jueves, 17 de julio de 2008

TONTOS ÚTILES


17/7/2008.





TONTOS ÚTILES.




La izquierda española ha sido durante muchos años ingenua, transigente y complaciente con los nacionalismos. También buena parte de la derecha. Y hay algunas razones históricas y políticas para entenderlo. Pero a estas alturas ya no quedan excusas para que, además de ingenua, transigente y complaciente, una buena parte de la izquierda asuma también el papel de tonta útil de los nacionalismos en el debate sobre las lenguas. Sin necesidad.
A no ser que consideremos necesidad el chantaje impuesto en Cataluña por ERC a los socialistas. O contra el español o ruptura de gobierno. No creo, sin embargo, que sea ésa la explicación principal de que tantos representantes de la izquierda política e intelectual se hayan puesto a decir y escribir todo tipo de manipulaciones y sandeces sobre el Manifiesto por la lengua común. Prestando una inestimable ayuda al nacionalismo más radical y étnico.
Porque los sinsentidos lingüísticos de algunos lugares de España son inspiración y obra de los sectores más radicales, de los que creen en la singularidad racial y en la independencia. La lengua es su instrumento de enfrentamiento con España antes que cualquier otra cosa. Y han triunfado porque el nacionalismo moderado les ha dicho que sí a todo y la izquierda a casi todo.
Y ahora, hasta les da argumentos. Sobre lo bien que les va a los ciudadanos obligados a socializarse en una lengua que no es la suya. O sobre las poderosas razones que asisten al nacionalismo radical para construir nación a golpe aculturación forzosa. O sobre lo extremistas, reaccionarios y fachas que son los del Manifiesto, que esto último es lo que más le gusta al nacionalismo radical. Saber que la medida de los principios democráticos más exquisitos está de su parte, desde los tiempos de Sabino Arana a nuestros días, con los desvaríos étnicos al día, ahora en forma de lengua.
Cuesta entender qué es lo que se le ha perdido a la izquierda española en el proyecto étnico del nacionalismo radical. Incapacidad de evolucionar, probablemente. E incontrolable impulso a oponerse a todo aquello que sea apoyado por la derecha. Aunque tenga razón.




NO TAN TONTOS.

Yo creo que, de entrada, cuesta entenderlo porque casi nadie esperaba esta deriva ruinosa del socialismo español. Pero se entiende.



Por una parte, la izquierda española no es, realmente, española. A diferencia de las izquierdas de los demás países europeos que están orgullosas de su país, y lo manifiestan agitando sus banderas nacionales y cantando sus himnos, en España no. La izquierda española es la más estúpida y paleolítica de Europa. Este ya es un handicap y una anomalía. Seguimos con el 'Spain is different'.



El siguiente paso es esconder las banderas españolas y cantar el himno español (al que no se debe poner letra, no sea cosa ...) lo menos posible. Y permitir (es lo que ha sucedido de hecho) que, especialmente, en los 'territorios comanches' no se utilicen los símbolos españoles. Callar, o decir que no se pueden imponer los símbolos españoles. En España.



Otro paso, dado, especialmente, por el rojerío mediático, los progres, nazionalistas de toda clase y condición y fauna asimilada, es el de llamar 'facha' a toda persona que muestre símbolos españoles. Recordemos que el ex-Ministro Caldera, cuando en la Plaza Colón se izó una gran bandera española dijo que podía herir diferentes sensibilidades.



Otro paso es el de la crisis de la izquierda, en general. Repitamos, una vez más, lo dicho por Alain Finkielkraut: 'La izquierda ya no tiene ideas. Sólo enemigos'. De ahí la necesidad de utilizar el lenguaje de 'fachas', 'extrema derecha', 'derecha extrema' , 'franquistas' y otras profundas sutilezas de la mente progresista.



Instalados en este vacío ideológico, sólo queda el poder. El poder a cualquier precio. Y vender, las 'gracias' que nos permiten ser los líderes del mundo mundial en progresismo progresista. ¿Es que la gente es tonta? Para empezar no son todos. Pero, además, la ideología de izquierdas, ayudada por la mayoría de los medios de difusión vende bien el humo de la paz, el talante, la solidaridad y más derechos y más servicios sociales. Aunque no haya dinero para pagarlos. Aunque esté meridianamente claro que Zapatero y Solbes mintieron a los españoles por televisión, en sus debates con Rajoy y Pizarro. Y más claro aún si hubiesen tenido un debate con Rosa Díez.



Pero el autoengaño es una tentación muy fuerte. ¿Por qué? Porque es una tendencia humana creer lo que a uno le gusta creer. La burra que se vende (con la mencionada ayuda mediática y escolar) es que la izquierda es moralmente superior porque quiere la paz, quiere 'repartir', quiere muchos bosques y lagos, no quiere ladrillo, ni es corrupta. ¡Qué bonito ser moralmente superior! ¡Qué bonito querer la paz, la solidaridad y la Alianza de Civilizaciones!



Vivimos en un mundo en el que la 'niñez' ha aumentado en cantidad e intensidad. Y los 'niños perpetuos' quieren papilla y una mamá que les cuide. O sea, un Estado protector aunque nos dirija la vida, como ya vió el genial A. de Tocqueville. Resulta que la libertad y la responsabilidad exigen esfuerzo y sacrificio. ¡Qué coñazo! La única izquierda que no me produce esta mezcla de decepción, tristeza y repulsión, es UPD. Lo que no significa que esté de acuerdo en todo. No es necesario. No me voy a casar con este partido. Me basta con que los principios que configuran nuestra Constitución y convivencia democrática se vean claramente defendidos. Y de momento es así. Y las indignadas reacciones de los demás son una evidencia de que están, estamos, en el buen camino.

