jueves, 5 de octubre de 2006

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Leo (edición nacional de 'METRO directo'/5/10/2006) la columna de la periodista Imma Sust, 'Un hombre de verdad'.


'Hola, me llamo Imma y quiero un hombre de verdad. A mis 32 años ya me he cansado de esperar al príncipe azul y, una vez asumido eso, me doy cuenta de que los hombres de verdad ya no existen. Ahora, el hombre del siglo XXI es como nosotras, las mujeres, igualitos pero con pene.


De hecho, son peores. ¡Usan nuestras cremas, se depilan ... Yo no quiero un hombre sensible, quiero un hombre que me abra la puerta del coche, me defienda si entra un ladrón en mi casa, sepa conducir y no llore viendo Los puentes de Madison ...


Antes era más fácil. Un hombre llevaba un pendiente y estaba claro, era gay. Ahora tienes que hacerle un test para descubrir de qué palo va ... Pero lo peor viene a la hora de cenar. No se limita a limpiar los platos o recoger la mesa como haría cualquier hombre normal. No. Cada día, entra en mi cocina, lo ordena todo a su manera y decide por mí qué es lo que tengo que comer ...


Pero el otro día pasó algo con lo que una no puede luchar. Le pedí que me ayudara a colgar un cuadro y resulta ¡que no sabía hacerlo! ...



¿Pero qué está pasando? Si un hombre ya no puede colgar un cuadro ¿de qué narices te sirve?



Título de la noticia: LAS FEMINAZIS CONTRAATACAN.





Hace pocos días ví un programa de debate en Intereconomia televisión. Habitualmente es muy interesante. En todo caso, hablaba, entre otros, Cristina Alberdi, una ex-socialista que tiene todas mis simpatías, aunque defendiera a Garzón a pesar de la insistencia de la Sala de la Audiencia, superior jerárquico de Garzón, de que no ve el más mínimo indicio de que este juez estrella sea competente para instruir el presunto delito de falsedad documental que imputa a varios peritos de la policía científica.


Pero lo que ahora importa es la discusión, habitualmente civilizada y respetando los turnos, entre varios contertulios y Alberdi. Estoy en desacuerdo con lo que defendía, la paridad hombre-mujer (tanto en el ámbito público como privado) porque 'la mujer' lleva siglos de discriminación.


El error básico, en mi opinión, es que Alberdi (y tantos otros) exigen la igualdad de resultados, lo que me parece no sólo un atropello sino, además, una estupidez. Esto se ha visto con la LOGSE y LOE que tratan de igualar (por abajo) en vez de reconocer los méritos que, obviamente, establecen diferencias. El estudiante que más estudia y sabe ha de tener mejoras notas que el que no. También sería absurdo prohibir que los chicos tuvieran mejores notas que las chicas o al revés.


Lo que falla es no reconocer la importancia de la igualdad de oportunidades sobre la igualdad de resultados. Una vez que las personas tengan una igualdad (aproximada, no se puede más) de oportunidades, el resto debe dejarse al esfuerzo, la voluntad, el mérito en definitiva, de las personas. Lo contrario supone la interferencia funcionarial de los políticos de turno que pretenden modelar a la sociedad a su gusto. Esta es una interferencia totalitaria que se debe combatir.


Por otra parte, si las mujeres han de tener una cuota porque han sido históricamente discriminadas, los negros tienen el mismo derecho a una cuota. Y lo mismo sucede con aquellas minorías o mayorías, de cualquier tipo, que han sufrido discriminación. ¿A dónde nos llevaría esto? A la ineficiencia y a la injusticia. Pero el sectarismo iguaitario es una peligrosa enfermedad que nos puede perjudicar a todos. No solamente a los iluminados que lo propugnan.



Y ahora comento 'lo de Imma'. Esta joven periodista muestra su talante 'feminazi'. También muestra la hipócrita estupidez de la gente políticamente correcta. ¿Por qué? ¿Se imaginan que un periodista hubiera dicho- en la línea de Imma- ¿Si una mujer no sirve para fregar ¿de qué narices sirve?


No solamente las feministas- feminazis (por supuesto, no todas lo son: Gilligan, por ejemplo) hubiesen explotado de indignación ante tal muestra de machismo intolerable. También los progres de salón, tontos de libro, hubiesen gritado (aún más alto para que se note) la indignidad de este periodista macho.


Estamos ante una mezcla de estupidez y cobardía. La periodista Imma, no quiere un hombre sino un perro guardián con pene. Esto dice mucho de lo que se puede esperar de ella y de las que piensan así. Además, miente. Muchas mujeres critican al 'macho clásico' y se supone- así lo dicen- que prefieren al hombre sensible, de esos que lloran- mientras Imma se ríe con un vaso de cazalla en la mano- viendo Los puentes de Madison.


Tal vez el problema de Imma es que cuando encuentre a un hombre de verdad (¿un esclavo a sus órdenes e insensible?) este hombre de verdad pase de Imma. También él puede estar buscando a una mujer 'de verdad'. Pero si es tan machista como Imma, sólo podrá encontrar a mujeres-perro guardián.


Afortunadamente, creo que quedan muchas mujeres que no son como Imma, y muchos hombres que no buscan en la mujer lo que Imma dice que busca de los hombres.


Sebastián Urbina.