(Solamente una sociedad políticamente
analfabeta puede seguir embobada con las promesas populistas o comunistas. Es
el caso de Podemos.
Y es el caso del líder del PSOE, Pedro Sánchez, que anhela
un acuerdo político con Pablo Iglesias. Lo ha dicho repetida y públicamente. ¿A dónde va el PSOE?
¿Cómo es posible tanta estupidez? Lo
dicho. Analfabetismo político.
Se puede decir lo mismo pero más finamente.
Inmadurez política. ¡Qué desgracia! Lo pagamos y lo pagaremos caro. Tanta idiotez no es gratis.
PD. Rajoy es muy penoso- y no le voto- pero no elegimos entre 'buenos y malos' sino entre 'malos y peores'.)
EL INEXPLICABLE PRESTIGIO DEL
COMUNISMO EN ESPAÑA.
Hay cosas que son intelectual y
moralmente inexplicables. Una de ellas es el prestigio del comunismo español
entre los jóvenes y entre los no tan jóvenes después de una historia nada
heroica. Hemos
asistido al guillotinamiento político de Errejón y su amigo Pascual, por mano
de Pablo Iglesias, con el aplauso de Teresa Rodríguez y los suyos que aún no
han caído en la cuenta que serán sus cabezas las que vayan después al cesto de
los despojos políticos.
Y lo que es más sorprendente: con el silencio, real o
forzoso, de las "bases" y los círculos"(al parecer muy viciados)
que han visto cómo la supuesta democracia interna era sustituida por el dictado
de un tigelino desenfrenado que
suplantó a los indignados por sus círculos, a éstos por sus consejos, a sus
consejos por su cúpula dirigente y ahora, a lo que se ve, aspira a eliminar a
la cúpula -unos detrás de otros -, hasta la caligulada final. Fue precisamente
Trotsky el que explicó cómo era el camino de Stalin hasta el piolet definitivo.
Pero los trotskistas de hoy no han leído a su maestro.
El comunismo español que nace de una costilla enferma del PSOE, precisamente
sus juventudes -la carta de Carrillo a su padre, el socialista Wenceslao Carrillo debería formar
parte de un museo internacional de la infamia -, no tiene nada que ver con el
comunismo italiano, ni francés ni europeo en general, donde apenas existe o
está prohibido. No me refiero sólo a las matanzas de los adversarios
organizadas durante la II República y durante la Guerra Civil. Me refiero a la
liquidación de sus ingenuos aliados republicanos, incluso comunistas disidentes
y libertarios. Recuérdese el despellejamiento y asesinato de Andreu Nin y otros
dirigentes del POUM, un partido trotskista aniquilado por los amigos soviéticos
de Carrillo y La Pasionaria.
Su
sumisión al estalinismo y su estrategia internacional en las vísperas de la II
Guerra Mundial - se olvida interesadamente que Stalin fue socio de Hitler un
tiempo, fue infame. Como lo fue
su deseo de alargar la guerra para satisfacer los intereses de Stalin. Tras la
Guerra Civil, hay que leer los testimonios de Federico Sánchez, El Campesino o
Líster para hacerse una idea de la crueldad y la miseria de este Partido
Comunista que retrató con crudeza Gregorio Morán. Como señaló, el comunismo
es ya cadáver y lo que queda de él no es otra cosa que zombies podemitas mediáticos animados desde
poderes de la comunicación fácilmente reconocibles.
Hace tiempo que se demostró que las
ideas comunistas no tienen fundamento científico alguno, ni filosóficos ni
económico, y no se las creen ni siquiera en China, donde el aún incipiente
desarrollo económico y social, ha venido de la mano de las ideas capitalistas,
controladas eso sí por los riquísimos dirigentes del Partido. A pesar de la caída del Muro de Berlín, qué
pocos intelectuales españoles levantan la voz, escriben, muestran y enseñan, no
sólo la falta de rigor de las ideas, sino el asombroso, por lo extenso, número
de víctimas de diverso tipo que han causado en la historia del mundo en menos
de dos siglos.
Que sus versiones populistas actuales como
la bolivariana, la evomoraliana, la castrista y otras sean alabadas cuando
deberían ser intelectualmente fumigadas por la crítica racional, me resulta
increíble.
