miércoles, 28 de septiembre de 2016

EL GUERRACIVILISMO DE PODEMOS.


 EL GUERRACIVILISMO DE PODEMOS.



 EL GUERRACIVILISMO DESMEMORIADO, INDIGNO E INJUSTO DE PABLO IGLESIAS.

El primer pleno de la legislatura, celebrado este martes, estaba convocado para que Luis de Guindos diera explicaciones de la designación de José Manuel Soria para cubrir un puesto directivo del Banco Mundial. Sin embargo, ante la incomparecencia del ministro de Economía en funciones –criticable, por otra parte–, al cabecilla de Podemos no se le ha ocurrido nada mejor que iniciar su intervención con una arenga en defensa de la "memoria, dignidad y justicia" de los "fusilados de la dictadura franquista".

El desmemoriado, indigno e injusto guerracivilismo que ha secretado nuevamente Pablo Iglesias es nauseabundo por varios motivos. Para empezar, utiliza un lema "memoria, dignidad y justicia" que, como todo el mundo sabe, han popularizado las víctimas del terrorismo de ETA, con las que el alabardero del condenado Otegi nunca se ha solidarizado. Por el contrario, Iglesias no ha hecho otra cosa que pedir impunidad para los asesinos etarras, con cuyos voceros ha pactado en numerosos lugares del País Vasco y Navarra. Además, el neocomunista evoca a los fusilados por el franquismo sin hacer mención alguna de los fusilados por aquel Frente Popular pavorosamente liberticida que pugnó por instaurar en España una dictadura del proletariadocomo las que impuso su llorada URSS en media Europa.

Puestos a honrar a fusilados, ya podría Iglesias –el amigo de los fanáticos sanguinarios que detentan el poder en Irán y Venezuela– honrar a los fusilados de todas las dictaduras, empezando por las comunistas, que son las que, de lejos, más gente han asesinado en los tiempos modernos. Pero su sectarismo le ha llevado a hacer un alegato que puede resultar desmemoriado, indigno e injusto incluso para con muchos de los "fusilados del franquismo", pues Iglesias mete en el mismo saco tanto a personas absolutamente inocentes como a un número nada desdeñable de chequistas, criminales de guerra y terroristas.

Quizá lo más repulsivo del alegato de Iglesias haya sido su utilización de los fusilados por uno de los dos bandos que se enfrentaron en la última guerra civil para generar nuevos odios, una nueva división fratricida para sacar provecho político. El cabecilla necomunista, nacido dos años después de la muerte de Franco, abomina del espíritu de concordia que hizo posible la Transición y la instauración de la democracia y se afana en el cuanto peor, mejor. Sus cainitas y maniqueas palabras son una afrenta, una más, para ese pueblo al que pretende subyugar, en la peor tradición de la izquierda más siniestra.

(Edit. ld.)