domingo, 11 de septiembre de 2016

LA DIADA NACIONALISTA.









LA DIADA NACIONALISTA.

En mitad del revuelo por la Diada que se produce año tras año, el dramaturgo Albert Boadella empaca, ajeno a esa rutinaria polémica, para viajar a París, inmerso en la dirección de la obra «El sermón del bufón». Conociendo su sarcasmo, una se atreve a preguntarle si el presidente catalán, Carles Puigdemont, podría ser el protagonista.
–En absoluto. Mis personajes deben tener cierta potencia tanto en lo santo como en lo diabólico... No me provoca ni siquiera una maldad. Los aprovechados no tienen carácter, son personas insípidas. Al menos Pujol, listillo y embaucador, tenía carácter y un punto cómico. Incluso en eso hemos ido a menos.


–¿Qué le parece que Puigdemont vaya hoy a la manifestación de la Diada?
 –Pues me parece coherente con la política secesionista de Cataluña y de la Generalitat. Ellos la han institucionalizado como un acto secesionista, cuando en principio debería ser la fiesta de una comunidad, con un cariz festivo, una cosa simpática y alegre, no este mal rollo. Es la fiesta del rencor y la paranoia.






–¿Cree que el auge del nacionalismo ha contribuido a deteriorar el sentido de la fiesta?

–Bueno, en sí ya significaba la fiesta de la división, puesto que su razón de ser radica en que no toda Cataluña estaba con el archiduque Carlos, sino que una parte prefería a Felipe V, pero los secesionistas lo han disfrazado como si fuera una fiesta que conmemora una derrota contra España, y es falso porque fue una guerra dinástica, nada que ver con lo que ahora tratan de decorar.

–Ahora resulta que Artur Mas también asistirá, pese a que antes no iba... ¿Vamos a más?

Entre los dos hay pocas diferencias: en relación al encefalograma están en igualdad de condiciones, es un encefalograma formado por pequeñas colinas.

–Pero es que ya no son sólo los nacionalistas. Ada Colau también tiene pensado ir...

Ada Colau es una aprovechada que pertenece a un conjunto de ciudadanos y generaciones jóvenes que parecen alienígenas. Es que ya ni pertenecen a un bando político concreto, sino que están a lo que salga para ganar votos. Es un tipo de gente que el nacionalismo ha ido creando y parecen llegados de otro planeta, de una cierta amoralidad. Ahora se da mucho tener desprecio al pasado, todo el pasado es algo nefasto y pueden reivindicar un pasado inexistente.

–Si la Diada fuera un vodevil, ¿cómo lo llamaría?

Yo creo que «La historia de una decadencia», pero no haría un vodevil, no me atrevo ni a hacer bromas, porque es la tierra en la que nací, y me afecta personalmente, la tierra que yo conocí con una dosis de sensatez y conciencia de limitaciones. Ver este alejamiento de la realidad impresiona.

–A usted se le dio la espalda por querer tener voz propia con sus obras.

–Bueno, también gracias a eso he tenido la fortuna de trabajar en Madrid y en algunas de las ciudades más formidables, y he podido viajar muchísimo, así que les estoy muy agradecido porque no saben el favor que me han hecho.

–¿Por qué cada vez van menos catalanes a la Diada y más políticos?

Porque la gente se cansa rápidamente de las cosas, y el problema de los nacionalistas es que están haciendo durar tanto este delirio y esta farsa que las personas quieren cambiar de onda.

–¿Los nacionalistas tuvieron su momento?

–Sí, y lo desaprovecharon. El mejor momento que tenían fue el zapaterismo, sin duda. Pero ahora es difícil llegar a un consenso porque son dos generaciones educadas en el odio a lo español.

–Y más cuando el Parlament ha desobedecido al TC aprobando la vía unilateral para la desconexión.

Dentro de unos días veremos la sentencia del TC, y llegará un momento en que habrá una clara desobediencia y veremos cuáles son las consecuencias y la fuerza moral del Gobierno.

–Una fuerza moral que ya viene debilitada por estar en funciones y en un momento político inédito en su inestabilidad.

–Eso es así. Y mientras los nacionalistas alimentan el odio, la responsabilidad es de los distintos gobernantes que han conducido a esta paranoia, pero se lo han permitido los gobiernos centrales. Si los catalanes hubieran notado que pertenecen a un Estado no se hubieran metido en un berenjenal.

–¿Ha ido alguna vez a una Diada?

Jamás he ido a ninguna Diada, incluso en la época de Franco. Siempre me pareció un despropósito con un aspecto engañoso. Conmemorar una batalla perdida tratando de poner sobre la mesa que fue Cataluña quien perdió y España el enemigo... Todo ese conjunto de falsedades circula alrededor de la historia de Felipe V, como que lo que hizo fue liquidar los privilegios autonómicos. Se podría encontrar ahora un paralelismo, cuando intentan que sus impuestos sean distintos para diferenciarse del resto de España.

–¿Cree que Felipe VI está muy limitado constitucionalmente aunque la propia Carta Magna lo sitúe como garante de la unidad del país?

Felipe VI no puede hacer grandes cosas, eso es cierto, pero siempre me ha faltado un apoyo a los catalanes que no estamos de acuerdo con el régimen nacionalista. Estamos marginados por la primera institución del Estado.



 KAMEN Y LA FALSIFICACIÓN HISTÓRICA.

 Hoy, 11 de septiembre, es el día nacional de Cataluña. Usted ha escrito en numerosas ocasiones que este día se celebra una falsa Historia.

Sí. De hecho, ni yo ni los catalanes que conozco aquí en Cataluña celebramos la Diada, porque la Diada es un invento del movimiento nacionalista. No es un invento de los catalanes. Se originó más o menos en 1975, a la muerte de Franco, y ahora hay una confusión total sobre quién celebra la Diada y con qué intención. Entonces la Diada no es un día nacional, no celebra nada porque nadie puede decidir exactamente qué están celebrando.

 Se basa en una mitología, en una invención de lo que pasó en 1714. Han falsificado toda la base histórica. Yo sólo me meto en cuestiones nacionalistas si veo que están torciendo, o falsificando, el pasado del país. Entonces como historiador me siento un poco obligado a inmiscuirme en la cuestión. Pero aparte de eso, no tengo interés en opinar sobre la Diada.

 (El Español/Henry Kamen, historiador.)