sábado, 22 de octubre de 2011

DEGRADACIÓN MORAL DE LA IZQUIERDA









LA DEGRADACIÓN MORAL DE LA IZQUIERDA.






‘Para empezar, habrá que destruirlo todo. Toda nuestra maldita civilización deberá desaparecer antes de que podamos traer alguna decencia al mundo’ (‘‘Mourian’, en Les Thibaut, de Roger Martin du Gard)




Esta utopía irresponsable y ensangrentada, ha llenado y llena, todavía, el corazón de millones de personas. Personas que creen ser mejores porque desean una especie de ‘mundo feliz’, en el que no habrá contradicciones ni injusticias, en el que existirá el ‘hombre nuevo’ (de izquierdas, por supuesto) y en el que todos seremos felices. ¿Simpleza? Sí, pero esta utopía lleva sobre sus espaldas unos cien millones de muertos.






A pesar de los insultos que han recibido los historiadores franceses, autores del ‘Libro negro del comunismo’, es un trabajo sólidamente documentado.


Si usted dice que la Stasi, la Checa, o el Gulag, son de izquierdas, será acusado de algo malo. Por ejemplo, de ser un facha, anticomunista, o de derecha extrema. La conclusión es que solamente ‘lo bueno’ es, verdaderamente, de izquierdas. ¡Hay que ser tonto para creer esto!




En cambio, si es usted católico, por ejemplo, e intenta convencer a un izquierdista de que la Inquisición ‘no es verdadero catolicismo’, será despreciado como hipócrita y falsario. Y facha. Pues bien, la Inquisición forma parte de la historia del catolicismo y la Checa, el Gulag y la Stasi, forman parte de la historia de la izquierda.




A veces se critica la utilización del término ‘izquierda’ porque se aplicaría, supuestamente, a todo tipo de izquierdas. Y esto sería injusto. Aceptemos que hay diversos tipos y las críticas, las mías, por ejemplo, sólo serían válidas (en el mejor de los casos) para una o varias, pero no a todas. Cuando escribo, supongo que mis lectores tienen la inteligencia suficiente para entender que hay términos vagos, como ‘izquierda’, ‘derecha’, ‘progresista’, reaccionario’, etcétera. También les supongo inteligencia suficiente para entender que al hablar de ‘izquierda’ no me refiero a todas y cada una de las personas que se autocalifican de ‘izquierdas’.


 Esto lo dejo para los seguidores del todo-nada, o del blanco-negro. Y, por último, también supongo, en mis lectores, inteligencia suficiente para entender que un artículo periodístico no es un tratado, y que nunca se puede decir todo. Aunque tampoco se puede en los tratados.



No es tan difícil. La distinción que hago es entre la izquierda democrática y la derecha democrática, por una parte, y la izquierda no democrática y la derecha no democrática, por otra parte. Me sitúo con los primeros (los democráticos), se llamen como se llamen. Ahora bien, circunstancialmente, puedo opinar como Fernando Savater, cuando pide públicamente que no se vote al Partido Socialista Obrero Español. Porque su actitud ante el problema terrorista y territorial, es criticable y rechazable. Aparte de haber engañado a la gente en numerosas ocasiones. Ya saben, primero ETA dejará las armas, renunciará a la violencia, luego no hay crisis económica, los brotes verdes, etcétera. Espero que cualquier persona, con un mínimo de buena fe y capacidad, entienda lo que digo.




Seguramente hay gente ‘de izquierdas’ que no rechaza la familia, la religión, la propiedad privada, la sociedad de mercado y el Estado de Derecho. El problema es que amplios sectores de la izquierda (con poder político y sin él) adoptan actitudes que van en contra de la economía de mercado, que se supone que aceptan. ¿Por qué sólo se supone? Porque, en el fondo, desprecian el capitalismo aunque no les queda más remedio que gestionarlo. Cuando ganan las elecciones. Estas cosas no sólo suceden en España.


En esta dramática idiotez han participado no sólo intelectuales ‘de izquierdas’, es cierto. Pero son abrumadora mayoría. No nos olvidemos. También desprecian a la religión (especialmente a la Iglesia Católica), la propiedad privada (especialmente la ajena) y la familia. No todos, claro es.




Es decir, la propuesta de utopías irrealizables (llenas de sufrimiento y sangre) han ido de la mano de la mentira y de la falsificación de la realidad. Un buen ejemplo lo tenemos en el libro de Martin Amis, ‘Koba, el temible’. También podemos recordar la conocida petición de J. Benda, en La traición de los intelectuales, de no subordinar la verdad al compromiso, o los avisos de H. Arendt contra las interpretaciones definitivas del mundo, entre otros.




