domingo, 2 de septiembre de 2018

¿TONTOS O SINVERGÜENZAS?



(¿Tontos o sinvergüenzas? 
Resulta difícil creer que una ministra del gobierno de España- aunque sea un gobierno socialista- sea tan tonta. 

Así que, si no estoy equivocado, sólo queda otra opción.

Produce tristeza y rabia estar gobernados por gente de este nivel tan bajo.
 Si duran en el gobierno dos años, arruinarán a España. 
Económica y políticamente. Es el progreso.

PD. Hablando de 'arrimar el hombro'. Cuando 
el psoe estaba en la oposición decía que el

 conflicto catalán era culpa de la intolerancia

 del PP. Arrimar el hombro.)


Calvo dice que no hay elecciones porque ‘no le conviene a los ciudadanos’.
La vicepresidenta descarta la convocatoria de elecciones anticipadas y pide al resto de partidos que "arrimen el hombro" con Cataluña.
Libertad Digital
2018-09-01

sábado, 1 de septiembre de 2018

LAZO AMARILLO


 EL LAZO AMARILLO, ESTIGMA CONTRA EL DISCREPANTE.
 
La guerra de los lazos amarillos continúa su escalada en Cataluña. Y como toda guerra, la primera víctima que se cobra es la verdad. Pero nunca es tarde para hacer pedagogía. El lazo amarillo, que empezó siendo una forma insidiosa de solidarizarse con los políticos presos a base de considerarlos presos políticos, ha ido ampliando su significado político hasta convertirse en un marcador identitario que ha mutado del victimismo a la agresividad, es decir, que hoy sirve antes para estigmatizar al catalán no independentista que para expresar el recuerdo de la situación procesal de un puñado de dirigentes a la espera de juicio.

 Lo ocurrido en el restaurante de Blanes -cuyo dueño, al retirar los lazos de su local, se hizo acreedor al escrache de la patrulla de la intolerancia que va por las calles de Cataluña amarilleando lo público y hasta lo privado- es solo el penúltimo incidente que llega hasta los medios, incapaces de registrar ya todas las manifestaciones de una grave fractura en la convivencia cotidiana.

En realidad, se está cumpliendo el guion que Quim Torra consignó en su último libro (Els últims 100 metres), y que describe las tres fases de su plan para la independencia de facto: protesta, no cooperación y suplantación. El irresponsable supremacista que pilota la Generalitat se propone pasar en septiembre de la primera a la segunda fase, al precio de seguir pisoteando la representación de más de la mitad de sus gobernados y de reeditar la desobediencia al Estado del que es cabeza ordinaria en la comunidad catalana, como prometió en su toma de posesión. 

Ante semejante designio, resulta necio o cobarde colocar en pie de igualdad democrática a los que colonizan el espacio público con el apoyo del Govern -y de sus Mossos- y a los que reaccionan en defensa de la higiénica imparcialidad de lo común. Unos se saben respaldados y financiados por la hegemonía nacionalista en las instituciones para quebrar la Constitución y otros se organizan civilmente para defender la ley, hartos de tragar con un dogma que hasta se proclama desde orwellianos altavoces como el del Ayuntamiento de Vic. 

Que se produzcan altercados e incluso agresiones es lamentable y condenable, pero es lo que ocurre cuando el Estado hace dejación de su función primordial: asegurar la neutralidad de la calle y la seguridad y libertad de sus ciudadanos. El desorden crece en el vacío.

De ahí que nos cueste entender el último movimiento de Pablo Casado, desmarcándose del compromiso en primera persona con la retirada de lazos después de haberla alentado, y pretendiendo que quienes perseveran en esa actitud generan una crispación estéril. Se trata de un claro reproche a Ciudadanos, después de que Albert Rivera e Inés Arrimadas se sumaran a la acción simbólica de quitar lazos amarillos en Barcelona

Da la sensación de que Casado, en su búsqueda de perfil propio, quiere evitar que se le acuse de hacer seguidismo de Rivera; pero cuando se trata de resistir la ofensiva del supremacismo no caben coqueteos con la tibieza o el tacticismo. El votante constitucionalista en Cataluña y los electores del centroderecha en toda España no entenderían que el PP se equivocase de adversario en un asunto como este, máxime cuando esperaba mayor firmeza de Rahoy cuando gobernó Cataluña por siete meses a través del 155 y cuando el relevo del tancredismo marianista había despertado la ilusión de una batalla decidida contra el nacionalismo.

(ElMundo/edit/1/9/2018.)

LA PAZ CATALANA

 (La paz catalana es muy sencilla. tienes que hacer lo que ellos haceN, y decir lo que ellos dicen.

