jueves, 28 de abril de 2022

SÁNCHEZ CONVIERTE EL VINO EN AGUA (DE GRIFO)

 

Sánchez convierte el vino en agua (de grifo)

Por Gabriel Le Senne

El afán por regularlo todo se ha materializado en la última ocurrencia del Gobierno: acabar con el vino o la cerveza de los menús de los bares y restaurantes. Es lo decidido por el CISNS (no intente pronunciarlo): el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud. Porque claro, lo habrá adivinado: es por nuestro bien.

La ministra Carolina Darias promueve la dieta mediterránea como modelo de alimentación cardiosaludable. Pero ojo, sin incluir en ella el consumo de alcohol. ¡Pero ministra, la dieta mediterránea sin vino es como un jardín sin flores o un ordenador sin interné! ¡Qué digo, como un socialista sin BOE! Nada, nada, dieta mediterránea será lo que ella diga. ¿Pues no han redefinido lo que es una mujer, que ahora las hay con bombo y platillos? ¿No han establecido legalmente que morir por inyección letal es muerte natural? Menudos son, redefiniendo palabras.

Y no intenten alegar sus incoherencias: es inútil. Desde que aquel de la coleta teorizó aquello de “cabalgar contradicciones”, ya da todo igual. Ya sabemos que, al tiempo que la toman con el alcohol y el tabaco (otra medida es realizar acciones para que no se fume en los hogares: se nos meten en casa), incluyen la legalización del hachís y la marihuana en su agenda. Tiene toda la lógica: estamos a la salud cardiovascular. Se habrá dado cuenta de que la salud mental les interesa menos ahora mismo: ¿no ve a la gente que sigue por ahí con la mascarilla de papel? ¿Estamos a setas o a Rolex?

Porque comer con agua de grifo, que los restauradores estarán obligados a ofrecer por defecto, en lugar de la tradicional copa de vino, igual es mejor para el corazón, no lo sé, pero yo conocí a uno que de tanta dieta vegana y abstinencia se tiró a un pozo. Cayó sanísimo.

Si Cristo convirtió el agua en un vino extraordinario, aquí llega Sánchez —¿anticristo?— para convertir el vino en agua de grifo. Que en Palma es especialmente mala, por cierto. Seguro que el estudio no lo hicieron comparando el vino con agua de grifo con cal palmesana. Si atasca las tuberías, imagine qué hará con nuestros vasos sanguíneos.

En fin, siempre podremos aliviarnos con un buen porrito después de la menestra de la ministra. Sin tabaco, eso sí. Quizás no sea sano, pero nos dará más igual lo que nos manden y nos echaremos unas risas. Pero ojo, que dicen que el origen de la palabra asesino viene del árabe ‘hashshashin’, que significa fumadores de hachís. Puede ser peligroso molestar a un fumao.

Vamos a ver, señora menestra: si les preocupa nuestra salud, podrían probar a gestionar con un poco de sentidiño nuestro dinero y bajarnos los impuestos. Igual si la gente no tuviera que deslomarse para ganar cuatro duros con los que intentar pagar la vivienda, la luz y la comida que por sus políticas están disparatados, estarían mejor los corazones y las cabezas.

Con la excusa de que lo hacen por nuestro bien, se meten a regularlo todo hasta el más mínimo detalle: el tamaño de los plátanos, la pendiente de las cuestas, el protocolo para comer pipas. Se meten en qué bebemos, qué comemos, qué hacemos en casa. Hasta que no hay quien haga nada. Protección de datos, compliance, blanqueo de capitales, ¡ahora, el plan de igualdad en la empresa! Tributos estatales, autonómicos, locales. Riesgos laborales, seguridad social. Antes de mover una piedra, mover una montaña de papeles. Resultado: se favorece a los grandes, que disponen de recursos para superar la carrera de obstáculos. Los pequeños, que forman el grueso de nuestra economía, cada vez más asfixiados. Sólo faltaban el covid y la guerra. Subida de tipos de interés para frenar la inflación que el propio sistema causa, y si, como parece, pronto faltan gas, petróleo y fertilizantes, tendremos carestía y racionamientos.

Lo que de verdad mejoraría nuestra salud sería librarnos de estos socialistas que gobiernan el mundo.

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