martes, 2 de agosto de 2016

FALTAN CABEZA Y COJONES


 (Tenemos una clase política que desborda mediocridad, sectarismo y cobardía.


Con estos mimbres es difícil que se puedan solucionar los órdagos como el de los separatistas antiespañoles de Cataluña. 


Ni siquiera son capaces- los políticos llamados 'constitucionalistas'- de hacer cumplir la Constitución y las leyes a los que la incumplen repetidamente.


Al ciudadano de a pie lo machacan a impuestos. Eso sí.


¡Qué terrible desgracia! Nos representan unos impresentables. Incapaces de defender la legalidad constitucional y España.)







 FALTAN CABEZA Y COJONES.

EL PARLAMENT HA DE SER INTERVENIDO.
 
En cualquier democracia consolidada, si un Parlamento regional se declara fuera de la Constitución y avanza hacia la independencia queda intervenido. Pero en España somos así, señores. Seguiremos con la ficción del Estado de las Autonomías, que nadie sabe ya lo que significa.

En Cataluña se acaba de perpetrar el equivalente incruento de un golpe de Estado y no pasa nada. Sus fautores deberían estar “caminito de Jerez”, acompañados gentilmente de la Guardia Civil. No lo verán nuestros ojos, aunque se pueda citar un caso similar durante la II República. 

El castigo no pasará ahora de un recurso más ante el Tribunal Constitucional y quizá alguna destitución simbólica, que también será recurrida. Esto es el paraíso de los abogados.
El asunto viene de lejos. Ahora sabemos que el Estado de las Autonomías (un gracioso oxímoron) fue una chapuza en toda regla. Como había que contar con los nacionalistas vascos y catalanes para el famoso consenso que había de superar el franquismo, se les dejó toda suerte de asombrosos privilegios. El primero, que podían estar representados en las Cortes Generales. Esa es la incongruencia mayor que es necesario hacer saltar cortando el nudo gordiano de nuestra Constitución anquilosada.

El principio democrático esencial es que todos los partidos que concurren a las elecciones generales deben tratar de representar al conjunto del pueblo español, no a un parte.  Los partidos nacionalistas que hoy se sientan en las Cortes son realmente grupos de presión. Es evidente que sus diputados y senadores actúan con “mandato imperativo”, contrariando el precepto constitucional. Es más, algunos de ellos ni siquiera se consideran españoles, pero no les importa cobrar del Estado español. Más parece un gesto rufianesco.

 Antes de ponernos a cambiar la Constitución, menester sería cumplir el espíritu de la vigente. Si así no se hiciera, el Estado de Derecho corre peligro de saltar por los aires.

Las incongruencias del Estado de las Autonomías se podrían resolver en la nueva Constitución si ahora el Gobierno gobernara. Pero, ay, después de un año desarbolado, carece de condiciones para navegar, menos aún con una mar tan agitada. Todo depende, no ya del Gobierno, sino de la decisión de los partidos dizque nacionales o constitucionalistas.

 En los cuales, de momento, domina la retórica, la componenda, la cobardía. La prueba es que se pueden pasar un año cobrando lustroso sueldos y gabelas sin haber hecho su trabajo principal, que es el de formar un Gobierno estable. Vergüenza ajena da tal prueba de incompetencia.

Se comprenderá la ocasión tan propicia que han sabido aprovechar los nacionalistas catalanes para iniciar la desconexión con el Estado español. Como si tal cosa fuera tan fácil. Lo será si los partidos nacionales vacilan o bacilan.  En ello estamos.

En definitiva, la independencia de Cataluña se puede precipitar, no por la voluntad de los partidos nacionalistas sino por la incapacidad del Gobierno. Es evidente que aquí sobran políticos y faltan estadistas. Son dos especies diferentes; no se pueden fecundar entre ellas.

(Amando de Miguel/ld.)
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