sábado, 27 de septiembre de 2008

¿QUIÉN LE VOTA?


Nº 24 - IDEAS EN LIBERTAD DIGITAL
El Plan Zapatero
El presidente de la sonrisa, entre boba y malvada, ya tiene su lugar en la historia de los grandes dislates. Ningún otro vencedor se rindió jamás en el último minuto de la batalla. Pero esa batalla y esa rendición nos están haciendo olvidar lo esencial: cuál es el proyecto de ese hombre para España. Suyo y de sus socios: lo comparten, por eso son socios.
Ya es hora de que los disciplinados columnistas paraoficiales dejen de disculpar al jefe del Gobierno atribuyendo sus actos a la presión de ERC, de Maragall o del PNV, porque él padece las mismas taras ideológicas. Hora de que dejen de hablar de paz, porque no es paz lo que se está buscando ni lo que se está construyendo. Lo esencial es aquello de lo que no se habla: el Plan Zapatero. Que se parece al Plan Ibarreche y al Plan Guevara y al Plan Carod. Como cuatro gotas de agua.
No hay un Plan ETA. Para los planes están los políticos. Ellos, los patriotas vascos, no son políticos: como Mussolini, como Lenin, como Castro, como Hitler, están más allá de la política: son revolucionarios. Y lo que se espera de un revolucionario es que haga la revolución, que cambie radicalmente la sociedad. No es necesario que tome el poder: basta con que presione lo suficiente para justificar que lo tome otro.
Carod ha sido claro en Israel. No ha dicho casi nada, pero es como si lo hubiese dicho todo. Reclamó su bandera –textual: "Mi bandera", eso sí lo enunció–. Frustró el homenaje a Rabin. Colaboró, en cambio, al éxito del homenaje a Arafat, voluntario y en el que "su bandera" orló un retrato del terrorista difunto. Imagino que las autoridades israelíes ignoraban la petición hecha al Congreso por ERC de que se congele la cooperación científica y técnica con Israel y se inste a la UE a hacer lo propio, como se lee en ideesxavui.tk.
Maragall le secundó en todo momento. Juntos jugaron a ponerse una corona de espinas y hacerse fotos. Estaban contentos, tal vez por el éxito de su texto oficial de historia, negacionista y propalestino. Los dos sentaron plaza de judeófobos. También de cristianófobos. El embajador de Zapatero, que no de España, se apresuró a retirar la bandera de todos, a garantizar que sólo estuviese la de Carod, quien consiguió así dos cosas: ofender a España y apropiarse de Cataluña. Antisemita, anticatólico al estilo FAI en días serenos, antiespañol. Algunos se preguntan en virtud de qué perverso mecanismo legal un señor cuya mayor ambición declarada es no ser español alcanza a gobernar en España: debieran saber que no es legal la cuestión, sino política. No gobierna porque pueda en términos electorales, sino porque le dejan.
El Plan Zapatero, el de ese señor que se pasó más de una década en silencio en el Congreso y en su partido, pertenece legítimamente a quien le dio los votos necesarios para que se convirtiera de la noche a la mañana en secretario general: Pasqual Maragall. Fue Maragall quien le hizo candidato para unas elecciones ganadas a costa de doscientas vidas y una sucesión de acciones de cariz golpista, mensajes a móviles, mentiras evidentes, ataques a locales del PP perpetrados por quién sabe quién, información privilegiada.
Es Maragall el que sostiene, en contra de la parte sana y decente del PSOE, a un Gobierno de vocación totalitaria, que prescinde de una oposición que representa a la mitad del país, que hace detener a militantes populares por agresiones a un ministro que nunca existieron, que se burla del problema de la vivienda, que condena a la sequía eterna a extensas zonas del país –España es un país, recordémoslo–, que pretende legitimar en solitario el terrorismo, que interfiere en la vida de los católicos y facilita la de los musulmanes, que deroga todo lo derogable del Gobierno anterior, es decir, deshace todo lo hecho, sin consideraciones previas, sólo por ser obra de otro.