Un apunte final. Otro de los motivos por los que buena parte de la izquierda va de la mano de los nacionalistas (aparte de la moqueta y demás) es que ambas ideologías enfatizan lo comunitario por encima del individuo. De tal forma que, al menos en la práctica, el individuo se ve desdibujado y sometido a lo común, que está por encima. Es decir, 'el bien común', 'la nación' o similar. Ya saben, enfatizar la importancia y la autonomía del individuo es acercarse peligrosamente a las doctrinas (¡Oh Dios, aparta de mí ese cáliz!) liberales. O lo que es peor, neoliberales. Aunque no sepan lo que esto significa. O no les interese.


Sebastián Urbina.
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El 4 de Julio es una fiesta patriótica, pero desde hace tiempo el patriotismo viene siendo visto con recelo o incluso desprecio por parte de la élite intelectual de izquierdas. Ya en 1793, el destacado escritor británico William Godwin tachaba el patriotismo de "estupidez rimbombante". El internacionalismo es desde hace tiempo el sustituto del patriotismo, especialmente entre la élite intelectual. H.G. Wells defendió la sustitución de la idea de lealtad a la patria de uno por "la noción de la lealtad cosmopolita".

Quizá en ninguna parte haya sido el patriotismo tan ridiculizado y condenado como entre los intelectuales de las democracias occidentales durante las dos décadas posteriores a los horrores de la Primera Guerra Mundial, librada bajo los pendones del patriotismo de las diferentes naciones.

En Francia, los sindicatos de docentes iniciaron una purga sistemática de los libros de texto, dirigida a promover el internacionalismo y el pacifismo. Los textos que narraban el valor y la capacidad de sacrificio de los soldados que habían defendido a Francia frente a los invasores alemanes fueron proclamados libros "belicosos" que debían salir de las escuelas. Antes de perder un gran mercado para sus productos, los editores de libros de texto cedieron por completo al poder de los sindicatos de profesores. Los libros de historia fueron escrupulosamente revisados para que se ajustaran al internacionalismo y el pacifismo.

La que en tiempos fuera épica narrativa de la heroica defensa de los soldados franceses frente a los invasores alemanes en Verdún a pesar de las cantidades masivas de bajas sufridas por los franceses, se transformaba ahora en un relato de horrible sufrimiento por parte de todos los contendientes, franceses y alemanes por igual. Resumiendo, los soldados presentados una vez como héroes nacionales eran ahora presentados como víctimas, exactamente igual que las de los ejércitos de las demás naciones. Los alumnos eran bombardeados con relatos de los horrores de la guerra. En algunas escuelas, a los niños cuyos padres habían caído durante la guerra se les pedía que se dirigieran a la clase. Muchos de estos jóvenes, así como algunos de sus compañeros de clase y profesores, rompían a llorar.

En Gran Bretaña, Winston Churchill advirtió que un país "no puede evitar la guerra expiando sus horrores". En Francia, Marshal Philippe Petain, el vencedor en Verdún, advertía en 1934 que el profesorado intentaba "criar a nuestros hijos en la ignorancia o el desprecio a la patria". Sin embargo, sus voces fueron sofocadas por la soflama internacionalista y pacifista de los años 20 y 30. ¿Importó? ¿Importa el patriotismo?

Francia, donde el pacifismo y el internacionalismo fueron más fuertes, se convirtió en el ejemplo clásico de lo mucho que puede importar. Durante la Primera Guerra Mundial, Francia combatió vivamente a los invasores alemanes durante cuatro largos años, a pesar de haber visto caer a más soldados suyos que todos los americanos juntos caídos en todas las guerras de la historia de nuestro país. Pero durante la Segunda Guerra Mundial, Francia, hundida tras apenas seis semanas de lucha, se rinde a la Alemania Nazi. En el momento amargo de la derrota, al secretario del sindicato de profesores franceses se le dijo: "Es usted parcialmente responsable de la derrota."

Charles de Gaulle y Francois Mauriac, entre otros franceses, achacaron la súbita y humillante rendición de Francia en 1940 a la falta de voluntad nacional y al declive moral generalizado.

Al principio de la invasión, tanto los mandos alemanes como los franceses pensaron que el ejército francés sería el vencedor más probable. Prácticamente nadie esperaba que Francia se derrumbase como un castillo de naipes. Nadie excepto Adolfo Hitler, que había estudiado la sociedad francesa, y no a sus fuerzas armadas. ¿Importó el patriotismo? Importó más que la superioridad francesa en tanques y aviones.

La mayoría de los americanos desconoce hoy cuántas de nuestras escuelas han seguido los pasos de los colegios francesas de los años 20 y 30, o cuántos de nuestros intelectuales se han convertido en ciudadanos del mundo en lugar de patriotas americanos. Nuestros medios de comunicación están más ocupados transformando verbalmente a las tropas americanas de héroes a víctimas, igual que hizo la élite intelectual francesa. Con el añadido de que a eso le llaman "apoyar a las tropas". ¿Importará? El tiempo lo dirá.(Thomas Sowell).


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Este artículo pone los pelos de punta. Es exactamente lo que estamos haciendo en España.

ZP, te has propuesto pasar a la Historia y por supuesto que vas a pasar, como el mayor desastre de los últimos siglos.

Anónimo dijo...

Aunque Francia hubiese sido un pais muy patriota, con eso no se ganan batallas ni guerras. La superioridad táctica y logística de los nazis fue imparable.

Bueno, al menos las bajas del ejército francés hubieran sido mucho mayores por "aguerrido patriotismo", muriendo como moscas ante las metralletas y panzern alemanes.

Los polacos sí lucharon en inferioridad de condiciones, y su caballeria fue exterminada. ¿Quiere patriotas y heroes? ahí los tiene. Polonia cayó en dos semanas.