lunes, 25 de julio de 2016

ESTAMOS EN GUERRA.







 ESTAMOS EN GUERRA, PERO ESTAMOS A TIEMPO.

Desde 1970 se han cometido 150.000 ataques terroristas, según The Global Terrorism Database. Considerado en su conjunto, desde la propaganda por el hecho de los anarquistas del siglo XIX y XX, al terror del IRA y la ETA, pasando por el Estado Islámico o Al Qaeda, los métodos empleados por los terroristas son los mismos: ataques contra la población civil, especialmente, y/o contra el personal político, religioso, militar o policial mediante la violencia asesina en función de unas ideas o unos propósitos

 Seguramente terrorismo ha habido siempre. De Estado –desde Nerón y Calígula a Fidel Castro, a veces Estados como Francia (Mitterrand y su voladura del Rainbow Warrior), o Estados Unidos o URSS, etc… -, o de grupos marginales, desde piratas a pirados o fanáticos de diversa índole. Nuestra guerra civil fue un ejemplo de cómo el terrorismo puede afectar incluso a las trincheras del mismo bando. El despellejamiento del trotskista Andres Nin por torturadores soviéticos fue un ejemplo definitivo. Confesemos, pues, que el terrorismo nunca nos ha sido ajeno.

Sin embargo, es desde hace poco tiempo que estamos percibiendo lo que ocurre como una guerra. Vamos comprendiendo que estamos en guerra, que ésta nos afecta y que, lo queramos o no, la libramos contra un adversario unificado, algo clave en las confrontaciones: las organizaciones terroristas del islamismo radical.

 Los datos son, empero, sorprendentes. 9 de cada 10 atentados terroristas de fanáticos islamistas desde el año 2000 han tenido lugar en países de mayoría musulmana. Desde un año antes del 11 de septiembre y el atentado a las torres gemelas de Nueva York, ha habido más de 18.000 atentados islamistas, con alrededor de 80.000 muertos. De ellos, más de la mitad en Irak, Afganistán y Pakistán, tres países de religión islámica. Los islamistas han matado mucho también en Filipinas y Kenia, de mayoría cristiana, y otros países. 

La lista es enorme. Apabullante. Los autores de las acciones terroristas son diversos, en algunos casos no son yihadistas y, en más casos de los deseables, son desconocidos para las fuerzas de seguridad.

Atendiendo al yihadismo, y a pesar de nuestros sentimientos inmediatos, lo que llamamos Occidente - Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia y América del Sur, por resumir- no está entre los más afectados, por ahora. En la Unión Europa, Francia y Bélgica muy recientemente, se han sufrido alrededor de 30 atentados yihadistas desde el año 2000, muy por debajo del 1 por ciento de los que estos grupos cometieron en todo el mundo. Tampoco en número de muertos la situación es comparable.

Pero el prójimo lo es más si es próximo y el mal cercano se ve con mayor claridad y dimensión que el mal lejano. Los políticos sólo toman en consideración, habitualmente, los males cercanos que perciben. Por los datos empíricos, parece indudable que lo que pretenden los yihadistas y sus grupos varios, es hacerse con el control de la población de los países que profesan la religión musulmana para, desde ahí afrontar la guerra definitiva contra Occidente y nuestro modo democrático de vida. 

Mantenerse unidos, exigir a los musulmanes en todos los frentes que elijan entre civilización o barbarie y adoptar las medidas civiles, policiales y militares que sean menester para impedir que se unifiquen y se hagan con países y medios cualificados, es ya ineludible. Estamos en guerra y lo estaremos cada vez más pero todavía estamos a tiempo.

(Pedro de Tena/ld.) 




 ESTAMOS EN GUERRA.

Hay una nueva emigración que no tiene esta vez como banda sonora el "Adiós, mi España querida" de Juanito Valderrama, ni la fotografía tópica del vagón de tercera y la maleta amarrada con guitas camino de Dusseldorf. Es la emigración de los universitarios expatriados, que en un país que como muy cerca está en los Chirlos Mirlos encuentran el trabajo cualificado y bien pagado que aquí no hallaron a pesar de sus másteres: "Lo digo por experiencia/porque a mí me ha sucedío", sentenciaba el cante. 