Una profunda hipocresía atraviesa el pensamiento y la acción de la izquierda, aunque no sea en completo monopolio. Se trata, como he dicho, de su desprecio por la economía de mercado, por una parte, y su utilización, a regañadientes, por otra. Es decir, la izquierda no tiene un modo de producción propio que sea presentable. Lo ha intentado, pero ha fracasado de manera estrepitosa. Ha tenido que aceptar el modo de producción del ‘enemigo’, la economía de mercado. Esta esquizofrenia no está resuelta. Su intervencionismo en materia económica, es una permanente muestra de su deseo totalitario de dirigir de ‘forma progresista’ la economía de mercado.




Expresa, además, su desconfianza hacia los empresarios (explotadores) y con la ‘lógica’ del mercado. Recordemos el rotundo fracaso de F. Mitterrand, que quiso sustituir ‘la lógica del beneficio’, propia de los malvados capitalistas. Además, la izquierda miente de forma indecorosa cuando compara la realidad (la sociedad occidental) con un mundo ideal (la utopía de izquierdas), y ganan siempre. Porque la realidad es siempre más imperfecta que idealidad. Pero sólo ganan cuando sueñan. Y, a pesar de sus repetidos fracasos, se creen moralmente mejores. Triste y peligrosa enfermedad del alma.




Los matices, o diferentes sensibilidades, como les gusta decir, no logran esconder un rechazo frontal a cuestiones que son clave para millones de personas en la sociedad occidental. Por ejemplo, no soy creyente. Ni presumo, ni me escondo. Pero lo que no haría nunca es decir, o hacer cosas, que ofendieran los sentimientos religiosos de los demás. El que haya gentes de izquierdas que no les importe, o incluso aplaudan que se hagan exposiciones fotográficas de Jesucristo y la Virgen, follando y haciendo pajas (en Extremadura y patrocinado por los socialistas), es un ejemplo, no sólo de su falta de sentido estético sino de su falta de respeto a los demás. Es una forma grosera y zafia de insultar a los católicos. ¿Cómo pueden esperar respeto con esta vergonzosa actitud?






Pero son cobardes. No absolutamente todos. ¿Verdad que me entienden? Son cobardes porque se escandalizan cuando un dibujante danés hace unos dibujos satíricos contra Mahoma. Rápidamente el Presidente Rodríguez pidió respeto. Pero no pidió respeto por las ofensas a los católicos debido a la exposición fotográfica (en Extremadura) que acabo de comentar. ¿Por qué? Porque son cobardes. Les aseguro que si hubiera ‘grupos armados católicos’ que pusieran bombas en el trasero de los progresistas que ofenden los símbolos cristianos, irían con mucho cuidado. Por eso respetan tanto a los islamistas. Porque les temen. Y porque son un ‘competidor’ de la Iglesia Católica.




Por otra parte, el matrimonio entre personas del mismo sexo es algo tan raro en todo el mundo, que solamente ha sido aceptado en tres o cuatro países, incluido el nuestro. Lo normal es aceptar, en estos casos, ‘uniones civiles’. Y eso en sociedades democráticas. Mejor no hablar de lo que pasa en otros países con los que formaremos una Alianza de Civilizaciones. Creo que ahorcan a los homosexuales.






Otra de las hipocresías (acompañadas de degradación moral) de la izquierda, es la de distinguir entre dictaduras buenas (las de izquierdas) y malas (las de derechas). Conocidos ‘intelectuales’ de izquierda alaban y han alabado, públicamente, al dictador Fidel Castro. Y se quedan tan panchos. No les da vergüenza. Eso sí, Pinochet es malísimo porque es un dictador de derechas. ¿Se puede ser más sectario? Es muy difícil.




Uno de los grandes mitos del rojerío mundial, Che Guevara, decía: ‘Debe dársele al reo la posibilidad de hacer sus descargos antes de fusilarlo. Y esto quiere decir, entiéndase bien, que debe siempre fusilarse al reo, sin importar cuáles hayan sido sus descargos. No hay que equivocarse en esto. Nuestra misión no consiste en dar garantías procesales a nadie, sino en hacer la revolución, y debemos empezar por las garantías procesales mismas’.




El angelito firmó 1.892 condenas a muerte. Tal vez convendría leer a la escritora cubana Zoe Valdés, para no seguir tragando mitos ensangrentados y usando sus camisetas. Pero conocer la verdad puede resultar desagradable y doloroso.




