jueves, 8 de octubre de 2020

FRATTELLI TUTTI


Hermanos Todos” es el título de la encíclica que acaba de publicar el Papa Francisco. Algunos se han apresurado a apropiársela. Otros la han criticado agriamente. Asustado por lo que decían de ella me he acercado a leerla, y me he llevado una grata sorpresa. Tiene muchas cosas interesantes.

Ante todo es una llamada a la fraternidad y el amor universal. El Papa escribe, sin embargo, que desgraciadamente “en muchos países se utiliza el mecanismo político de exasperar, exacerbar y polarizar. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar. Me suena.

Recuerda también que “partes de la humanidad parecen sacrificables (…) no se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si ‘todavía no son útiles’ —como los no nacidos—, o si ‘ya no sirven’—como los ancianos“. Huelga decir que esto último se refiere al aborto y la eutanasia.

El Santo Padre denuncia uno de nuestros mayores problemas: “la falta de hijos, que provoca un envejecimiento de las poblaciones, junto con el abandono de los ancianos a una dolorosa soledad, es un modo sutil de expresar que todo termina con nosotros, que sólo cuentan nuestros intereses individuales”.

El documento, siguiendo la doctrina tradicional de la Iglesia, reconoce el derecho a la propiedad privada, si bien subordinado al destino universal de los bienes: “Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes”. “Por consiguiente, como comunidad estamos conminados a garantizar que cada persona viva con dignidad y tenga oportunidades adecuadas a su desarrollo integral.” No podemos desentendernos de los demás.

Francisco examina y critica tanto populismos como liberalismos. Conviene leer detenidamente el documento para evitar interpretaciones capciosas. “El desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas, que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos.” Ojo al tan frecuente crony capitalism.

El populismo es “insano” “cuando se convierte en la habilidad de alguien (…) al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población. Esto se agrava cuando se convierte, con formas groseras o sutiles, en un avasallamiento de las instituciones y de la legalidad.” Me parece muy de actualidad.

“El gran tema es el trabajo. (…) Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna. Por ello insisto en que «ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias. El gran objetivo debería ser siempre permitirles una vida digna a través del trabajo»”. Excelente.

Hay que evitar también “visiones liberales individualistas, donde la sociedad es considerada una mera suma de intereses que coexisten”. “Mi crítica al paradigma tecnocrático no significa que sólo intentando controlar sus excesos podremos estar asegurados, porque el mayor peligro no reside en las cosas, en las realidades materiales, en las organizaciones, sino en el modo como las personas las utilizan. El asunto es la fragilidad humana, la tendencia constante al egoísmo humano que forma parte de aquello que la tradición cristiana llama “concupiscencia”: la inclinación del ser humano a encerrarse en la inmanencia de su propio yo, de su grupo, de sus intereses mezquinos. Esa concupiscencia no es un defecto de esta época. Existió desde que el hombre es hombre y simplemente se transforma, adquiere diversas modalidades en cada siglo, y finalmente utiliza los instrumentos que el momento histórico pone a su disposición. Pero es posible dominarla con la ayuda de Dios.” “Hay visiones liberales que ignoran este factor de la fragilidad humana, e imaginan un mundo que responde a un determinado orden que por sí solo podría asegurar el futuro y la solución de todos los problemas. El mercado solo no resuelve todo”.

No puedo estar sino de acuerdo. Francisco critica tanto el populismo como ciertas visiones liberales interesadas o extremas -diría que tanto mercantilistas como libertarias o anarcocapitalistas. El mercado tiene una importancia insustituible, pero no es la panacea. Critica también un egoísmo, un individualismo y un consumismo que por supuesto que están muy presentes. Ni el mercado ni el mundo pueden funcionar correctamente sin un sustrato moral que los sostenga: el cumplimiento de los contratos y la palabra dada, el ayudar a quien se halla en apuros, etc.

Es clásica la metáfora de la tarta. La izquierda se preocuparía de repartirla, y la derecha -el liberalismo- de acrecentarla. Obviemos la evidente simplificación. Ambas preocupaciones son pertinentes, y la cuestión es hallar el equilibrio que permita crear riqueza sin dejar a nadie abandonado. Ya saben que mi opinión es la de un Estado pequeño y eficiente que permita una gran libertad, al tiempo que proporciona seguridad y asiste a quien lo requiera.

Pero como dice el Santo Padre, ningún sistema puede proporcionarnos un mundo perfecto. Lo único que podría es la conversión personal de cada uno: “Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana”.

(Gabriel Le Senne/MallorcaDiario/8/10/2020.)

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