Me ha sucedido con mi hijo Fernando, que hace muchos años trabaja en Munich. Quiero decir que la Jefa de mi Casa Civil fue de los cientos de madres españolas que tuvieron el corazón en un puño en la fatídica tarde del viernes, cuando desde Munich comenzaron a llegar confusas noticias de un atentado en un gran centro comercial, sin saberse si era tiroteo, explosión de una bomba o cualquier otra fechoría de ese enemigo interior que tan bien conocemos en casa, cual el terrorismo, pues si les cuento ahora esto es gracias a la Virgen de los Reyes, que impidió que los hideputas pistoleros etarras me quitaran del tabaco, como querían, esperándome en la puerta.

No es para describir la angustia de una madre que sabe que su hijo suele ir a almorzar a ese centro comercial Olimpia del triquitraque de los mamones terroristas, pues le coge muy cerca de su oficina. Por eso le dedico estas líneas a Isabel como homenaje de amor a su aguante, cuando llamaba al teléfono móvil de Fernando y le salía directamente el contestador. Yo no le decía nada, pero pensaba que también saldría el contestador cuando las madres de las víctimas de las explosiones de los trenes de Atocha llamasen a sus hijos. 

Qué hora de angustia, qué imagen más honda del terror, hasta que, ¡por fin!, sonó el teléfono y eran ellos, Fernando y su mujer, que nos decían que estaban bien. Aunque había recomendado un virtual Toque de Queda la muniquesa Polizei de los coches verdes y grises que tantas veces he visto patrullar por sus calles y que a caballo, como el sevillano Escuadrón de La Paz, abría en la católica Munich la muy devota y popular procesión del Corpus hasta la Marienplatz donde aún se recuerda al arzobispo Ratzinger.

Cuando me preguntan dónde está mi hijo, de broma y con guasa sevillana, suelo contestar:
— Lo tengo en Alemania; está en la División Azul de ahora...

Pero es que es verdad. Él y todos estamos en el frente. En un frente mundial. Me lo hizo ver mi amigo el sociólogo José Antonio Gómez Marín. Como tantos amigos a los que les doy las gracias por sus llamadas, sus mensajes y su interés, sabiéndonos padres de hijo trabajando en la ensangrentada Munich, le comenté de broma a Gómez Marín, para quitar hierro a la angustia que había pasado Isabel, lo de la División Azul. Y él, que tuvo un tío héroe de aquella División 250, cuyos restos se trajo a España desde el cementerio de los caídos de Krasny Bor a los que ahora les quitan la calle, me dijo:

Pues no es ninguna broma lo que me dices. Esto es una guerra. El terrorismo a escala mundial es una guerra no declarada cuya importancia no estamos valorando. Quizá estamos viviendo ya la III Guerra Mundial.

Una guerra sin frentes, sin ejércitos, sin avances, sin retiradas. Pero donde toda la población de cualquier ciudad del mundo es carne de cañón. A todos nos han llevado a esta guerra, sin reclutarnos ni darnos uniformes ni armas. ¿Todos somos combatientes? No, somos como habitantes de poblaciones civiles bombardeadas en la II Guerra Mundial.

 Y mientras estamos en esta guerra, en la que todos mañana podemos ser los caídos, aquí la máxima preocupación es quitarle su calle al General Ordaz, su paseo al General Muñoz Grandes o su avenida a Pepe Utrera Molina. Se han equivocado de guerra. En esta, como en aquella que ahora quieren ganar los vencidos, todos somos siempre perdedores.
Antonio BurgosAntonio Burgos (ABC)





Con gritos de 'Alá es grande'

Islamistas boicotean un homenaje a las víctimas de Múnich.

La ciudad alemana intenta volver a la normalidad con la reapertura del centro comercial Olympia en el que se perpetro la matanza del viernes, con un saldo de nueve muertos. (La Gaceta)





Internacional

Los yihadistas de Daesh se valen de los refugiados para atacar en Alemania.

El sirio que se hizo estallar en Ansbach proclamó su lealtad al «califato» de Bagdadi(ABC)





EUROPA DEBE ENFRENTARSE AL TERROSIMO ISLAMISTA.

