viernes, 12 de agosto de 2016

LA INVESTIDURA IMPROBABLE.







LA INVESTIDURA IMPROBABLE.

Que sí, que sí, que la investidura hay que ganársela, que hay que seducir a tus posibles aliados, que hay que ser generoso, que hay que ser valiente, que hay que derrochar imaginación, que hay que hacer algo más que enviar tu programa electoral… todo eso es verdad; pero esa misma apelación a la responsabilidad política de quien tiene mandato popular para ser investido debe ser espetada también a quienes pueden desbloquear la situación, los cuales, hasta el momento, no han hecho más que desentenderse de la cuestión.

 El PSOE es el no; y lo es, posiblemente, porque su secretario general acaricia la esperanza de articular una alternativa, iniciativa que ayer tuvo mucho cuidado de no desmentir. Ciudadanos es el no a Rajoy, el veto personal a un político que, sintiéndolo mucho, no es corrupto; ha sido poco vigilante, todo lo más, con individuos que le rodeaban, pero no mucho más que aquellos que han ejercido el mando en el partido socialista.


Después del encargo del Rey se espera oferta de entendimiento programático y, a partir de ahí, habrá que esperar a saber si ese veto se levanta o no. Si no es así, si el veto continúa –y ayer no hubo señal explícita en sentido contrario– Rajoy no podrá hacer más que presentarse en la investidura y recibir cornadas como panes. Con 137 escaños y la sola abstención en segunda ronda de 32 diputados no se va a ninguna parte. O sí: a las terceras elecciones, ese escenario que todos dicen no querer, o a la alternativa endemoniada por la izquierda que encabezaría Sánchez sumando a tirios y troyanos. 

Las dos posibilidades son estremecedoras. Unas terceras elecciones paralizan el país seis meses, justo cuando los desafíos europeos son mayores, las amenazas terroristas rebanan Europa y el Parlamento catalán se pasa el día haciendo cabronadas. 

Un gobierno insensato de Pedro Sánchez con el batiburrillo Podemos y el añadido de los independentistas no haría más que desestabilizar la delicada posición de España en todos los órdenes –sería curioso saber cómo emprenderían el recorte que Bruselas ha impuesto para el próximo año– y asegurar un desbarajuste territorial de primer orden.

Con lo cual el calendario incierto que nos espera no garantiza nada por mucho que el Rey haya encargado a Rajoy que inicie trámites. En ningún momento se ha asegurado que Rajoy vaya a presentarse. Simplemente va a buscar apoyos; ¿y si no los encuentra?, ¿se presentará igualmente?, ¿le obliga a hacerlo el artículo 99.2 de la Constitución?, ¿aceptar el encargo obliga a poner fecha de investidura pase lo que pase?

 Los socialistas esperan con ansia el momento en el que Rajoy se presente y lo haga, esperan ellos, sin apoyos suficientes: será el momento de devolverle el mal trago que pasó Sánchez cuando se tiró a aquella piscina sin agua. Pactar con los nacionalistas independentistas es impensable viendo lo que están montando en el Parlamento catalán, esa feria permanente de ilegalidad. Ni siquiera es contemplable que puedan acceder a grupo parlamentario; a tipos que desafían leyes no se les puede dar absolutamente nada. Pactar con Ciudadanos garantizándose el sí es la única posibilidad de formar algo parecido a un gobierno.  

Si Rivera no da el sí el país va a entrar en la barrena de la inoperancia, aún más quiero decir. Sólo con abstenerse no se consigue nada, ni siquiera salvar la cara, con lo que alguien deberá dar algún paso: el primero le corresponde al actual presidente en funciones, y es ofrecer reformas atractivas a quienes pueden facilitar su investidura, pero el segundo es desbloquear una situación que puede ser todo lo curiosa históricamente que queramos, pero que causa auténtico hastío en una ciudadanía absolutamente harta de vivir en un país incapaz de hacer lo que han hecho otros, casi todos, de esta Europa a la que dicen que pertenecemos.

(Carlos Herera/ABC)