miércoles, 9 de noviembre de 2016

LA GRAN SUSTITUCIÓN








29 de mayo de 2015
 

SANTIAGO FONTELA

La Gran Sustitución en Europa.

Renaud Camus es un escritor y poeta francés. Autor prolífico y de gran cultura, fue una de las voces más escuchadas de la comunidad homosexual en los años 80/90. Políticamente situado en las cercanías del Frente Nacional, lleva desde años una lucha contra viento y marea contra la inmigración masiva, fenómeno calificado por él de invasión y colonización. Es el autor de la expresión ya consagrada de “la Gran Sustitución (“Le Grand Remplacement”, título de una de sus obras) para designar el proceso de sustitución del pueblo francés (y del conjunto de la población europea) por pueblos extranjeros y el cambio de civilización que se derivará de ello. Ha sido llevado en varias ocasiones antes los tribunales acusado de “incitación al odio racial” y a la “discriminación” contra distintos colectivos étnicos y raciales.

Renaud Camus sigue no obstante alertando a sus compatriotas sobre la continua inmigración masiva y los peligros que esta situación conlleva. El 11 de septiembre de 2013 lanzó un llamamiento con el nombre de “No al Cambio de Pueblo y de Civilización” (NCPC), definido como un frente de rechazo, el movimiento de todos los que dicen NO a la “Gran Sustitución”. Esa “Gran Sustitución” es presentada como “la más grave crisis de nuestra historia y el problema más severo que debemos enfrentar hoy”.
Entrevista a Renaud Camus
Pregunta: ¿Qué le motiva a dedicar tiempo y esfuerzo a la tarea que lleva a cabo?

Renaud Camus: Nos desespera constatar que el fenómeno que de lejos nos parece el más importante de nuestra época, el que perdurará en la Historia como el más decisivo, el cambio de pueblo y necesariamente de civilización, la transformación radical del paisaje demográfico, cultural, y físico de nuestro país y de todo el continente europeo, se lleva a cabo en el más completo silencio político sin que los pueblos autóctonos hayan sido nunca consultados, y sin que esta cuestión mayor, capital, al lado de la cual las demás, aun las más graves y más dolorosas, son secundarias, haya sido nunca planteada.

P: ¿Puede explicar a nuestros lectores qué es lo que usted llama la “Gran Sustitución”

R. C: Es muy sencillo. Había un país, había un pueblo, y en el espacio de una generación, en este mismo territorio ya había otros pueblos, con sus propias culturas, sus propias civilizaciones, sus propias religiones, sus propios idiomas y sus propios conceptos acerca del trabajo, la vida cívica, las leyes, la vida pública, la vida privada, las relaciones de vecindad, el territorio… Es un concepto muy bajo y muy humillante de lo que es el hombre, de lo que son los pueblos, el pensar que con otros hombres, con otras mujeres, con otros pueblos, con otras religiones, con otras culturas, se puede seguir teniendo la misma historia, la misma nación, la misma Europa. Luchamos contra ese concepto del “hombre intercambiable, el “hombre reemplazable”, atontado por la enseñanza del olvido y por la cretinización masiva, que se puede mover de un sitio a otro como un mueble, que promueven los intereses de la finanza internacional y las exigencias del poblado universal

P: ¿Cómo llevar a cabo una “reemigración” (inversión de los flujos migratorios) de manera humana?

R. C: Sin duda no imitando la brutalidad de Argelia cuando estimó (y el mundo entero no se opuso a ello) que con un 10% de población extranjera a sus tradiciones (los llamados Pieds-Noirs, los franceses de Argelia) no sería verdaderamente independiente. Y esas minorías europeas, francesas o españolas, cristianas o judías, las echó al mar, con la violencia que sabemos: “la maleta o el ataúd” (fórmula con que los independentistas argelinos aterrorizaban a los europeos). Y no hablemos de los harkis masacrados (los musulmanes que habían elegido el campo francés). No nada de eso, bien al contrario. Pero tenemos la intención de tomarle la palabra a los que reniegan continuamente de su nacionalidad francesa, proclamando bien alto que no significa nada para ellos, y que desfilan a la menor ocasión bajo las banderas argelinas o marroquíes, rompiendo todo a su paso, y devolverlos a su verdadera patria. También hay que proceder a la expulsión de todos los que cometan delitos en nuestro país. Por otra parte las incitaciones financieras al retorno hacia los países de origen son perfectamente concebibles: costarán siempre menos que la propia inmigración.

