(¡Fíjese con atención!
Los buenos hábitos, o sea, el socialismo científico, compañeros de viaje y allegados, viran a la izquierda. Como debe ser.
En cambio, los malos hábitos viran a la derecha. O sea, 'fachas' de diverso pelaje. Aunque traten de disimular con otros nombres.)
SOCIALISMO CIENTÍFICO.
Comenzamos en esta ocasión con ABC. Ignacio Ruiz-Quintano titula con el nombre de la feria de arte contemporáneo más conocida de Madrid: Arco '14. Pero se trata de una mera percha para tratar otras cuestiones.
El socialismo científico no discute el disparo de plomo contra quien pretende salir de un paraíso comunista (Cuba, Berlín Oriental), pero «peta» ante el disparo de goma contra quien pretende entrar a un infierno capitalista (Ceuta).
Sólo una cosa es siempre tan anacrónica como la izquierda: la realidad. Y vemos la muerte en Venezuela de Génesis, la miss, como si de una «performance» de Arco se tratara, tal que la monja de Neruda: «Sin embargo sería delicioso / asustar a un notario con un lirio cortado / o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.»
Prepárese Don Ignacio a aguantar los insultos de cierta zurda española, tan poco dada a aceptar las críticas, y menos cuando son tan acertadas. Todavía estamos esperando que denuncien la represión en Venezuela. Pero claro, si después de más de medio siglo siguen sin hacerlo respecto a Cuba, eso es mucho pedir. La denuncia llegará cuando caigan esos regímenes tiránicos, y entonces negaran que fueran de izquierdas. Es lo que hicieron con los dictadores caídos árabes, que durante años fueron aplaudidos como líderes de 'regímenes progresistas' de Oriente Medio, o con el comunismo de Europa central y oriental.
(Periodista Digital)
SENTIDO DE LA MEDIDA.
Ayer fue el día en el que se cumplía el ultimátum
dado por el Partido Socialista al Gobierno: si en el plazo de horas veinticuatro no disponían de la grabación
completa de los sucesos en la frontera hispano-marroquí en los que fallecieron
quince inmigrantes ilegales que pretendían asaltar la valla de Ceuta, se
convocaría una comisión de investigación y tal y tal que procurará esto y lo
otro y en la que se reclamará aquello y lo de más allá.
Tal vez sea demasiado pedir sentido de la medida,
pero no estará de más recordarles a los indignados miembros de la oposición que
las teatralidades plañideras tienen, por fuerza, opciones de contraste: será bueno comparar el desgarro con el que
lamentan la muerte de unos pobres hombres y el que exhibieron en el trágico
precedente que se produjo cuando ellos gobernaban y se utilizaban los mismo
medios disuasorios que se han utilizado esta vez. Entonces –mismos
inmigrantes, misma Guardia Civil, mismas pelotas de goma, misma muerte en suma–
todo quedó en una loa a los servicios que velaban por la integridad de nuestras
fronteras.
Hoy, la contemplación de las cuchillas que instaló el
Gobierno socialista provoca cínicos lloros a la sombra de un ciruelo. Entonces
no.
Está de más recordar
que la autoridad fronteriza y las fuerzas que custodian la frontera tienen el
deber de velar por la inviolabilidad de la misma. Nadie tiene que poner en duda las mejores
intenciones humanas de quienes aspiran a un mundo mejor y de quienes luchan por
su supervivencia. Nadie, en suma, tiene que considerar a los asaltantes como
fuerzas hostiles que pretendan una invasión por la fuerza de nuestro
territorio. Ahora bien, todas las fronteras del mundo contemplan protocolos
de entrada. Ningún país en el mundo consentiría que una avalancha de individuos
se dispusiera a violentar sus límites por la fuerza. Ninguno. Si cien,
quinientas, mil o tres mil personas se precipitan a la vez con la idea de
sobrepasar límites fronterizos, las fuerzas del orden a quienes está
encomendada la vigilancia deben actuar con arreglo a las circunstancias.
Las
imágenes grabadas en vídeo de los sucesos de El Tarajal podrán recoger alguna
incorrección puntual, pero difícilmente algún hecho grave. Es decir: no
se observa lanzamiento de pelotas de goma hacia ninguna persona y todo lo que
se ve en la parte española es aceptable, a decir de la propia Guardia Civil. Lo
acaecido en Ceuta, no nos engañemos, es una situación repetida cientos de veces,
que ocurre de amanecida, entre dos luces, y de forma muy rápida: llegada,
avalancha, valla, agua…
La reacción de los guardias también es rápida, sin
tiempo para establecerse ordenadamente o impartir consignas serenas. No estaría
de más que los irritados diputados y todos los que juzgan y opinan sin saber lo
vivieran alguna vez. A lo que se ve,
el ahogamiento desgraciado de estos hombres se produce cuando se agolpan y
apelotonan en la pared del espigón del lado marroquí y se internan en el mar
para bordearlo y pasar a España. Son hombres que no saben nadar: el agua les
da pavor y se hunden como piedras. Si a ello se añade el efecto de confusión
que causan las sirenas, las luces, el helicóptero y demás, el desenlace es
trágico.
Cualquiera que luzca un
mínimo de humanidad habrá de lamentar la pérdida de vidas de hombres jóvenes
que avanzaban obcecados en su deseo de cruzar a Europa, pero ello no debe
servir para excitar pasiones demagógicas y acusaciones irresponsables sobre
aquellos que tienen la misión de garantizar la integridad de las fronteras y
los protocolos. Si hubo exceso, procédase acorde a reglamento, pero no se
aproveche la muerte de quince pobres hombres para verter la peor baba de la
demagogia.
(Carlos Herrera/ABC)
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