lunes, 21 de mayo de 2018

LA EUROPA PROGRE Y ESTÚPIDA







(La Europa pogre y estúpida desconfía de la España democrática y no se atreve a toca un pelo a los políticos racistas catalanistas.

Pasó algo parecido pero mucho peor con ETA. Incluso la santa y maravillosa BBC, NUNCA trató a los etarras como asesinos. Los tastaba como románticos independentistas.

Y con ellos, buena parte de la progresía europea. Era de buen tono, al menos no llamarles banda criminal. Esto se reservaba para la derecha.

Lo digo una vez más, la derecha- en general y con las honrosas excepciones- es asquerosamente cobarde. La izquierda- en general y con las honrosas excepciones- es asquerosamente sectaria. Y cree que es moralmente superior. También dan asco.

Este es el panorama.)



HA LLEGADO LA HORA DE IR A POR TODAS.

Un racista de la peor especie, aplaudido y secundado por todos los diputados secesionistas a quienes no ha frenado en absoluto la infame condición ética de quien se ha alzado gracias a sus votos con la presidencia del gobierno catalán, pretende ahora conformar su gobierno incorporando a partes iguales a personajes en prisión preventiva y a otros que están huidos de la justicia.

Es, naturalmente, parte del programa del enloquecidoPuigdemont de hacer saltar por los aires cualquier atisbo de acercamiento al Gobierno de España porque lo que no quiere bajo ningún concepto es que ese diálogo que proponía tramposamente el presidente racista de la comunidad autónoma y aceptaba con cautelas el presidente del Gobierno se pueda celebrar. 

Por eso Torra se ha apresurado a anunciar la composición de un gobierno imposible. El anuncio, con estos cuatro hombres a los que persiguen los tribunales por la sencilla e inapelable razón de que han violado reiteradamente las leyes españolas y han desafiado al Tribunal Constitucional, es toda una declaración de intenciones.

El presidente racista, un auténtico escándalo que no tendría cabida en ningún país democrático, pero sí la tiene en esta Cataluña que se atreve a describirse como el paraíso de las libertades, deja muy claro con  esta pretensión de nombramientos que no acepta ni reconoce las leyes del país en el que vive y que está dispuesto a seguir ignorándolas. Y eso es algo que no se le puede tolerar.
El presidente racista es un auténtico escándalo que no tendría cabida en ningún país democrático.
Porque este no es un gesto simbólico sino la realización de un desafío de gran calibre. Por supuesto, el Gobierno debe aclarar inmediatamente que no se admiten sus pretensiones y debe impedir que el presidente racista cometa la tropelía de acudir a la cárcel de Estremera y materialice su pretensión de dar posesión simbólica de sus cargos a los presos Turull y Rull que, con su aceptación del nombramiento, han ratificado al juez en su decisión  de mantenerlos en prisión preventiva por riesgo de reiteración delictiva. Desde luego, su horizonte penal se clarifica un poco más a partir de hoy pero a mucho peor: ya no tienen defensa posible.

Todos ellos son muy conscientes de lo que hacen y de lo que supone secundar las locuras de un Puigdemont que busca con este desafío provocar un choque frontal con el Gobierno que alarme a Europa y fuerce a España a negociar con el secesionismo y le libere a él definitivamente de la espada judicial que pende sobre su cabeza.
Pero el Gobierno tiene que dar una respuesta a la altura de la provocación. No puede guardar silencio y refugiarse en la prudencia.
 Y la respuesta en este caso tiene que ser política, no cabe protegerse de nuevo con las togas de los jueces. Mariano Rajoy debe dar un paso al frente y asumir de cara la responsabilidad que se le pide en tanto que presidente del país. Y debe darse prisa y no dejar la respuesta para dentro de unos días. Los españoles, mayoritariamente indignados y ofendidos por el racista y sus correligionarios, están esperando que el Gobierno mueva ficha y la mueva ya.
El Gobierno tiene que dar ya una respuesta a la altura de la provocación. No puede guardar silencio y refugiarse en la prudencia.
En estas condiciones, hay que dar la razón a Albert Rivera cuando pide que no se levante la aplicación de artículo 155. No la tenía ayer ni anteayer porque el Senado había establecido que el 155 decaería en el momento de la formación de un nuevo gobierno en Cataluña. 

Pero, visto lo visto, ya la tiene hoy porque atenerse en estos momentos a la literalidad de la aprobado sería una trampa tras la que se escondería una actitud cobarde y pusilánime. Tras la constitución de un nuevo gobierno sí había que levantar el 155, pero no de este proyecto de gobierno que incluye a presos y a fugitivos de la justicia. Así, no, habría que decirle al racista con toda la contundencia de que se sea capaz.