P: ¿En qué difiere su discurso del que tiene el Frente Nacional?
R. C: Europa se enfrenta a una verdadera conquista, una colonización que no quiere confesar su nombre. Europa no es nuestro adversario. Debemos defender una unión con los demás pueblos europeos que deben despertar de su letargo, debemos volver a la historia, a una idea de Europa como actor de su historia, basada en una de las más altas civilizaciones que la tierra ha conocido. Personalmente me siento tan europeo como francés.
El Frente Nacional está obligado a tomar acta del cambio de pueblo y resistir la tentación de considerar la Gran Sustitución como un hecho cerrado, irreversible. El tema de la invasión y colonización de Francia debe constituir el núcleo de su programa político. Mientras así sea, apoyaré al Frente Nacional en su lucha para el renacer de Francia.

Llamamiento a la resistencia frente a la invasión musulmana de Europa
«Mi amor para todos los que dicen NO, todos los que se levantan contra el cambio de pueblo y de civilización, todos los que rechazan la conquista y la colonización de Europa, así como la anunciaron, cada cual por su lado, Houari Boumédiène y Vladimir Putin, sin olvidar esos otros visionarios que fueron Enoch Powell y Jean Raspail.

Hoy una gran esperanza se levanta en el este, se llama Pegida, y tenemos con nosotros a una embajadora que saludamos como la mensajera de la primavera de los pueblos: Melanie Dittmer.

Siempre he pensado que el problema que se nos plantea, y que es el más grave que podamos tener (ya que se trata de la misma existencia y supervivencia de nuestra civilización) sólo puede tener una solución europea, dentro de la unión de todas las naciones y todas las culturas de tradición celta, greco-latina, cristiana por supuesto y también librepensadora.

Europa está colonizada, y lo está mucho más gravemente, mucho más irremediablemente, si no hacemos nada, que lo que ella misma colonizó en su día.

Pero vamos a combatir, lo estamos haciendo ya. La lucha anticolonialista ya ha comenzado, en el camino de Pegida. Un Frente de Liberación Nacional, sección francesa de la Internacional Pegidista, ha comenzado la resistencia. Si queréis ayudarla, ofrecedle vuestras competencias, eventualmente algo de vuestro dinero, pero sobre todo vuestra presencia, vuestra visibilidad, vuestros mensajes, todo aquello que puede conducir a la proliferación del frente del rechazo.

Nuestro modelo Pegida tiene a su vez un modelo, el que derribó el Muro de Berlín y abatió el Telón de Acero. Hoy al igual que hace 25 años el adversario parece todopoderoso, el régimen soviético entonces, hoy el poder remplacista, el que promueve la Gran Sustitución, la intercambiabilidad general del hombre y de todo, bajo la excusa de la multiculturalidad y la convivencia. Pero esos dos poderes, el que cayó hace un cuarto de siglo y el que enfrentamos hoy, tienen la misma debilidad que hace que puedan derrumbarse de un día para otro. Están hechos de mentiras, saturados de falsedad hasta lo más profundo de ellos mismos, llenos del vacío de la ilusión fabricada. La verdad puede reducirlos en cenizas al menor golpe, como los colosos de cartón-piedra que son.

La verdad es que no hay multiculturalismo sino una deculturación general que conduce al atontamiento masivo, a la subida de la violencia, al retorno al salvajismo de la especie.

La verdad es que no hay convivencia sino una conquista colonial en curso en la cual nosotros somos los indígenas colonizados y cuyo instrumento es la cantidad, por supuesto, la sustitución demográfica, pero también la permanente delincuencia, el vandalismo de todos los días, las molestias cotidianas que vuelven la vida imposible a la gente, o la espantosa barbarie de la que hemos sido testigos hace poco.

La verdad es que no hay pueblo. Un pueblo es todo lo contrario de lo que hay. Hay comunidades que se disputan cada día más abiertamente un territorio, un territorio sobre el cual esas comunidades tan distintas tienen derechos muy desiguales. Es por eso que hablo sin rodeos de guerra colonial, o para decirlo mejor desde nuestro punto de vista, de guerra anticolonial, de lucha anticolonialista.

La esperanza es que la verdad sea suficiente para derribar las murallas, como hace 25 años. Y en esa verdad incluyo la ley, las victoria electorales, los cambios políticos, la constatación de la incompatibilidad de caracteres, el gentlement agreement, el divorcio (tanto más fácil de obtener como que nunca hubo consentimiento en ese matrimonio…), la remigración, el control efectivo del Mediterráneo…

Si la verdad no fuera lo suficientemente fuerte como para alcanzar esos resultados, no habría más alternativa que la sumisión o la lucha armada. La primera ya ha comenzado. La segunda también, y no la hemos iniciado nosotros.»
Renaud Camus
 (ElManifiesto.)