embargo, Biden no solo mantuvo buena parte de los aranceles establecidos durante el primer
mandato de Trump, sino que añadió otros contra productos chinos.
Y su política industrial, basada en subvenciones
y discriminaciones comerciales, tampoco tenía nada que ver con los catecismos
del libre mercado.
Trump no fundó el nacionalismo económico
estadounidense. Ni tampoco inventó la utilización de la fuerza militar para
imponer los intereses de Washington. Su única aportación original consiste en airear sin hipocresía aquello que los otros envuelven en retórica
universalista almibarada. Todos ellos se quemarán en el infierno, por
supuesto, pero Donald no ocupará allí ningún lugar de honor a la diestra de
Satanás.
(José Garcia
Dominguez/LibertadDigital/3/11/2026.)

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