Y si Rajoy se ve en la tesitura de despedirse de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado porque un PNV más atento a sus intereses particularísimos y a sus mohínes de contrariedad impostada por el supuesto repelús que le pueda dar el mantenimiento de ese artículo le niega su voto favorable a las cuentas del Reino, tendrá que aguantarse y tirar para adelante con los presupuestos de 2017 prorrogados. Sería una pena, sí, pero continuar tragando los abusos de quienes han violado las leyes y se disponen a seguir haciéndolo no es que sea una pena, es que sería una tragedia de la que los españoles no se podrían nunca recuperar.
Eso por no contar con que si Rajoy no da ahora un paso al frente su partido estará muerto para siempre. De modo que ha llegado la hora de decir “¡hasta aquí hemos llegado!” con toda la potencia de voz que se sea capaz. Y mejor antes que después. ¿A qué estamos esperando?

 (Victoria Prego/El Independiente.)




LA SOLEDAD DEL SUPREMO ANTE EL GOLPE.

La Justicia belga no entrega a tres ex consejeros reclamados por el juez Llarena por defectos formales. Y ello a pesar de que ha habido un golpe de Estado, en sentido kelseniano, lo que se da cuando "nulifica y sustituye el orden jurídico en forma ilegítima; el cambio del viejo al nuevo orden se hace sin concordar con el principio de legalidad".

 Para Llarena se ha producido un ataque al Estado constitucional sin parangón en las democracias de nuestro entorno. El TC indica que ha habido una total ajenidad con la Constitución, se rompen el principio de primacía, el principio de unidad y el principio de soberanía. En el pasado tuvimos otros golpes de Estado como el 18 de julio de 1936. La Guerra Civil se hubiese evitado si la comunidad internacional hubiera cooperado con la República. La pérfida Albión llevó a la política de la no intervención. Ante el golpista Franco se mantuvo la equidistancia con la República. La democracia española del 78 está sola ante los golpistas separatistas. Cualquier jurista sensato confiaría en la cooperación europea, no en la libre circulación de golpistas.

En el mundo conviven dictaduras y democracias, pero en el espacio europeo confiábamos en la democracia y el Estado de Derecho, como reconocen los artículos 3, 42 y 7 del Tratado de la Unión Europea (TUE). La Orden Europea de Detención (OED) se basa en el principio de reconocimiento mutuo, en el de doble incriminación y en el de territorialidad penal. ¿Qué ha sucedido en la Justicia belga?

Nada, son prejuicios. No hay que echar la culpa al juez Pablo Llanera, que ha obrado con el poder de unos argumentos aplastantes y, por razón de ello, los jueces belgas finalmente no han podido entrar en los mismos y se han ido a un supuesto defecto técnico. Los prejuicios y los estereotipos sobre España han pesado más que el Derecho. El Supremo entiende que se han desconocido "el ordenamiento jurídico y el auto de procesamiento".


El Supremo debería reflexionar sobre si interponer una cuestión prejudicial sobre la base del artículo 4.2 del TUE y el incumplimiento belga de su obligación de cooperar. Se está poniendo en entredicho el Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia. España entrega cada año a más de 1.200 presuntos delincuentes. Si para este viaje europeo no sirven las alforjas de la OED, se podría volver a los principios clásicos del Derecho Internacional de la autotutela y la reciprocidad. El principio par in parem imperium non habet obliga a un Estado a respetar a los tribunales de otro Estado; el principio de cooperación, el de lealtad y el de reconocimiento mutuo obligan a entregarlos.


"Los prejuicios y los estereotipos sobre España han pesado más que el Derecho".

Este caso evidencia la voluntad de no cooperar. Esto puede llevar a un replanteamiento de las OED, sobre la base del principio de reciprocidad, el do ut des, lo que era antes impensable en la UE. El Ejecutivo de Rajoy podría estudiar si plantea una cuestión ante el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya. El Supremo y otros tribunales también podrían rebelarse contra el sistema de la euroorden.

La jurisprudencia de Alemania e Italia mantiene que no entra a conocer los actos de Derecho de la Unión Europea mientras mantenga un nivel de protección equiparable al nivel de protección constitucional. El Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional podrían mantener que se van a rebelar contra el sistema de la euroorden si este sistema no mantiene un nivel de protección comparable al de nuestro sistema constitucional.

Aunque estamos ante un desafío que constituye un desafuero, no somos bien entendidos en otros países. Los magistrados están como el llanero solitario, solos ante el peligro. Llegados a este punto, se confía más en la independencia judicial que en la competencia política, tal es el rompecabezas partitocrático y la falta de concordia y de consenso.

 Si no triunfa el Estado de Derecho, sucederá como con Franco, que los leales a la República fueron condenados por auxilio a la rebelión. Tal vez ahora no acabemos fusilados, como alguno de nuestros abuelos. No desde luego el de Puigdemont que, según la prensa, era un filofascista. Y de tal palo tal astilla, y tal dedazo, como el que ha designado a Quim Torra.

Carlos R. Fernández Liesa es catedrático de Derecho Internacional en la Universidad Carlos III./El Mundo.

 


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