domingo, 5 de agosto de 2012

DROGAS Y ABURRIMIENTO





 





DROGAS Y ABURRIMIENTO.


‘Los niños se aburren en las plazas y fuman porros’. ‘El cannabis es la droga de referencia para iniciarse en el mundo de las drogas. Una vez que el alcohol o el cannabis pasan a convertirse en prácticas habituales, los chicos buscan nuevas sensaciones en otras sustancias como puede ser la cocaína’. (Marcos Campoy-Director del Proyecto Joven/El Mundo-Baleares)

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CRISIS Y ABURRIMIENTO.

Los jóvenes agresores de un vagabundo indio, al que este pasado fin de semana rociaron con gasolina y prendieron fuego, han confesado que el ‘aburrimiento’ fue la causa de un acto violento que ha conmocionado a Italia’.

Según Kant, la búsqueda de la felicidad es un imperativo de prudencia (un imperativo asertórico). Esto sería así porque resulta absurdo decir ‘no quiero ser feliz’, a diferencia de decir, ‘no quiero ser violinista’. Con otras palabras, damos por sentado que todos los humanos deseamos ser felices. Otra cosa es qué entendemos por felicidad y los medios que consideramos adecuados para conseguirla.

El sentido de la vida, según Ortega, consiste en ‘hacerse’, orientándose hacia la propia autenticidad, en ser fiel al propio proyecto vital. Por contra, ser ‘inauténtico’ supondría caer en el ‘naufragio’, en adulterar o falsificar el propio destino, el proyecto vital. En todo caso, el hombre está condenado a elegir entre alternativas, y nuestra identidad está vinculada al proyecto vital que elijamos.

La felicidad, que todos deseamos, consistiría en llevar una vida conforme a la virtud. Y esto ¿qué quiere decir? Que aceptamos gobernarnos a nosotros mismos, en vez de ser juguetes de la fortuna o de los demás. De ahí que la felicidad no sea resultado ni del azar ni de las circunstancias (aunque ambas juegan un papel en nuestras vidas) sino resultado del esfuerzo, del trabajo, de la disciplina, de la constancia. En fin, de una vida auténtica.

Y ahora volvamos al principio. Estos dos jóvenes que quemaron a un pobre mendigo ¿qué proyecto vital podían tener? En épocas de crisis ya no hay confianza en los valores, ni en las normas tradicionales que nos podrían aportar seguridad. En las épocas de crisis, la creencia es que ya no podemos creer en nada. ¿Es así? En parte. Un aspecto central de esta preocupante situación es la influencia, entre otras, de dos ideas destructivas: el relativismo y el multiculturalismo.

Según el relativismo normativo, que es el que más nos interesa ahora, los diferentes principios morales existentes tienen igual valor moral. Según el multiculturalismo, las diferentes culturas serían como un todo homogéneo que debe respetarse. Es decir, las culturas coexistirían pero sin superposiciones. La consecuencia ha sido, en la práctica, la creación de guetos culturales. Surgiría así un tipo de convivencia política en el que las culturas serían aceptadas como un todo, sin que pudieran cuestionarse, ya que las diferencias (sean las que sean) serían un valor a proteger.

En este contexto, ya no hay ‘bueno y malo’. ¿Por qué? Porque todo es relativo, excepto el propio relativismo. Además, si en mi cultura se castiga, por ejemplo, a los mendigos, (o lo que sea) nadie tiene derecho a criticarme porque, como dije, todo es relativo. Además, al criticarme a mí, se está criticando a mi cultura, que es sagrada.

Vivimos, desde hace tiempo, en una situación política en la que los poderes públicos anunciaron el bienestar y la felicidad perpetua de los ciudadanos. O sea, papá-Estado (el llamado ‘Estado del Bienestar’) nos iba a proteger como un laico ángel de la guarda. Nos han enseñado que este mundo terrenal ya no es ‘un valle de lágrimas’. Eso era antes. Entonces ¿Por qué no soy feliz? ¿Por qué me aburro? ¿Por qué sufro?

Además, ya no hay ‘agarraderos’ religiosos o metafísicos. ¡Para qué los necesito! Lo quiero todo, aquí y ahora. ¡Que son dos días, tío! Pero el resultado suele ser la frustración. Han acostumbrado a generaciones de jóvenes al ‘todos somos iguales’ en la escuela, a exigir derechos sin asumir obligaciones, a quejarse por cualquier cosa y a la promoción del lloriqueo, a no recompensar el mérito y el esfuerzo, y un largo etcétera.

Pero el que no tiene proyectos, el que no tiene sueños (con los pies en el suelo), no tiene una vida plenamente humana. Y el que los tiene, y no puede alcanzarlos, ha de saber que en la vida nada está garantizado. De ahí que sea importante saber sobreponerse a la adversidad. Saber sufrir, en un mundo de hedonismo a raudales, de felicidad perpetua y de derechos sin obligaciones.

En la búsqueda de la felicidad sucede, con frecuencia, que queremos demasiado, dadas nuestras posibilidades y capacidades. Otras veces queremos menos de lo que podríamos alcanzar, si pusiéramos esfuerzo y sacrificio de nuestra parte. Pero estos caminos no conducen a la felicidad. En el primer caso, producen frustración, porque el listón está demasiado alto y no podemos alcanzar el objetivo propuesto. En el segundo caso, producen aburrimiento porque el listón está demasiado bajo.

Si es cierto que no estamos hechos, como decía Ortega, sino que somos un proyecto en constante quehacer ¿Qué querían estos jóvenes que rociaron de gasolina a un pobre mendigo? ¿Cuál era su proyecto vital? Tal vez el aburrimiento aparezca más fácilmente en aquellas personas que han renunciado al esfuerzo y al sacrificio para alcanzar una meta valiosa Y con el aburrimiento, viene el deseo de eliminarlo, acudiendo a sorpresas, a novedades, y a estímulos, que tienen que ser cada vez más fuertes y excitantes para surtir el efecto deseado.

Un camino hacia la nada.

Sebastián Urbina.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Sebas,

La progresía hace un canto al "todo es relativo" como arma para socavar las costumbres y cultura establecidos. Una vez desarraigadas las personas, entonces, ya, ya impondrán ellos sus dogmas o axiomas.

Saludos