El Plan Maragall es el Plan Ibarreche: irse de España. Sin irse. Sometiéndola. Colonizando políticamente lo que ellos llaman "el resto del Estado": cada uno de nosotros, los distintos, los manifiestamente inferiores. Los que Sabino Arana estimaba menos inteligentes, menos trabajadores y hasta menos viriles. En el fondo de su alma, lo tuerzan como lo tuerzan, Maragall, Carod, Ibarreche y los suyos son trágicamente etnicistas. Ibarreche a la manera tradicional, que Antonio Elorza ha destripado con solvencia en su último libro, Tras las huellas de Sabino Arana. Los orígenes totalitarios del nacionalismo vasco: los vascos somos todos nobles, laboriosos y sexualmente correctos porque tenemos la sangre limpia.
Por parecidos derroteros iban Valentí Almirall y otros padres del nacionalismo catalán. Como contrapartida, no menos etnicista, Blas Infante daba rienda suelta a una arabofilia que tenía más de la fantasía de Washington Irving que de conocimiento siquiera somero del Islam. Pero ya se sabe que el nacionalismo andaluz no entra en estas cuentas, porque Ben Laden se ha hecho cargo de las reivindicaciones pertinentes.
La tragedia, por el momento, no es el desmembramiento de España, sino su sumisión a los intereses de las castas dirigentes de los territorios en los que habita la quinta parte del pueblo español. El desmembramiento llegará, lo están buscando, tal vez por hacer más eficaz y rentable esa política con una fiscalidad separada, con capitales ya no españoles invertidos en España.
Por otra parte, hace siglos que Francia y Alemania desean una España desgarrada, débil y aislada. La única posibilidad de sobrevivir dignamente que hemos tenido en mucho tiempo, la consolidación de las alianzas transatlánticas, también ha sido despreciada y derogada por Zapatero, quien eligió "volver a Europa con humildad".
Maragall y Carod lo están disfrutando. El primero, porque es el adalid del nuevo régimen en nombre de su vieja casta. El segundo, con el entusiasmo del converso, tras abdicar de apellidos paternos en busca de una limpieza de sangre que no posee, feliz de ser aceptado en la corte. Quien no comprenda en Cataluña por qué este individuo quiere limitarle a una lengua y extirparle la otra, que mire su rostro bajo la corona de espinas que sostiene con cuidado de no pincharse y sin que le toque la frente: su ancha sonrisa de resentido satisfecho.
De todas las pasiones del ánimo, incluida la locura amorosa, el resentimiento es la que más desgracias ha generado en la historia. El siglo XX, antes que el de los fascismos y que el del comunismo, ha sido el siglo del resentimiento. Resentimiento sublimado en la Evita de la opereta o resentimiento desnudo en el violador nazi de jóvenes judías universitarias. Pero resentimiento al fin. Lo único que le queda a gran parte de las izquierdas.
El Plan Zapatero es el plan del resentimiento. Él no habla con señoritos: en su ignorancia, cree que el PP es un partido de señoritos, que España es cosa de señoritos y que los señoritos son fascistas por naturaleza. Él habla con gente sencilla como Otegui o como Maragall, como Carod o como Ibarreche, a los que tal vez imagine como muestras del español medio, el uomo qualunque de este país que aún es España. Y que, tal vez por un oscuro deseo de dejar de ser personas corrientes, comprobado como está que ya no pueden ser héroes ni santos ni genios, se conformen con dejar de ser españoles. Es el derecho colectivo que reclaman, en el supuesto de que existan derechos colectivos.
(28-V-05)

