martes, 11 de octubre de 2016

REPUGNANTE DESPILFARRO.

 (En este repugnante despilfarro público tienen una especial responsabilidad los partidos que han gobernado más tiempo. PP, PSOE, CIU, PNV.

Lo triste es que los salvapatrias de Podemos son peores. Mucho peores.

Mi esperanza era que el PP necesitase los diputados de Ciudadanos para gobernar, lo que obligaría al PP a aceptar una serie de reformas de regeneración democrática, que no ha hecho.
 
 Salvo milagro, no veo otra salida.)
 
 
 
 
 
ESPAÑA: PUESTO 106 EN LA EFICIENCIA DEL GASTO PÚBLICO
 
 
No se trata de elucubraciones periodísticas o de opiniones de columnistas o tertulianos. Una institución tan prestigiosa como el Foro Económico Mundial ha situado a España, entre las naciones del mundo, en el puesto 106 por ineficacia en el gasto público o, lo que es lo mismo, por el despilfarro como se administra en el Gobierno, Autonomías y Ayuntamientos el dinero de todos.

España es la cuarta, tal vez la tercera, potencia cultural del mundo. Nuestra economía se sitúa entre las 15 primeras. Militarmente ocupamos un lugar de relieve y no andaremos por detrás del puesto 20. En turismo, por ejemplo, somos la tercera nación del mundo y en turismo vacacional tal vez la primera.

Por eso produce consternación el despilfarro del dinero público al que se ha entregado la clase política española. Incluso en época de crisis se aprieta el cinturón en educación, cultura y sanidad pero se mantiene de hecho el gasto de los partidos políticos que se han convertido, igual que los sindicatos, en agencias de colocación para enchufar a parientes, amiguetes y paniaguados.
 
 Por poner dos botones de muestra, que podrían multiplicarse por mil, en la televisión valenciana estaban en plantilla más empleados que la suma de Telecinco, Antena 3, la Cuatro y la Sexta; en el Tribunal de Cuentas, que nos fiscaliza a todos, trabajan por encima de 700 personas cuando bastarían 200 y se da la circunstancia, como demostró el diario El País, que al menos un centenar son parientes de políticos y sindicalistas.

Inútil denunciar ante la opinión pública la sinvergonzonería que significa el despilfarro del dinero público, obtenido a través de unos impuestos casi confiscatorios con los que se sangra hasta la hemorragia a los contribuyentes. Los políticos permanecen impávidos y continúan aumentando el gasto público en las cuatro Administraciones y en las empresas públicas sin que nada ni nadie les contenga. De los 700.000 funcionarios que pagábamos en el año 1997, se ha llegado a sobrepasar la cifra de 3.200.000. Nuestra clase política, sin embargo, permanece impasible dispuesta a mantener, con el mayor cinismo, todas sus prebendas.
 
(Luis María Ansón/El Imparcial)