miércoles, 4 de noviembre de 2026

TRUMP Y LOS DEMÓCRATAS

 




TRUMP NO ES PEOR QUE LOS DEMÓCRATAS.

 

Una de las supersticiones más arraigadas entre los biempensantes consiste en pretender que los presidentes demócratas de Estados Unidos representan la moderación, el respeto al derecho internacional y la defensa del libre comercio,

mientras que los republicanos encarnan lo contrario.

Una creencia que no pasa la prueba del algodón de los hechos históricos.

Fue el demócrata Harry Truman quien incendió Corea. Fue el demócrata Lyndon Johnson quien arrasó Vietnam. Fue el demócrata Bill Clinton quien destruyó Yugoslavia con la ayuda de Javier Solana. Y fue el demócrata Barack Obama quien borró Libia del mapa, convirtiendo aquel país en otro Estado fallido más.

Por supuesto, los republicanos tampoco han sido santos.

George W. Bush invadió Irak y Afganistán, dos campañas bélicas particularmente torpes.

 Pero resulta extravagante presentar a Donald Trump como la anomalía dentro de una tradición norteamericana respetuosa con las soberanías ajenas. El recurso a la fuerza constituye una política imperial que trasciende las diferencias entre partidos.

 La identificación entre demócratas y pacifismo resulta particularmente absurda cuando se recuerda que fueron presidentes de ese partido quienes más guerras decidieron emprender, siempre bajo la invocación solemne de grandes principios morales.

 La calculada ambigüedad del partido del burrito ante el ataque contra Irán confirma que sus diferencias con Trump resultan ser más estéticas que de fondo.

Algo igual sucede con el proteccionismo. En Europa se presentan los aranceles de Trump como una ocurrencia contraria a la tradición estadounidense.

Sin embargo, Biden no solo mantuvo buena parte de los aranceles establecidos durante el primer mandato de Trump, sino que añadió otros contra productos chinos.

Y su política industrial, basada en subvenciones y discriminaciones comerciales, tampoco tenía nada que ver con los catecismos del libre mercado.

Trump no fundó el nacionalismo económico estadounidense. Ni tampoco inventó la utilización de la fuerza militar para imponer los intereses de Washington. Su única aportación original consiste en airear sin hipocresía aquello que los otros envuelven en retórica universalista almibarada. Todos ellos se quemarán en el infierno, por supuesto, pero Donald no ocupará allí ningún lugar de honor a la diestra de Satanás.

 

 

(José Garcia Dominguez/LibertadDigital/3/11/2026.)

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