¿QUIÉN LE VOTA?
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Un amigo me envía este chiste, aunque sea para llorar.


Se encuentran José Luís Rodríguez Zapatero ZP, George Bush y la reina de Inglaterra en el infierno... Bush le contaba a la reina de Inglaterra que había un teléfono rojo en el infierno y que iba a hablar con el diablo para pedirle autorización para usarlo. Rápidamente, fue y le pidió al diablo permiso para hacer una llamada a los EEUU, para saber como quedaba el país después de su partida. El diablo le concedió la llamada y habló durante 2 minutos. Al colgar, el diablo le dijo que el costo de la llamada eran 3 millones de dólares, y Bush le pagó.

Al enterarse de esto, la reina de Inglaterra quiso hacer lo mismo y llamó a Inglaterra durante 5 minutos.

El diablo le pasó una cuenta de 10 millones de libras.

ZP también sintió ganas de llamar a España para ver como había dejado el país, y habló durante 3 horas. Cuando colgó, el diablo le dijo que eran 25 céntimos de Euro.

ZP se quedó atónito, pues había visto el costo de las llamadas de los demás, así que le preguntó por qué era tan barato llamar a España... Y el diablo le respondió:

- Mira, muchacho, con la cantidad de parados, las huelgas, los p rob lemas en los hospitales públicos, los p rob lemas educativos, la falta de agua, la kale borroka, los independentismos de aldea, la inmigración, la falta de justicia, la desmembración del Estado, la impunidad y corrupción política, la inseguridad ciudadana, el desgobierno, los incendios, los moros, los rumanos, los socios de ERC, ETA, Cristina Narbona, los p rob lemas de vivienda, la ministra Trujillo y el inefable Moratinos, España es un caos, un infierno... ¡Y de infierno a infierno la llamada es LOCAL!

PD: Tu obligación moral es difundir éste mensaje al menos a 10 personas, si no lo haces en los próximos 5 minutos, en algún momento del resto del día una cigüeña extremeña enviada por Rodríguez Ibarra te cagará en la cabeza.

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GEES.

Hay dos materias en las que Zapatero lo ignora todo y que muestran las carencias del presidente del Gobierno. En primer lugar la economía. En segundo lugar, la política exterior. Acostumbrado a los manejos domésticos, maestro en las maniobras para llegar a la secretaría general del PSOE primero y a la presidencia del Gobierno después, su habilidad se agota en la búsqueda del poder y la capacidad de mantenerlo, lo que no es poco. A lo largo de su carrera, Zapatero ha usado la política exterior únicamente como instrumento para afianzar su poder o acrecentarlo. Esto hace que tenga profundas dificultades para afrontar los retos propios de la diplomacia.

La política exterior es ardua, difícil, y ahí no funcionan fácilmente los comportamientos marrulleros, sucios y barriobajeros que presiden la política en España. Es relativamente fácil –con pocos escrúpulos y buena suerte–, pasar de León a La Moncloa. Pero es más difícil hacer un buen papel en Bruselas, Washington o Nueva York. Hace falta destreza, carácter, un buen equipo y unos objetivos ambiciosos. Zapatero carece de todo ello. Ha ascendido a las cumbres internacionales sin estar preparado, ni política ni personalmente, y está aquejado del mal de altura propio de quien asciende abruptamente sin estar preparado para ello y sin tener interés en hacerlo. Y luego pasa lo que pasa.

Desde el punto de vista de la realidad, el balance de la diplomacia de ZP es rotundo. En lo institucional, el retroceso de la diplomacia española bajo su presidencia será difícil de recuperar en el futuro: España es hoy un socio poco de fiar. En lo personal, su aislamiento es cruel y su soledad es tal que roza el patetismo y llama a la conmiseración. Las relaciones de los demás con él son las estrictamente necesarias, según el protocolo y la diplomacia. No está en condiciones de participar en las grandes decisiones en OTAN, ONU y UE y mucho menos de bromear, de ninguna de las maneras, con algún primer ministro.

