viernes, 2 de septiembre de 2016

MERKEL Y LOS ILEGALES

 (Era un 'buenismo' insostenible.)

 MERKEL Y LOS ILEGALES.

TRAS DEFENDER LA ACOGIDA MASIVA

El cambio de Merkel: ‘Los ilegales deben ser expulsados’

Arturo García (La Gaceta)

Hace sólo un año la canciller alemana censuraba las medidas propuestas por Viktor Orbán para frenar la crisis migratoria. Meses después Bruselas asumía sus políticas y, ahora, Merkel las utiliza como arma electoral.



 UNA FECHA QUE CAMBIÓ EUROPA.


El domingo se cumple un año de una fecha, el 4 de septiembre del 2015, que muchos consideran ya fatídica para la suerte de Europa, que en todo caso ha cambiado decisivamente el orden político en el continente y cuyas consecuencias son ya dramáticas, serán muy profundas y muchas permanentes. 

En estos 365 días han cambiado mucho muchas cosas en Europa. Desde la generalización del miedo en muchas comunidades hasta la irrupción del antisemitismo y misoginia de importación musulmana, desde la política terrorista hasta el número de países miembros de la Unión Europea. El 4 de septiembre del pasado año una decisión personal tomada por un líder político europeo en solitario produjo un estallido incontrolado de buenas intenciones y como siempre sucede con estos fenómenos afectivos colectivos, desató unas consecuencias imprevistas, muchas de ellas graves de inmensa gravedad y trascendencia. 

Hace un año, Angela Merkel consideró que la situación dramática en que se hallaban miles de refugiados en Hungría era una emergencia humanitaria tan extraordinaria y extrema que merecía y justificaba que ella, el gobernante más poderoso del continente, declarara unilateralmente y sin consulta previa alguna, suspendidas las leyes comunitarias que regían para 28 países. Aquel día la canciller alemana actuó sola y se situó por decisión propia por encima de la ley, de las leyes comunitarias, nadie duda de que movida por las buenas intenciones. 

De la generosidad de ofrecer asilo a todos los que lo necesitaran y de la compasión y misericordia de evitar los dramas que las televisiones de todo el mundo difundían. Pero incuestionable es que Merkel violó aquel día el principio de legalidad en Europa. Y desencadenó una lógica perversa que ha transformado demográficamente pueblos, barrios y ciudades en Alemania y ha cambiado la vida a millones de alemanes. Y ahora amenaza con extender el efecto con las cuotas obligatorias.

Decenas de miles de refugiados procedentes de las costas griegas avanzaban aquellos días por los Balcanes hacia el norte en un flujo interminable que arrollaba las fronteras. 

Grecia era incapaz de controlar la llegada de auténticas flotillas de traficantes desde las costas turcas. Abrió su frontera hacia Macedonia contraviniendo las leyes de la UE que exigían el registro de los refugiados allí. Las paupérrimas Macedonia y Serbia, no miembros de la Unión, facilitaban el paso hacia el norte. Hungría, sin embargo, quiso defender sus fronteras y aplicar la ley nacional y europea, también la que obliga a registrar a los inmigrantes ilegales y solicitantes de asilo. Todos los esfuerzos por mantener orden y leyes eran en vano por la actitud de los recién llegados de no respetar a nada ni nadie que pusiera obstáculos a su objetivo de llegar a Alemania cuanto antes. 

Arropados en esta revuelta contra la autoridad y legalidad por unos medios internacionales volcados en aras de un supuesto humanitarismo en sabotear cualquier intento del gobierno húngaro de imponer la ley. La construcción de una valla por parte de Hungría para impedir la llegada descontrolada fue condenada como una terrible violación «fascista» de derechos. Un año después todos los países salvo Alemania han imitado a Hungría y construido vallas parecidas. La decisión de Merkel ha sacudido los cimientos y las paredes maestras de Europa. Ha quebrado las certezas de la seguridad, la identidad y la autoridad. La plena reacción europea al 4 de septiembre aun está en gestación. 

Pero muchos efectos están claros ya, desde el Brexit de junio a las elecciones en el Estado de Mecklenburgo-Antepomerania, hogar electoral de Merkel. Allí el derechista AdD puede vencer por primera vez a la CDU en un Land. Esa bomba política puede estallar este domingo, aniversario del 4 de septiembre del 2015, cuando en nombre del sentimiento, Alemania volvió a actuar contra la razón. 


(Hermann Tertsch/ABC)