miércoles, 28 de octubre de 2020

ÉLITES

 


 

ALGUNAS CUESTIONES RELEVANTES. ÉLITES (II)

Siempre las ha habido. Más aún, la circulación de las élites sería un aspecto central del correcto funcionamiento de las democracias. Por ahí van las ideas de los destacados estudiosos de las élites: W. Pareto, G. Mosca y R. Michels.

Una misión de la democracia es atenuar la distancia ente las élites y los que no lo son. Una efectiva e inteligente manera de hacerlo es la circulación de las mismas. Además de esto, la democracia debe conseguir que el pueblo sea culto y que necesite- lo menos posible- el liderazgo de las élites. Esto no significa despreciarlas, ni marginarlas. En absoluto. La tarea de las élites debe ser, entre otras muchas cosas, la de opinar públicamente acerca de las cuestiones que afectan a la vida de los ciudadanos, para que éstos estén mejor informados y formados. Y, luego, decidan libremente qué opciones les parecen mejores.

Esto supondría una importante mejora en la calidad de las decisiones ciudadanas. Porque ahora, una de las fuentes principales de información-formación, son las tertulias televisivas, que prefieren divertir y entretener, excepciones aparte. Profundizar y argumentar es aburrido. Se enfatizan las emociones y los sentimientos, como elemento determinante. Sin embargo, los ciudadanos necesitan estar adecuadamente formados para no caer en las trampas de los demagogos. Que están siempre al acecho. Un pueblo culto difícilmente será manipulado. Pero esto no interesa a la mayoría de políticos.

Sería muy deseable que la máxima kantiana, ‘Atrévete a pensar por ti mismo’, fuese más una realidad que un objetivo deseable. No basta quererlo, hay que poner los medios adecuados para acercarse a este desiderátum. Y no lo es, por ejemplo, poder pasar curso con cualquier número de suspensos, como propone el gobierno socialcomunista. De todos modos, no basta cualquier ‘pensar por ti mismo’. Ha de ser un pensar fundamentado, justificado. No lo es dejarse llevar por intuiciones, deseos o emociones.

¿Por qué? Son mundos cerrados que se enfrentan sin nada que argumentar. Se puede argumentar si hay propuestas avaladas por hechos y razones. Hay que educar en la racionalidad, la argumentación y los hechos contrastados. De la manera más objetiva posible. De este modo, se producirá el necesario debate de ideas, que debe ser previo a toda acción responsable.

Por tanto, las preferencias- de las personas o de los grupos políticos- han de ser expresables en un lenguaje en el que los demás puedan participar como iguales. No es así, cuando se ponen sobre la mesa los deseos, emociones y sentimientos de unas personas que, encima, suelen presentarse como intocables y como víctimas. En España, las sagradas identidades vasca y catalana, etcétera. La dictadura políticamente correcta, exige respeto incondicional cuando se trata de grupos o minorías, supuestamente oprimidas. Con esto entramos en el tenebroso ámbito de la irracionalidad, la obsesión identitaria y el victimismo.

Cuando esto sucede, la racionalidad y la igualdad ante la ley, dejan de tener sentido. Es decir, tienes que respetar mis deseos, intuiciones y tradiciones, porque son sagradas. Sin embargo, hay que rechazar este peligroso camino. Las presuntas víctimas del blanco heterosexual occidental (o del español que no se avergüenza de serlo) quieren obtener provechosas recompensas y ventajas. Aparte de las subvenciones, el blanco heterosexual tiene que pedir perdón, rodilla en tierra. El que se niegue es un ‘facha’. El sistema de enseñanza/adoctrinamiento y los medios de manipulación y propaganda completan la jugada de la izquierda reaccionaria.

El debate racional, - que es importantísimo practicar de manera sistemática, dentro y fuera de la escuela- que argumenta y justifica lo que dice, dará lugar a decisiones mejores. Que, por otra parte, podrán ser revisadas siguiendo los métodos de ensayo y error, diálogo racional y prudencia inteligente.

Perseguir, o marginar, a las élites, es propio de las tribus, antiguas o modernas, en las que el individuo se diluye en grupos, más o menos fanatizados. Normalmente de izquierdas. Como ya sucede, trágicamente, en muchas universidades, cuando debieran ser templos de racionalidad. En las sociedades extensas y democráticas- como las nuestras- deberían coexistir dos objetivos. Entre otros muchos. Culturizar al máximo a los ciudadanos, para que sean libres y autónomos- la ignorancia lo impide-, y favorecer el surgimiento de élites.

Lo contrario supondría reprimir la capacidad extraordinaria que algunas personas tienen, en algún ámbito. Teórico o práctico. También hay que educar en la aceptación de la excelencia. ¡Qué pobre la persona que está resentida porque otro es mejor! ¡Qué pobre la sociedad que no educa en el reconocimiento de las excelencias ajenas!

Resumiendo. La persecución, directa o indirecta, de las élites (envidia y resentimiento), siempre redunda en empobrecimiento- económico, cultural y moral- de la sociedad en su conjunto. Democracia incluida. La sociedad se reaviva con las ‘subidas de nivel’ de personas con altos niveles de excelencia. Que deberían ser referencia y estímulo para todos. Se trata, pues, de favorecer la ‘excelencia’, de todo el que- teniendo condiciones- esté dispuesto a perseguirla tenazmente. De ahí la enorme importancia de la igualdad de oportunidades.

Fomentar y respetar la excelencia, facilita la inevitable relación entre el ‘yo’ (en este caso, la persona que alcanza la excelencia) y el ‘nosotros’. Esta relación, si es buena y fluida, beneficia a todos. No como ahora, en que la excelencia educativa está mal vista, por ‘elitista’. No entienden nada. Y, si lo entienden, prefieren la igualdad igualitaria que, en la práctica, siempre es a la baja. Iguales, pero más aborregados. Odian la meritocracia. Por eso las élites son: Sánchez, Iglesias, Rufián, Puigdemont, el Gran Wyoming, etcétera. Y el PP, atontado.

Recordemos, finalmente, que el famoso dicho ‘Sé quién eres’, no significa- a pesar de las apariencias- que debas conformarte con lo que eres, sino que debes desarrollar al máximo tus capacidades, buscando la excelencia. Como dijo don Quijote: ‘Prefiero el camino a la posada’. Camina pues, pero no te reafirmes, tercamente, en ‘tu verdad’, si recibes críticas razonables que debieran hacerte dudar y reflexionar, en vez de irritarte.

Le preguntaron a Aristóteles si era amigo de Platón, dado que hacía críticas a su obra:

‘Soy amigo de Platón, pero más amigo de la verdad’.

 

(Sebastián Urbina/MallorcaDiario/28/10/2020.) 


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