lunes, 3 de octubre de 2005

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Leo (en Libertad Digital-3-10-2005) lo que dice el economista Alberto Recarte, en Los Presupuestos Generales del Estado y el futuro de España': ' ... Cataluña es sólo el comienzo. El País Vasco seguirá. Después, en tropel, todos los demás. Y no hay ni habrá nunca Presupuesto capaz de financiar el caos. Leo (La Razón del mismo día) las declaraciones del Presidente Rodriguez:'El término nación es un ingrediente con una fuerza simbólica que no repercutiría en absoluto en el actual status de la comunidad autónoma de Cataluña, ya que su naturaleza es 'no jurídica' ... aunque identifica ciertos puntos de colisión con la Carta Magna'.

Es para echarse a temblar que un Presidente de Gobierno sea capaz de decir ciertas cosas que ignoran o cuestionan aspectos centrales de nuestra democracia. Por ejemplo, en el Preámbulo y en el artículo 2 de la Constitución Española se dice claramente que la Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la nación española. Además, el titular de la soberanía es el pueblo español. Recordemos al Presidente Rodriguez que ya en la Constitución de Cádiz de 1812 se dice que España es una nación. No Cataluña, País Vasco, etcétera.

También es conveniente recordar que la autodeterminación no es aplicable a los Estados democráticos existentes. Por cierto, los Estatutos tienen que ser aprobados por las Cortes Generales.

Otra cosa incomprensible es el sectarismo enfermizo del Presidente. Una cuestión de tanta importancia y gravedad, exigiría un previo pacto con el PP, que representa unos diez millones de votos. Máxime en unos momentos de ofensiva nacionalista periférica, como la que tenemos. Pero eso es el talante ¡Todos contra el PP!

Es decir, sectarismo, irresponsabilidad y estar cogido (voluntariamente) por las pelotas al haberse entregado al apoyo de partidos anticonstitucionales y antiespañoles. ¡Gloria a Zetapé! Y a los que le apoyan, porque esto no puede hacerse solo.

Sebastián Urbina.

PD. Se ha dicho con frecuencia que somos 'animales simbólicos', de ahí la gran importancia que tienen los símbolos para los seres humanos. El peligro es quedarse a medias.

4 comentarios:

verdadyanonimato dijo...

"También es conveniente recordar que la autodeterminación no es aplicable a los Estados democráticos existentes."
Necesito una explicación. No se porqué no es aplicable. Quizá el que se quiera autodeterminar tenga razones suficientes para ello.

"Por cierto, los Estatutos tienen que ser aprobados por las Cortes Generales."
Pero no deja de ser un tema de legalidad. Puede que se aprueben y sean un disparate o una injusticia. O que no se aprueben y respondan a una realidad o a un nuevo reparto de poderes

Sebastián Urbina dijo...

Primer punto. Si las razones que formulan los grupos humanos para autodeterminarse fueran suficientes, las regiones y las ciudades podrían hacerlo y convertirse en naciones-Estado. En contra de esta posibilidad están las resoluciones de Naciones Unidas: 1.514 (XV) de 14 Diciembre 1960. Sus principios fueron confirmados por el Pacto internacional de derechos civiles y políticos de Nueva York de 1966. También la Resolución 1.415 (XV) que defiende el principio de integridad territorial de los Estados. La proliferación de la autodeterminación y las naciones-Estado aumentaría, previsiblemente, la inestabilidad y los conflictos. Por ejemplo, Europa tiene unas 150 regiones (aunque no hay unanimidad en el número), lo que podría provocar situaciones inmanejables si se convirtieran en naciones-Estado. Se trata de un argumento pragmático, muy importante en el ámbito político.
Segundo punto. Los temas de legalidad son muy importantes, especialmente si hablamos de legalidad democrática. En ausencia de legalidad, los grupos humanos se sumergen en el Hobbesiano estado de naturaleza (guerra de todos contra todos). Salir del estado de naturaleza supone entrar en la legalidad. En este sentido, se ha dicho que las relaciones internacionales están cerca del estado de naturaleza por ausencia de una legalidad como la que tienen los sistemas jurídicos nacionales. Es decir, con un poder coactivo institucional, centralizado y eficaz.

verdadyanonimato dijo...

Estoy de acuerdo en que las razones de orden práctico a la hora de mantener la actual distribución de Estados son muy importantes. También, que los acuerdos entre los actuales (los expresos en ONU, UE, OTAN, ... y los tácitos también) son una autoprotección ("yo me declaro intocable y me comprometo a no apoyar ningúna secesión en tu integridad"). Entiendo la democracia como un sistema imperfecto en constante evolución en la cual con los cambios de pesos electorales de un grupo respecto de otro (por demografía, por cambio de leyes, ...) pueden hacer que los nacionalismos o los globalismos otorguen o arrebaten competencias, llegando a unirse varios Estados en uno sólo o dividirse un Estado en otros.
Efectivamente, necesitamos una legalidad, unas reglas de juego (estoy especialmente de acuerdo en la necesidad de un sistema jurídico internacional fuerte). Pero constantemente, los Estados incumplen sus propios preceptos fundamentales, unas veces porque lo hacen en el exterior y otras veces porque aducen situaciones excepcionales. De la misma manera, se pueden poner en cuestión las reglas de juego por parte de indivíduos o grupos que las consideran injustas. Aunque tengan un problema por tener escaso peso político según esas reglas.
Aprovecho para agradecerle, Sr.Urbina, el fondo y la forma de su respuesta. Supura inteligencia. Saludos.

Sebastián Urbina dijo...

Primero, gracias. Segundo, es cierto que los Estados cometen abusos e injusticias de diversos tipos. Tercero, creo que es conveniente distinguir entre dos clases de situaciones. Por una parte, las injusticias de un Estado (sus representantes) que suponen la negación (o la violación sistemática) de los derechos individuales básicos de un grupo minoritario. Por otra parte, las injusticias que no lo suponen. Creo que sólo en el primer caso estaría justificada la autodeterminación de este grupo minoritario. Aunque no sea un derecho, ya que no está reconocido por ninguna Constitución del mundo. Con la posible excepción (no estoy seguro) de Rusia.