martes, 9 de septiembre de 2014

MITOS Y FALACIAS










MITOS Y FALACIAS. CAT

Juan Arza y Joaquim Coll, vocal y vicepresidente, respectivamente, de Sociedad Civil Catalana (SCC) —plataforma contraria a la independencia de Cataluña— han coordinado el libro «Cataluña: el mito de la secesión» (Ed. Almuzara), una obra coral cuya finalidad es desmontar las falacias del populista imaginario soberanista.

 Participan Manuel Cruz, Juan Arza, Pau Mari-Klose, Pablo Nuevo, Susana Beltrán, Joaquim Coll, Fernando Sánchez Costa, Miquel Porta Perales, Clemente Polo, Ángel de la Fuente, Mercè Vilarrubias, Alejandro Tercero, Sonia Sierra y Félix Ovejero. ABC avanza en exclusiva el capítulo titulado «La Historia como telón de fondo», sobre la guerra de sucesión de 1714, escrito por el historiador Joaquim Coll.

«No es casual que la propuesta de celebrar un referéndum sobre la independencia de Cataluña haya sido planteada en coincidencia con la conmemoración del tricentenario de la caída de Barcelona en 1714. Quien primero lo propuso fue Josep Lluís Carod Rovira hace siete años en un libro titulado justamente 2014, donde ponía de relieve el enorme potencial ideológico y movilizador de esta fecha, sentimentalmente idónea para que el pueblo catalán intentara autodeterminarse 

(...) Desde entonces, lo cierto es que al independentismo las cosas no le han podido ir mejor. Ha logrado articular y difundir un relato que supera un discurso estrictamente en clave identitaria. Sin olvidarse de apelar de forma intermitente a la lengua, la cultura o, como veremos en este capítulo, a la historia, sus esfuerzos se han centrado sobre todo en socializar dos discursos, uno de orden político y otro económico. 

El primero es el de la ruptura del pacto constitucional con la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto, emitida en junio de 2010 después de cuatro años de excitante espera y a las puertas de unas nuevas elecciones autonómicas. (...) El segundo relato es el del expolio económico, tesis extraordinariamente popularizada, construida a partir de una lectura sesgada de las balanzas fiscales, pero avalada directa o indirectamente por una parte del mundo académico catalán que se ha volcado con entusiasmo a favor de la secesión.

El secesionismo ha logrado a través de una estrategia comunicativa persistente y extraordinariamente eficaz, construida en gran medida a partir de falsos mitos, que buena parte de la sociedad catalana crea que existen graves injusticias que avalan política y moralmente el deseo de la secesión (...)


Que la intuición de Carod Rovira era acertada al atribuir virtudes taumatúrgicas al 2014, lo confirma el simbolismo del que se ha revestido la celebración del Tricentenario, así como los esfuerzos más o menos disimulados de la propaganda institucional para transformar ese conflicto dinástico en algo parecido a una guerra de separación de Cataluña o, por lo menos, en un precedente legitimador de los deseos nacionalistas actuales.

 Ahora bien, como no es posible escribir negro sobre blanco aquello que no fue más allá de fantasear con otro final posible (por ejemplo, que Cataluña se hubiera convertido en una república bajo protección del Imperio y de los aliados o, incluso, en alianza con los turcos), se opta por construir un relato teleológico (...) La vulgata del relato institucional, difundido desde el nuevo Born, convertido en el centro cultural del Tricentenario, induce a dar por supuesto que las Constituciones y libertades catalanas estaban irreversiblemente amenazadas desde el principio por Felipe V, y que el trato recibido al acabar la guerra y, claro está, desde entonces hasta hoy, se asemeja bastante al de una ocupación colonial por parte de la monarquía borbónica y mutatis mutandis del Estado español.

Se persigue fijar en la retina de los catalanes la prueba de ese sometimiento, persuadiéndoles de que las razones del actual desafecto, de los esgrimidos agravios económicos y políticos, no son coyunturales, sino estructuralmente persistentes desde hace 300 años. La conmemoración, pues, se utiliza como telón de fondo del momento actual que está viviendo Cataluña, igualmente histórico, único y excepcional («Ara, la historia ens convoca» reza el lema del anuncio institucional) (...) 

Basta, por ejemplo, con fijar la atención en las palabras del presidente de la Generalidad Artur Mas cuando dice que los catalanes de hoy luchan por lo mismo que tres siglos atrás o que «Cataluña quiere defender con los votos lo mismo que los héroes de 1714». Pero si la idea de un continuum histórico entre pasado y presente se fuerza tanto, hasta el punto de obviar algo tan sustancial como es la Constitución de 1978 y la recuperación de las instituciones de autogobierno, es porque lo que se pretende es extenderlo hacia el futuro (...)

Tras el cambio político en el Ayuntamiento de Barcelona en mayo de 2011 y con la llegada del convergente Xavier Trias al frente del consistorio, el proyecto del Born como centro cultural ha derivado en un templo del victimismo, en algo así como la encarnación de la «resistencia frente al enemigo» o en la «zona cero» de la destrucción bélica. 

Desgraciadamente, lejos de ayudar a entender la compleja guerra de sucesión a la corona española del siglo XVIII, se ha convertido en una pieza altamente simbólica de la propaganda secesionista. (...)

La victoria de Felipe V significó el final de las constituciones catalanes, al igual que había sucedido anteriormente en Valencia y Aragón. Pero en el origen no hubo una disyuntiva entre pactismo o absolutismo, libertad o sumisión. (...) A partir de esta premisa, se cae en el maniqueísmo interpretativo. Los catalanes estuvimos del lado de los buenos, de las «potencias protoindustriales y protodemocráticas», en referencia a Inglaterra y Holanda, frente al absolutismo francés y castellano (...)

El ejemplo más clamoroso de hasta qué punto la agitación y propaganda secesionista se esfuerza por establecer una relación directa y causal entre pasado y presente, es que desde septiembre de 2012 un sector del público del Camp Nou estalla en un grito independentista en el minuto 17 y 14 segundos. La politización del Barça, incluyendo la exitosa operación de la segunda camiseta del equipo con la bandera catalana, pone en evidencia que se está desarrollando un potentísimo programa de socialización, que se sirve de todo tipo de excusas culturales, deportivas, lúdicas, educativas y hasta gastronómicas, con el objetivo de convertir la celebración del Tricentenario en un momento cumbre a favor de la separación (...)

En definitiva, más allá de la existencia en Cataluña de unas condiciones hostiles a Felipe V, debido a una fuerte galofobia popular fruto de las guerras anteriores, de unas motivaciones económicas más profundas en un sector de la burguesía mercantil, o del hecho de que las arbitrariedades políticas cometidas por el Virrey Velasco actuaran en esa delicada coyuntura de poderoso precipitante, lo cierto es que el paso al austriacismo de las instituciones catalanas jamás se hubiera producido de no haberse visto enormemente incentivado desde fuera y, sobre todo, ante la perspectiva de una victoria de los aliados frente a Francia (...)».

Datos útiles

Título: «Cataluña: el mito de la secesión».
Editorial: Almuzara.
Autores: Libro coral coordinado por Juan Arza y Joaquim Coll.
A la venta el 15 de septiembre.

(ABC)


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