lunes, 24 de octubre de 2016

DEMOCRACIA REAL.








DEMOCRACIA REAL.

Leo en la prensa- mayo 2016- que, en más de setenta ciudades españolas, han salido ciudadanos a la calle para reclamar ‘democracia real’.

Para estos ciudadanos, ‘democracia real’ significa que sean ‘los ciudadanos los que decidan el destino del país’...  “y no los poderes financieros y las grandes corporaciones empresariales”.
Si esto es lo que proponen estos ciudadanos ‘indignados’, estamos con la vista puesta en la democracia directa. En la democracia indirecta, que es la vigente en los países democráticos realmente existentes, los ciudadanos eligen a sus representantes. Los representantes políticos deciden, en el Parlamento, las leyes que organizan la vida política, social y económica de una sociedad. Por tanto, los ciudadanos, indirectamente, deciden. Pero es cierto que los sistemas democráticos actuales no concentran el poder, exclusivamente, en el Parlamento.

Hay ‘poderes fácticos’, es decir, personas y grupos, organizados o no, que, por la importancia económica de sus empresas, y el elevado número de empleados, hacen sentir su influencia en la sociedad, económica y políticamente.  Por otra parte, el poder ejecutivo suele inmiscuirse- aunque sea relativamente- en los poderes legislativo y judicial. Es decir, la democracia no es perfecta. Y nosotros, los ciudadanos, tampoco.

En las sociedades con democracia directa, como en Atenas, los ciudadanos tenían que dedicar mucho tiempo a la política. Claro que entonces había esclavos y era más fácil para los que no lo eran. Pero hoy no es así. ¿Qué sucede si muchos ciudadanos prefieren no dedicar tanto tiempo a la política? ¿Qué pasa si prefieren ser representados por políticos? Es cierto que las riendas de la política se trasladan- en gran medida- de las manos de los ciudadanos a las manos de los políticos y sus partidos. A diferencia de lo que sucedía en la Grecia clásica. Otra diferencia importante es que las minorías no tenían derechos que pudiesen esgrimir frente a la mayoría. Estas diferencias son cruciales.

Las sociedades democráticas actuales son ‘poliárquicas’, si seguimos a Robert Dhal. Dicho con otras palabras, estas sociedades se caracterizan por tener una diversidad de grupos de poder que tratan de influir en los poderes públicos con el objeto de satisfacer sus propios intereses.

Un ejemplo está en los llamados ‘buscadores de rentas’. Estos grupos de presión tratan, por diversos medios, de obtener el favor de los poderes políticos en forma de subvenciones, modificaciones legislativas, administrativas, etcétera. Estas decisiones favorecerán, se supone, a estos grupos. Un ejemplo clásico era la concesión real de un monopolio. Por ejemplo, de harinas o de tabaco. Actualmente, los sindicatos, la patronal, empresarios importantes, y los más variados grupos con capacidad de presión, tratan de obtener el favor político y dinero público.

Y suelen conseguirlo porque los políticos, en general, no quieren enfrentarse con estos grupos de presión, capaces de manifestaciones callejeras y de influencia a través de los medios de difusión. O en la sombra.

A estos grupos se contraponen ‘los buscadores de beneficio’. Se trata, centralmente, de empresarios que aceptan las reglas de juego del mercado, sin hacer trampas. Es decir, tratan de ser competitivos para que los ciudadanos compren sus productos sin tratar de obtener ventajas, presionando o corrompiendo a los políticos.
Volvamos a los buscadores de ‘democracia real’, como los de Podemos y sus marcas. 

¿Pretenden eliminar a las grandes corporaciones y los poderes financieros, o solamente tratan de tenerlos controlados? Si se trata de lo primero, estamos ante experiencias de ‘socialismo realmente existente’, como la antigua Unión Soviética y similares. ¿Saben la gran violencia que tendrán que utilizar? ¿Es esto lo que quieren? ¿Se han enterado del rotundo y sangriento fracaso del socialismo real?

Si, por el contrario, los de Podemos, marcas y amigos de progreso, trata de tener controlados a estos poderes antes citados ¿cómo piensan hacerlo? ¿Aumentando las regulaciones? ¿Aumentando el número de inspectores de progreso para controlar la correcta aplicación de las regulaciones? ¿Muchos más impuestos?

A menos que impongan en todo el mundo este nuevo sistema antisistema, los capitales se marcharán a los países con mayor libertad de empresa. Y el país controlado por las fuerzas de progreso auténtico y verdadero, se arruinará. No se puede mantener una economía de mercado sin respetar mínimamente la ‘lógica’ de la economía de mercado. Y tratando de machacar a los empresarios, que serían tratados como ‘explotadores y enemigos del pueblo’.

Otro de los errores de los buscadores de ‘democracia real’ es el intento de conseguir ‘los derechos básicos de vivienda, trabajo, cultura, salud o educación para todos los ciudadanos, o a una “necesaria revolución ética” que no sitúe al dinero por encima del propio ser humano’.

Si todos tienen ‘derecho’- además del Estado de Bienestar actual-- a vivienda, trabajo y otras ventajas sociales, es que los demás tienen el deber de materializar este derecho. Pero este derecho no es gratuito. Cuesta dinero. ¿Cómo se materializa? Obligando a los ciudadanos a pagar, por medio de impuestos, los nuevos derechos de progreso que los buscadores de ‘democracia real’ han establecido. O sea, la ruina. Aparte de que, en esta sociedad de progreso, se incentiva ser un vago. Porque los demás me pagarán, además de educación y sanidad, vivienda, luz, gas, agua, comedores sociales y un largo etcétera de prestaciones. Es mi derecho. 

En lo que sí estoy de acuerdo es en su indignación por el panorama político, económico y social que vemos a nuestro alrededor. Por la corrupción de los políticos, empresarios, banqueros… Por la indefensión del ciudadano de a pie”.

La situación es preocupante y provoca indignación.  Pero vivir en la utopía, suele provocar melancolía y, a veces, violencia. ¿Por qué? Porque solamente deberíamos proponernos lo que podemos conseguir. Aunque sea con esfuerzo. O sea, utopías débiles, como mejorar la educación, disminuir la corrupción y un largo etcétera.  

Pero el demagogo populista engaña prometiendo sin mesura- con el dinero ajeno-, ofrece soluciones simples para problemas complejos y ocupa las calles con el amenazante y rencoroso puño en alto. Si está en minoría en el Congreso. Imaginen si tuviese mayoría…

Sebastián Urbina.

(Publicado en ElMundo/Baleares/21/Octubre/2016.)