Mi admirado Félix de
Azúa, con el que aprendí a decepcionarme, acaba de poner los
puntos sobre las íes de sus todavía inquietantes partidarios. Ahí tienen lo de
Rita Maestre. No le gusta la Iglesia, asalta una capilla legalmente concedida,
profana, amenaza ("arderéis como en el 36") y humilla las creencias
de los demás. Es condenada, no dimite como exige a sus adversarios en casos
semejantes y encima es aplaudida. Y así una cosa detrás de otra. Quosque tandem abutere patientia nostra?
Para mi, la única grandeza del comunismo
patrio fue contribuir a la reconciliación
nacional de la transición en un diseño democrático compartido
que ahora se aprestan a destruir sus herederos zombies de la mano de los astutos separatistas de derechas y
ciertos estrategas islamistas. Es su carácter, como el caso del escorpión. La
pregunta es: ¿Cuál es nuestro carácter?
(Pedro de Tena/ld.)
LA CUBA
COMUNISTA.
Raúl
Castro se siente muy incómodo.
Ese es su estado anímico frente a Barack Obama. Lo recibe con un secreto
apretado en el pecho. Es una contradicción viviente. Desde hace varias décadas
sabe que el sistema comunista es inherentemente improductivo. No hay ilusión ni imbecilidad que
resista 58 años de desengaños.
A mediados de la década de los ochenta,
Raúl envió a sus mejores oficiales a tomar cursos de gerencia en las buenas
escuelas de negocios de Occidente. Conocí a alguno de ellos en España. Entonces
el general pensaba que era cuestión de administración. Daban los primeros pasos
para la creación del Capitalismo Militar de Estado.
Los militares, obedientes y
disciplinados, conducirían bien la economía tras entender el modo en que los
capitalistas manejaban sus empresas. Pocos años después, Raúl advirtió que
tampoco era eso. Sus auditores
descubrieron un fraude monumental de más de cien millones de dólares. Los
resultados eran usualmente muy malos o mediocres.
Marx se equivocó. No había sustituto al
empuje de los emprendedores y a la existencia de una economía de mercado donde
los medios de producción fueran privados. La vida de su propio padre, D. Ángel Castro, lo demostraba. Llegó a
Cuba desde una aldea gallega, sin un centavo, a principios del siglo XX. Cuando
murió, en 1956, tenía 150 empleados y dejó en herencia más de seis millones de
dólares. Hoy serían cien.
Raúl se
emborrachaba todas las noches para ahogar sus convicciones.
Los
militares mentían, robaban y engañaban como cualquier hijo de vecino. En esa
época Raúl tomaba mucho alcohol. El aparato productivo continuaba fané y
descangayao, como en el tango «Esta
noche me emborracho» del maestro Santos Discépolo. Raúl se emborrachaba todas
las noches. Ahogaba sus convicciones íntimas en whiskey.
En el 2006, precipitadamente, Raúl llegó a
la presidencia colgado de los intestinos de su hermano Fidel. Pero ni siquiera
podía revelar su juicio pesimista. Tenía el gobierno, pero no el poder. Afirmó,
entre apesadumbrado y desafiante, que no dirigía la revolución para enterrarla.
Se acogía a la terca máxima española: sostenella y no enmendalla. Los
caballeros no rectificaban. Eso era cosa de maricas.
A estas alturas sabe que sus «lineamientos»
tampoco dan resultado. La producción
sigue hundiéndose. Los cubanos insisten en escapar. Han diezmado la industria
azucarera. Se acabará pronto el subsidio venezolano. El amigo Lula
puede acabar tras la reja. Los chinos le han dado una tarjeta con el teléfono
de la Cruz Roja. Lo único que funciona espléndidamente es la represión. El
marxismo-leninismo y el modelo soviético eran extraordinarios fabricantes de
jaulas herméticas. Sólo eso.
Nada de esto puede decírselo a Barack Obama.
Raúl se callará su secreto. Musitará algunas consignas bobas sobre la soberanía
y reiterará el curso gallardo de la revolución. Lo felicitará por el cambio de
política, pero insistirá en el disparate totalitario del Capitalismo Militar de
Estado. Está atrapado en una ratonera
histórica e ideológica, sujeto a la vigilancia moral de su hermano Fidel, un
personaje patológicamente terco que morirá con el régimen intacto. Al fin y al
cabo, él también es un prisionero.
(Carlos Alberto Montaner/ABC)