Si no lo haces, eres un facha, un puto español.

democracia autéNtica.)





LA TENSIÓN AUMENTA EN CATALUÑA

El vía crucis del valiente empresario por quitar lazos amarillos: "Cerdo, vete a tu puta España".

"Fuera de Blanes, facha"
Juan Velarde, 01 de septiembre de 2018 Periodista Digital.

LA PEOR IZQUIERDA DE EUROPA


 (Tenemos la peor izquierda de Europa. Lamentablemente, gracias a las leyes educativas- todas socialistas y los medios de comunicación, mayoritariamente de izquierdas- se retrasa el momento de que pierdan más votos y se conviertan en un partido irrelevante. 

Como ya pasó en Italia y, más recientemente, en Francia.

Tenemos una derecha que es mala y una izquierda que es peor. ¡Qué pecado habremos cometido!

Mientras tanto, si dura mucho, Sánchez arruinará España, como ya lo hizo su amigo Zapatero.

¡Biba el sosialismo!)





LA PEOR IZQUIERDA DE EUROPA.
 
LA COMISIÓN DE LA VERDAD (UNO)

El presidente Sánchez acaba de anunciar en Sudamérica la creación de una extravagante Comisión de la Verdad cuya misión última sería fijar una versión canónica de la historia de España que abarque desde el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 hasta la muerte del dictador, el 20 de noviembre de 1975.

 Extravagante, decía, porque esas llamadas comisiones de la verdad obedecen casi exclusivamente al ámbito político latinoamericano, más en concreto a Argentina, Uruguay y Chile, los países del Cono Sur que sufrieron la barbarie militar a finales del siglo pasado. Allí, esas figuras tenían sentido en la medida en que con ellas se trataba de llevar a cabo una pesquisa judicial para esclarecer decenas de crímenes cometidos en un pasado muy inmediato por sus respectivas dictaduras castrenses.

Así, ni en Chile ni en Argentina ni Uruguay se pretendió en ningún momento fijar desde el Estado, y en concreto desde su Poder Ejecutivo, un relato oficial de la historia contemporánea de sus respectivos países. Esa misión, como no puede ser de otro modo, se les deja a los historiadores, los únicos competentes en la materia. Nada que ver, pues, con nuestro caso, el español. Entre otras razones de peso, porque la represión violenta contra los vencidos en la guerra civil de 1936 se concentró, como es lógico, en la inmediata posguerra, y de aquello pronto hará un siglo.

¿Una Comisión de la Verdad con enviados de la ONU para establecer quién mató a Durruti? ¿Qué sentido tiene eso? No ha habido comisiones de la verdad en Europa; en ninguna Europa, ni en la Occidental ni en la Oriental. No la hubo en Portugal, donde la ruptura con el orden autoritario fundado por Salazar se produjo de un modo brusco y revolucionario, esto es, sin contar para llevar a cabo la transición con el concurso del personal político de la dictadura.

Pero tampoco se produjo en ninguno de los antiguos países del socialismo real, incluida la llamada en su día República Democrática de Alemania, el territorio donde nació y vivió hasta la primera madurez la canciller Ángela Merkel. Y la razón fundamental de que no las hubiese obedeció en todos los casos al mismo motivo.

 Porque tanto en el Este como en Portugal, la longevidad de sus respectivas autocracias, al igual que sucedería en la España de Franco, llevó a que el Estado y el régimen se mezclaran y confundiesen entre sí de modo inextricable. Ante esa realidad ingrata pero insoslayable, proceder a una depuración política a fondo tras la caída del sistema implicaría desmantelar el Estado.

 Porque las sociedades polaca, húngara o checa no eran comunistas, pero las columnas vertebrales de sus Estados sí lo eran y hasta el tuétano, además. Y lo mismo sucedía en Portugal y España con sus respectivos autoritarismos de derecha.

La fantasía de la ruptura frente a la reforma de Suárez, el mito que alimenta la frustración de esa parte de la izquierda española que aún hoy sigue soñando con lo que pudo ser y no fue tras la muerte de Franco, se sustenta en una incapacidad crónica para entender eso; para entender que la ruptura habría sido imposible en cualquier caso, como imposible fue también en Portugal, porque nos hubiera llevado a una situación como la de Irak tras el derrocamiento de Sadam, cuando los norteamericanos incurrieron en la supina estupidez de crear el caos más absoluto por la vía de licenciar a todos los funcionarios estatales que procedían del partido Baaz.

La verdad histórica, y sin necesidad de comisión ninguna, es que en la Transición ocurrió lo mejor que nos podría ocurrir. Continuará.

(José García Domínguez/ld/1/9/2018.)