¿ES POSIBLE UN
CAMBIO DE RÉGIMEN EN IRÁN?
La
República Islámica ocupa el primer lugar del mundo en ejecuciones per cápita. El año pasado murieron
colgados más de dos mil reos, muchos de ellos acusados de delitos menores y un
porcentaje apreciable por ser opositores al régimen.
Desde la tremenda matanza de 1988 en la
que fueron eliminados sin garantía procesal alguna treinta mil reclusos que
cumplían condena en prisión, enterrados después en fosas comunes, en un
crimen contra la humanidad que ha sido condenado por diversas organizaciones
humanitarias y por Naciones Unidas, el CNRI estima que un total de cien mil
iranís han perdido la vida a manos del aparato represivo del régimen. En Irán
no existen ni libertad de expresión ni de culto ni de asociación ni de prensa
ni de educación. Tampoco hay elecciones libres ni igualdad entre sexos.
Las mujeres
son ciudadanas de segunda clase y la mala colocación del velo comporta palizas
de la policía religiosa que en varias ocasiones han tenido consecuencias
fatales. Las
manifestaciones en la vía pública son reprimidas con fuego real o con
apaleamientos feroces causando centenares de víctimas mortales. La homosexualidad se
castiga con latigazos o con la pena capital y además abundan las ejecuciones
extrajudiciales o los juicios sin derecho a la defensa. La vida cotidiana
de la mayor parte de los iranís es un infierno de escasez, opresión, miedo y
humillación.
La única razón por la que no tiene lugar un
levantamiento masivo como el que derrocó al Sha hace cuarenta y siete años es porque el régimen aplica una represión cruel sin límite y
la mínima muestra de desacuerdo comporta poner en riesgo la libertad y la vida,
no sólo del eventual disidente, sino de su familia.
(Alejo
Vidal Quadras/VozPopuli/14/6/2026.)
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