LA IDEOLOGÍA WOKE
La segunda victoria de Trump y el regreso de los republicanos a la Casa Blanca supusieron un freno a la agenda woke, aunque no su derrota. Es evidente que lo woke sigue al orden del día, aunque ya no con el descaro de hace unos años.
También es cierto que la carrera ideológica desenfrenada, como caballo desbocado, durante la administración Biden-Kamala, favoreció el regreso de Trump a la Casa Blanca. Eso se ha comprendido y es evidente que la izquierda estadounidense, y la europea, han tomado nota.
¿Hay una rectificación, una marcha atrás en la izquierda para priorizar la cuestión social frente a la ideología y la ingeniería social que busca transformar la misma naturaleza humana?
No parece. Más bien se está percibiendo un cambio de estrategia: menos protagonismo a las cuestiones de género, lenguaje, etnicidad y más relevancia a la cuestión del pluralismo religioso.
Las manifestaciones masivas propalestinas con motivo de la guerra en Gaza, los mensajes abiertamente antisemitas, disfrazados de antisionismo, con aparente falta de consecuencias, abrieron los ojos de los gurús de la izquierda.
La cuestión palestina y, como consecuencia, la islámica se había convertido en el principal factor de movilización electoral de una izquierda a la que los derechos LGBT, el feminismo o el lenguaje inclusivo ya no funcionaban como antes.
(Miguel Pérez Pichel(ElDebate/12/8/2026.)
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el movimiento woke ha dejado sin defensa a los individuos de las sociedades occidentales. El caballo de Troya del wokismo habría triunfado. No lo tengo yo tan claro.
Es cierto que el wokismo atenta gravemente contra los derechos y libertades de las personas y daña profundamente la cultura y la propia esencia de la democracia: la defensa del individuo frente al Estado. Nadie en su sano juicio puede poner en duda los destrozos intelectuales y políticos producidos por este movimiento social y político.
Sin embargo, tampoco nadie dejará de reconocer que ha sido el propio wokismo, su triunfo en el ámbito político y en ciertos sectores clave de las sociedades occidentales, el detonante para que haya habido una reacción intelectual y política contra su propia barbarie que yo resumiría en un sencilla afirmación: "tenemos que respetar todas las 'culturas' y 'civilizaciones' salvo la nuestra".
El wokismo, valga la paradoja, ha despertado (sic) una extraordinaria conciencia intelectual y política anti-wokista. Este nuevo despertar intelectual es de tal envergadura que está teniendo su fruto político en el mundo entero. Se diría que el esplendor de la ideología wokista ha pasado. La llegada de Milei, Trump y León XIV a la jefatura de sus respectivos Estados estaría simbolizando la decadencia del wokismo como movimiento político, económico y cultural-religioso.
(Agapito Maestre/Libertad Digital.)
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