Willi Müzenberger, el dirigente de la Komintern, llamaba ‘El club de los inocentes’ a estos intelectuales y artistas embobados con la izquierda emancipadora. Mentían, y se auto engañaban, como bellacos. Entre ellos, Bretch, Sastre, Hemingway o Dos Passos. Ahora se les cae la baba a Saramago y García Márquez, entre otros, cuando hablan de Fidel Castro. Aunque no es toda la izquierda.




Hay más mentiras y deformaciones, pero sólo haré una breve referencia: la de que la derecha española quiere reinventar la historia de la guerra civil.




Resulta de una increíble desvergüenza el intento de monopolizar la interpretación de la historia. La mentalidad totalitaria de la izquierda no puede entender que ellos no detentan las verdades incontrovertibles e indiscutibles. Ni siquiera la ciencias empíricas son conocimiento cierto, en el sentido de conocimiento infalible. ¿A qué se debe esta absurda y estúpida actitud? A la creencia en la superioridad moral de la izquierda. Pero es cierto. No todos son tan idiotas.




Un ejemplo destacado de tal actitud totalitaria, es el boicot a Pío Moa. Ha solicitado debates públicos y se los han negado. ¡Se ha atrevido a poner cuestión las verdades indiscutibles de la izquierda! ¡Facha! El conocido historiador Stanley Payne, dijo: ‘He oído muchos insultos contra Moa, pero pocos argumentos’. ¡Para que van a debatir si ya tienen toda la verdad y nada más que la verdad!




Hay que terminar. ¿De dónde procede la basura pseudo cultural, como las fotos obscenas de la Virgen y Jesucristo y otros muchos y variados ejemplos antisistema?


La II Internacional, proclamó en 1907: ‘En caso de que la guerra llegase a estallar, los socialistas tienen el deber de intervenir para hacerla cesar inmediatamente y de utilizar con todas sus fuerzas la crisis económica y política creada por la guerra, para hacer agitación entre las capas populares más amplias y precipitar la caída de la dominación capitalista’.




Pero ni los conflictos bélicos, ni la Revolución Rusa bastaron para conseguir sus objetivos revolucionarios. Había que cambiar, no de objetivos pero sí de medios. Ahora se trataba de modificar las conciencias. Meter el dedo en la llamada superestructura. De ahí que haya tanto progre en la Universidad y en los medios de comunicación. Aunque también en otros muchos sitios.




Fuentes fundamentales son, entre otras, Antonio Gramsci y la Teoría Crítica, a la que luego me referiré. El comunista italiano se dio cuenta de que lo previo y más importante era subvertir el sistema de valores del mundo occidental. De ahí la importancia de los intelectuales para realizar esta tarea subversiva. Y su traición a la verdad, por supuesto. En cuanto a la Teoría Crítica, está vinculada a nombres conocidos como, Adorno, Horkheimer, Marcuse o Fromm.




Como sabemos, los grandes males a eliminar eran: la familia, el cristianismo, el capitalismo, etcétera. Había que mostrar que todo esto era bazofia reaccionaria. Su apostolado se desarrolló, básicamente, en Estados Unidos. Pero el virus se extendió por Europa.



La cantidad de idioteces y deformaciones es tanta que no se puede comentar en un artículo. Por tanto, resumiré una de las ideas centrales que se desprende de sus enseñanzas, y que encontramos ya, más en bruto, en una directriz del PCUS de 1943:




‘Nuestros camaradas y los miembros de las organizaciones amigas deben continuamente avergonzar, desacreditar y degradar a nuestros críticos. Cuando los obstruccionistas se vuelvan demasiado irritantes hay que etiquetarlos como fascistas o nazis. Esta asociación de ideas, después de las suficientes repeticiones, acabará siendo una realidad en la conciencia de la gente’.




Tómenlo muy en serio, porque no tienen escrúpulos. Ni antes, ni ahora. Además, por experiencia propia puedo afirmar que es casi imposible convencer a un izquierdista. Los argumentos y los hechos (adversos) les rebotan. Pasan los años y nada. Al tener toda la razón y ser moralmente superiores, no hay nada que hacer.


Aunque, es cierto, no toda la izquierda es así.




Sebastián Urbina.

2 comentarios:

Ocón dijo...

Caramba Sebastián, qué redondo te ha quedado. Voy a enlazarlo si no te parece mal.


Saludos

Sebastián Urbina dijo...

Por supuesto. Gracias.