CEUTA, LA ÚLTIMA FRONTERA DE SÁNCHEZ.
Una nación no nace de una Constitución ni del parto con epidural de un consejo de sabios. Es una comunidad que decide qué tierra es suya, a quién reconoce como propio, qué está dispuesta a defender y a qué precio.
Luego surge el Estado: la forma en que esa comunidad se organiza y decide para qué delega el poder.
Antes que recaudar impuestos, repartir subvenciones o escribir derechos sobre un papel, el Estado tiene una obligación fundacional: proteger a su gente y mantener a salvo el territorio.
Si renuncia a eso, carece de sentido.
(Javier Benegas/TheObjective/28/8/2026.)
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