Sin embargo, esta desértica realidad contrasta llamativamente con los arrebatos impulsivamente optimistas del presidente del gobierno. La realidad poco tiene que ver con lo que se dibuja en su mente. Muestra una enfermiza obsesión por repetir que su relación con el resto de primeros ministros es cordial, habitual y continua. Trata reiteradamente de mostrar a su alrededor un círculo de relaciones que sólo ve él. Es el presidente de la democracia más aislado en sus viajes al exterior, y sin embargo es el que más reiteradamente alude a su relación estrecha y amigable con otros presidentes.

Es lo que en psiquiatría se llama delirio sistematizado, que ocurre cuando el paciente redirige todo a su alrededor a un núcleo de creencias consistentes y con una lógica interna poderosa, pero con nula relación con la realidad. Probablemente, esta deformación de la realidad se debe a que sigue sin interiorizar correctamente su situación entre los grandes. Se muestra incapaz de hacerse cargo de la realidad y más bien la adecua a los intereses y las preferencias personales. Sus encuentros con Bush, Sarkozy, Merkel o Berlusconi pueden ser fugaces, pero en la mente de Zapatero se convierten en amistad y estrecha colaboración.

Con unos esquemas mentales anclados sólo en la política interior, Zapatero tiene dificultades para digerir correctamente esta situación. E incluso para terminar de desestabilizar una situación tan frágil, la figura de Aznar aún hace sombra sobre la personalidad de Zapatero. A diferencia de éste, aquél sí podía –y puede–, bromear con la mayoría de los primeros ministros mundiales. La obsesión con el expresidente vuelve la situación aún más desquiciante.

En cualquier caso, lo preocupante del asunto es que los desarreglos que muestra Zapatero cada vez que sale al exterior, la incapacidad para soportar la presión del momento, la acaba pagando España. Esta semana en la ONU, hemos asistido a nueva muestra de esta peligrosa disociación. Que provoque risa no es ya una respuesta suficiente. Hay que pensar en tipos de trastorno.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

¿QUIÉN LE VOTA?

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Sobre por qué la gente vota a Zapatero.

Gracias por sus comentarios, yo no soy sociólogo y evidentemente mi opinión es la de un profano, pero entiendo que básicamente hay cuatro razones, aunque soy incapaz de definir el peso o la importancia de cada una:

- Sectarismo infinito de la izquierda española, hasta las personas más aparentemente racionales, aplauden cualquier disparate del líder, por mas irracional o estúpido que sea.

- Un nivel cultural y de raciocinio por debajo de la media del mundo desarrollado.

- Control mediático casi absoluto, que refuerza los otros dos.

- Incompetencia y cobardía probadas del equipo de Rajoy, ¿ como es posible que el Sr Pizarro perdiera por KO ante un Solbes mentiroso, cuyas mentiras eran perfectamente previsibles, pues no se sacó ningún conejo de la manga, cuando le podía haber laminado?. ¿ Como es posible que habiendo desarrollado ZP la política económica mas antisocial en 70 años, estos mentecatos le dejen presumir de política social, y no le machaquen hasta hacerle papilla ante los electores?.

Miren Uds. La semana pasada el gobierno vetó dos proposiciones no de Ley del grupo popular impidiendo su debate en el pleno, una sobre obras hidráulicas en Aragón y otra de carácter marcadamente social, para reducir el IVA de las residencias de la tercera edad.

El partido socialistas se opuso, y éstos payasos se enfadaron mucho pero se la envainaron. En tiempo de Aznar en la oposición y estando Solbes de Ministro, ocurrió algo parecido, ¿ y saben que pasó?, que los diputados del PP abandonaron en bloque la ponencia, ¿ y entonces que ocurrió?, que ante el escándalo que ello suponía quienes se la envainaron fueron los socialistas, que fueron detrás corriendo pidiéndoles que volvieran.

Kike lo resume perfectamente con lo que ocurre en Cataluña, donde “ todos los medios de comunicación están en manos de las izquierda”, y de los separatistas, añado, y las consecuencias estan a la vista, u n PP tan acobardado que acepta hasta las banderas independentistas.(Blog de Roberto Centeno).




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