domingo, 14 de agosto de 2016

LA ENVIDIA, PECADO NACIONAL








LA ENVIDIA, NUESTRO PECADO NACIONAL.

España tiene muchos problemas en esta hora. El más urgente es la formación de un Gobierno con capacidad para gestionar nuestros innumerables retos. Eso lo sabemos todos. Cuenta con otros muchos retos a los que también deberemos enfrentarnos a corto o medio plazo. Ahí podemos incluir desde la deuda hasta la necesidad de aplicar una ley de educación que dé un temario común a todos los españoles -lo que algunos se toman como una afrenta y así les luce el pelo. 

Pero disculpen si les digo que en estos días de solaz, un reportaje de la revista «¡Hola!» me ha llevado a la conclusión de que el mayor -e irresoluble- problema de España sigue siendo uno de los siete pecados capitales que enumeró San Gregorio Magno en el siglo VI y que con tanto acierto analizó desde la perspectiva española Fernando Díaz-Plaja hace ahora cincuenta años: la envidia.

«¡Hola!» arranca esta semana con doce páginas dedicadas al «Maìn», el mega-yate del modisto y estilista italiano Giorgio Armani. El barco es tan inverosímil que tras la barra del bar las estanterías que sostienen las bebidas carecen de un tope para que cuando se escore la nave no se precipiten al suelo.

 Y supongo que no lo tienen porque para eso cuenta Armani con una tripulación «joven y bronceada que se somete a tres cambios de uniforme al día y se encarga con precisión suiza de que todo esté a punto para las vacaciones del diseñador».

 Esa tripulación está compuesta por diez personas: nueve hombres y una mujer, lo que es intolerable según las cuotas femeninas zapateriles, pero como Armani es italiano y soltero por naturaleza cabe imaginar que a él no se le puede exigir que cumpla con esas minucias.

La pregunta es: ¿Creen ustedes que en España podría haber un millonario con una fortuna de igual o superior antigüedad que Armani -que tampoco es mucha- que se atreviese a enseñar en «¡Hola!» su barco? Por no irnos a sectores muy diferentes, dado que Armani está en el ámbito de la costura ¿qué dirían en España si Amancio Ortega enseñara las intimidades de su barco y desplegara su tripulación? O por ir a otro sector de negocio del italiano, el de los perfumes, ¿se imaginan a la familia Puig haciendo pareja ostentación de su bien ganada fortuna? 

En España te asaetearían en la plaza pública. Porque en nuestro país está mal visto triunfar y ganar dinero. Se contempla con divertimento y deseo el despliegue de bienes de los ricos extranjeros pero se condena sin juicio previo a quien ha hecho fortuna con su trabajo aquí. Por no hablar de quien la ha heredado, que ése ya es considerado delincuente sin derecho a defensa.

El único verdadero problema que genera quien dispone de un patrimonio a una parte relevante de la sociedad es la envidia.

 Porque ese patrimonio debe estar invertido en algo para poder ir generando algún dividendo. Y esas inversiones generan otra riqueza además de la que aspira a obtener quien apuesta por un producto o un negocio. Hay, ciertamente, quien malgasta su dinero en futilidades que podríamos llamar «buena vida» y que que puede acabar llevándole a la ruina. 

Pero eso sólo es una desgracia para él y los suyos, no para el resto de la sociedad, porque el rico que dilapida su dinero se lo estará dando a ganar a otros que generan los bienes en los que él derrocha su fortuna.

Sólo hay una cosa que me gusta de Donald Trump: que demuestra que EE.UU. es un país en el que ser rico no es un pecado, como ocurre en España. Allí es un gran activo. Y otros millonarios han llegado tan lejos como Trump: John Kerry o Mitt Romney lo hicieron. Y John Kennedy que fue presidente. Igual que en España...

(Ramón Pérez Maura/ABC)