La reciente cadena de atentados de corte islamista en Alemania demuestra nuevamente un hecho esencial: el radicalismo islámico ha declarado la guerra a Europa, aunque sus instituciones y Gobiernos prefieran negar esta evidencia para eludir su responsabilidad.

En el transcurso de los últimos siete días cuatro ataques terroristas han tenido lugar en tierras germanas, principalmente en la región de Baviera, con el resultado de diez muertos y decenas de heridos. En todos los casos, los autores de los atentados eran radicales vinculados al Estado Islámico y, como tales, dispuestos a inmolarse para llevarse por delante al mayor número de infieles posible.

Es el mismo esquema de los ataques perpetrados en diversos puntos de Francia y Bélgica en lo que llevamos de año, donde los terroristas han buscado provocar el mayor número de bajas entre civiles, a los que su interpretación radical del islam convierte en subhumanos que los musulmanes piadosos han de exterminar.

Pero el hecho de que un grupo numeroso de criminales fanatizados haya puesto en su punto de mira a los ciudadanos europeos no es un cataclismo ante el que no cabe más opción que sucumbir. Al contrario, Europa es un ámbito geopolítico forjado en una tradición cultural y religiosa que ha permitido el progreso y la libertad como en ningún otro lugar, a pesar de los riesgos de todo tipo que se han cernido históricamente sobre nuestras sociedades.

En el caso del terrorismo islamista Europa tiene una debilidad de fondo, el multiculturalismo mal entendido, que dificulta luchar eficazmente contra esta amenaza. Durante años, la filosofía buenista esparcida entre la sociedad europea con pretensiones hegemónicas por Gobiernos, partidos y medios de comunicación, ha esterilizado cualquier respuesta eficaz para hacer frente al riesgo de atentados terroristas. El dogma de lo políticamente correcto, que tacha de islamobofia cualquier precaución para identificar a los elementos peligrosos y evitar la radicalización en nuestro suelo de jóvenes musulmanes de segunda o tercera generación, ha llevado a que las actividades de proselitismo de las organizaciones islamistas se hayan desplegado delante de nosotros con total impunidad.

Aún hoy, cuando con machacona insistencia se suceden los ataques terroristas en el mismo centro de Europa, tenemos que asistir a las sonrojantes interpretaciones de la prensa y partidos izquierdistas, empeñados en convertir a los verdugos en víctimas de una sociedad que no los comprende, por lo que no tienen más remedio que asesinar a mansalva y, eventualmente, inmolarse ellos también en nombre de Alá.
La crisis migratoria agrava además el actual estado de cosas en nuestro continente. De nuevo, el buenismo progre se niega a que entre los miles de refugiados que llaman a nuestras puertas se lleve a cabo una investigación rigurosa para determinar la existencia de terroristas entre las masas de musulmanes que huyen de las guerras de Siria e Irak.

La asignación de la condición de refugiados a todos los inmigrantes, sea cual sea su procedencia y objetivos, lleva a que los últimos ataques terroristas hayan sido perpetrados precisamente por asilados que jamás deberían haber gozado de esa condición.

El primer paso para enfrentarse con garantías a un problema es identificarlo correctamente. Solo así será posible afrontar con garantías de éxito la mayor amenaza que se cierne en estos momentos sobre Europa y pone en riesgo su mera existencia futura. La ceguera voluntaria de los gobernantes y la prensa pusilánime agravan este problema para satisfacción de los propios islamistas, pero también de las fuerzas políticas radicales europeas, que ven en esta crisis de seguridad una nueva oportunidad histórica para asaltar el poder.

(Edit. ld.)
- Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/opinion/editorial/europa-debe-enfrentarse-al-terrorismo-islamista-79635/






Si negamos que hay guerra contra el islam, la perderemos": las 10 lecciones de Sartori

El polémico politólogo heterodoxo italiano ofrece en su último libro sus penúltimas y muy pesimistas consideraciones acerca de los temas cruciales del mundo actual. (El Confidencial)


- Seguir leyendo: http://www.libertaddigital.com/opinion/pedro-de-tena/estamos-en-guerra-pero-estamos-a-tiempo-79630/