domingo, 3 de junio de 2018

RADICALMENTE PROGRESISTA








El autor de las frases de la sentencia de Gürtel que han propiciado la moción de censura es un magistrado de reconocida categoría jurídica y experto en Derecho Internacional. Es, también, un magistrado de reconocida carga ideológica y experto en entrar en polémicas. José Ricardo de Prada Solaesa (Madrid, 1957) llegó a la Audiencia Nacional en 1990 y allí lleva 28 años ejerciendo de juez progresista. «Radicalmente» progresista, matizan fuentes de la Audiencia, pensando en la acepción menos favorable del adverbio.

(El Mundo) 




UNA IZQUIERDA MUY MEJORABLE.



Creo que Mariano Rajoy no estaría gobernando España si los socialistas tuvieran dirigentes de mayor nivel que el actual. No es difícil. Aún con sus defectos, Felipe González, Nicolás Redondo, Paco Vázquez…



También creo que Pedro Sánchez es una desgracia para su partido y para España. Porque con el enfermizo sectarismo que rezuma, aderezado con superficialidad y malos modos, dificultará la llegada de un socialista
a la Moncloa.


Pero también es una desgracia para España, porque la sociedad española necesita un fuerte partido liberal conservador- y el PP marianista es una especie de partido socialdemócrata descafeinado y sin proyecto- y
un auténtico partido socialdemócrata. Y tampoco lo tiene, porque- con demasiada frecuencia- Pedro Sánchez se deja la coleta y es difícilmente distinguible del antisistema Pablo Iglesias.



Dejo aparte la imperdonable corrupción y despilfarro que afectan tanto a PP como a PSOE, que han gobernado España los últimos cuarenta años. No olvido, pero prefiero centrarme en lo que hoy debería hacer la izquierda, teóricamente, no antisistema. No quiero analizar, ahora,
las miserias del marianismo. Así que solamente mencionaré un aspecto destacado- y negativo- de los gobiernos de Rajoy.



 La intolerable cobardía política frente a los que quieren destruir España. Antes, decir esto, sonaba a franquismo, algo que me importa un pimiento. Me importa no engañarme a mí mismo, antes que recibir las bendiciones de los comisarios de progreso. Y es verdad, como hemos
visto, que los separatistas quieren destruir España. Y, encima, les dejan TV3 y la educación para que sigan su trabajo de demolición. Responsabilidad del gobierno popular, aunque los socialistas sanchistas se opusieron a controlar TV3 y educación. ¿Cómo es posible
tanta cobardía popular y tantos tontos útiles socialistas?



Los separatistas catalanes, quieren destruir España, hoy. Los separatistas vascos se conforman, de momento, con seguir chupando como sanguijuelas y chantajeando al gobierno de turno. Así llevan décadas.



Vayamos a ‘nuestra’ manifiestamente mejorable izquierda. No me centro en los populistas antisistema de Podemos, porque debería estar claro que son un peligro para nuestra democracia y para España. Dicho esto, las leyes educativas -  que han sido socialistas- han hecho su trabajo. Y ahora tenemos un sector de la población- demasiado amplio para nuestra estabilidad política- que después de haber tragado consignas de progreso, pasar curso con suspensos, no aprovechar el tiempo en clase, o menospreciar al profesor, sin que pase nada, ahora
puede votar.



¿Y qué pueden votar, antiguos alumnos que no han sido enseñados en el esfuerzo, la disciplina, el mérito y el respeto, tanto al profesor como a sus compañeros? Mayoritariamente, a los partidos más cercanos a
las enseñanzas que han recibido. Es decir, Podemos, socialistas sanchistas y separatistas. Lo que implica más gasto público y mamandurrias, más separatismo, más ‘cordón sanitario’, y más guerracivilismo.



No debería extrañar que mucha gente vote a Rajoy con la nariz tapada. Les dan miedo las alternativas, aunque ahora tienen una, no suicida. Yo ni siquiera con la nariz tapada, así que votaré al menos malo. Mientras crea que lo es. Ciudadanos. No hay buenos.



Además del desprecio de Sánchez a la propiedad privada- principalmente la ajena-, está el daño progresista a la educación- que costará mucho tiempo y esfuerzo rectificar-, sus irresponsables cesiones a los separatistas antiespañoles, y sus famosos ‘encajes’, incluso cuando
estaba claro que los separatistas eran golpistas.



 Estas actitudes serían propias de un partido antisistema como Podemos, cuyo líder, Pablo Iglesias, ha dicho- está en las hemerotecas, y en el libro de F. Jiménez Losantos, ‘Memoria del comunismo’-, que uno de sus ídolos es Lenin. No pasaría nada, - todos tenemos derecho a idolatrar a alguien- si no fuera porque Lenin fue un asesino de masas. ¿Qué pensar de un partido cuyo líder admira a un
asesino de masas?



No está de más recordar que nuestra presidenta Armengol, cogida del brazo de separatistas antiespañoles y podemitas antisistema, ha primado la exigencia del catalán a las atenciones médicas. Sin que hubiera problemas. Los ha creado ella. Con negativos resultados para la sanidad en Baleares. Todo sea por los ‘Paises Catalanes’.
Últimamente, exigencia de catalán para tocar en la Sinfónica. ¿Progreso? ¿Socialismo?



Sánchez, más que copiar a Iglesias y su maestro venezolano Chavez, que expropiaba gratis lo que le salía de la entrepierna, pretende aumentar- aún más- la fiscalidad sobre los ahorros de los ciudadanos y el IRPF. El objetivo, dice, es para mejorar las pensiones. A mediados
de abril 2018, Sánchez anunció que quiere aumentar el gasto público en 40.000 millones de euros. O sea, más impuestos progresistas.



 Pregunto al PSOE. ¿No ha entendido Sánchez que machacar a impuestos, menospreciar la propiedad privada y a ‘los ricos’, frivolizar con la seguridad jurídica, bailar (agarrados) con separatistas antiespañoles y podemitas antisistema, y engordar los resentimientos guerracivilistas, son caminos de pobreza y enfrentamiento?

Sánchez debería pasar de la coleta antisistema y del discurso demagógico para convertirse en un verdadero socialdemócrata. Homologable con las socialdemocracias europeas serias, como la alemana. No copiando al francés Melenchon, socialista francés tan escorado a la izquierda, que huyó del partido. O el laborista J. Corbyn, un podemita a la anglosajona. Sánchez se haría un favor a sí mismo, a su partido y a España, si dejara a Pablo Iglesias el
monopolio de la demagogia antisistema. Como defender que el agua sobrante del Ebro se pierda en el mar. ¡No vertebremos una España solidaria! ¡Esto no les gusta a los separatistas antiespañoles!

En el Pacto de Toledo (1995), los partidos políticos decidieron mantener el sistema de reparto y solucionar (entre comillas) el desequilibro financiero bajando prestaciones y aumentando cotizaciones. Todo indica que este preocupante camino se agravará. Por el llamado ‘invierno demográfico’, que invierte la pirámide de
población. Y por la baja productividad.



¿Y por qué no estudian a fondo, los partidos constitucionalistas, si conviene cambiar el sistema de reparto por un sistema de capitalización, o algo parecido? Y rechazan la antidemocrática y vergonzosa demagogia. Dicen que el actual sistema de pensiones- de
reparto- estará en quiebra técnica en 2030.






Sebastián Urbina.



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